martes, 21 de octubre de 2008

La Galera y El Castillo

En un mundo muy lejano no muy lejos de aquí donde los sueños toman forma y las formas dejan de tener sentido se encontraron en un pequeño gran bar una galera y un castillo.

El reloj del local marcaba las 7:23 aunque en verdad eran las 17:41 en ese mundo y las 20:15 en el mundo real. Un líquido amarillo con espuma blanca que no era cerveza se servía a diestro y siniestro repartiéndose en todas las mesas. Mesas formadas por la más variopinta gente del montón que gritaban en silencio, bebían con alborozo y bailaban al son de un viejo piano con sonido contemporáneo al que daba vida un apuesto anciano de 18 años cuyos temblorosos dedos volaban sobre las teclas de aquel horrible instrumento precioso produciendo la más melodiosa y estridente cantinela nunca oída hasta entonces y siempre escuchada en cualquier lugar.

La galera miraba con asco a todos aquellos atractivos botarates que no paraban de saltar en una misteriosa quietud, los músculos de sus caras dibujaban sonrisas de rasgos tristes, se apreciaba en todos ellos una deprimente pena mal disimulada con esporádicos pero continuos signos de alegría. Dios que asco que le daban. No podía aguantarlos. Para lo único que los quería era para que remaran y remaran sin parar hasta llegar algún absurdo destino para sin dejarlos respirar apenas unos minutos y sin que vieran donde les había llevado su esfuerzo, volvieran al trabajo. Si alguno se quejaba se le fustigaba y si finalmente moría se le sustituía por otro, total, eran todos iguales, igual de insignificantes, igual de inútiles que se creen con el derecho a esperar algo más de sus despreciables vidas. ¿Pretendían dar a entender que les molestaba no saber porqué, ni hacia donde remaban? ¿Pretendían hacer creer que sabían lo que significaban las palabras desmoralización y desmotivación? Puag, asquerosos perros, para ese nivel de conocimiento había que saber qué era el éxito y era imposible que seres tan despreciables lo supieran.

El castillo por su parte analizaba cada individuo como si fuera único, y en efecto lo eran. Estaba acostumbrado a seleccionar de entre grupos de personas a los que más se ajustaban a sus necesidades. Necesitaba canteros que obtuvieran la piedra, precisaba de carpinteros que construyeran una estructura sólida, albañiles que con su destreza levantaran muros nivelados y firmes, inversores que proporcionaran liquidez al proyecto, arquitectos que diseñaran donde tenía que ir cada columna o muro de contención, aguadores que mantuvieran fresca a toda la plantilla y todo contingente que considerara oportuno. Todos trabajarían duro para ajustarse a los plazos de construcción pero día tras día su esfuerzo se vería recompensado por la satisfacción de sentirse útil, los más acomodados, y valorados, los más ambiciosos. Y así en los momentos difíciles, cuando lloviera o nevara, la moral de unos y la motivación de otros provocarían una implicación que finalizaría con la inauguración de una nueva fortaleza.

RING
!!!!RING!!!!!!

¿Sí?

¿Otra vez?

Que es para ayer.

Vale.

Colgó el teléfono y todo se difuminó lentamente. La Galera y el castillo desaparecieron para dejar paso a una pantalla de ordenador partida en dos indicando los plazos y asignaciones de dos proyectos de consultoría. Un Mantenimiento Correctivo y un proyecto evolutivo para crear un nuevo producto. Poco a poco la neblina fue perdiendo terreno a los bordes de la pantalla y todo se fue haciendo más claro, primero el ordenador, luego el teclado, el teléfono, el ratón, etc. El tiempo parecía pasar muy despacio pero la neblina continuaba su lento pero firme caminar hacia la desaparición. Miró a su alrededor enfocando las pupilas, excesivamente grandes debido a su mirada perdida en el infinito de hacía unos segundos.

Todo se aclaró finalmente y vio la sala al completo. Se trataba de un espacio enorme con unas 100 personas, la mayoría trajeadas con distintos estilos y gustos, embutidas en pequeñas crucetas que a algún diseñador de interiores de oficina le debieron parecer suficientemente amplias tras la rebaja de presupuesto que le propondrían. La mayoría estaba seria, se podría decir que triste, hasta sus siluetas parecían más grises de lo que debieran ser, como si estuviera viendo todo a través de una cámara de vídeo antigua. Uno de ellos repartía el café amarillento de la apestosa máquina del pasillo mientras se oía el ruidoso teclear de un hombre sentado al final de la sala, que parecía descargar toda su ira acumulada a lo largo de los años cada vez que pulsaba la tecla Intro o Espacio.

Estaba cansado de todo aquello. Cansado de, al más puro estilo Schindler, salvar a unos pocos que trabajarían en el Castillo y condenar al resto a otra larga temporada en el infierno de la Galera.

Ahora comprendía aquella frase acompañada al final por una amplia sonrisa de su primer jefe en su primera entrevista que, como en un programa de televisión donde tienes que sacar la palabra que no encaja del conjunto, al él le pareció totalmente fuera de lugar. La típica frase de la voz de la experiencia. La del anciano que se sabe cobarde y se ha hecho valiente que aconseja al joven que se cree valiente y no ha descubierto aun que es un cobarde. Una frase dirigida a un neófito, a sabiendas que ninguna de sus palabras va a ser comprendida en ese momento pero con la seguridad de que en el futuro cobrarán un valioso significado.

"Bienvenido al mundo de la consultoría. Un mundo de Galeras y Castillos. Lástima que el mundo sea 80% agua. ¿Verdad?"

Un beso para todos.

sábado, 18 de octubre de 2008

Porque Todo Empieza Cerca del Final

Aquel día le ocurrieron dos de las cosas que más le gustaban en la vida, esas cosas que pasan porque sí, parece que la naturaleza y el destino se unieran dejando a un lado a los engreídos y egocéntricos humanos tomando estos titanes vitales las decisiones y haciendo que las cosas ocurran en su orden y en su momento justo, de forma imposible para la imperfección humana dando sensación divina, sensación que por otro lado casi nunca tenía.

La primera de ellas fue que después de darse una carambola de acontecimientos aparentemente fortuitos que le dejaron en una situación de total indefensión y pena con el teléfono recién colgado en una mano y el volante en la otra, se puso a llover con gotitas que repiqueteaban en el parabrisas primero y numerosos goterones sonoros y poderosos poco después, con el único propósito de aislar el coche de cualquier ruido exterior para que sólo se centrase en sus pensamientos y en la música que invadía el habitáculo en ese preciso instante. El cantante en cuestión no era otro que el mismísimo Yrub Nub al que había perdido la pista desde sus adorados Villanos del ruido y que retomaba 8 días antes del concierto para aprenderse unas letras que hasta entonces no le habían dicho nada ni habían tocado ninguna fibra de su sensibilidad, aunque bien es cierto que desde hace algún tiempo, no hay nada que le quite el polvo a esas fibras hasta el punto que había llegado a pensar que un buen día algún extraño ser de fuera de este mundo, en el que alguien como él estaba convencido que estaba por error, entró en su cuerpo mientras dormía y se las robó todas sin dejar ni una sola ni para darle un respiro a su propia inhumanidad. La razón de aprenderse unas canciones que no significaban nada para él era sencilla, ayudar a hacer realidad el deseo de una amiga y llenar así un poquito más aquel cubo infinito de necesidad de agradar a los demás.

La segunda, la cura de humildad que hace tiempo presentía necesitaba y no llegaba. Era dado a traspasar la línea de la autoestima y la seguridad en uno mismo para convertir estas dos maravillosas virtudes en defectos tan deleznables como la soberbia y la pomposidad. La experiencia le había enseñado como detectar cuando estaba sobrepasando la línea y siempre recibía una cura de humildad que le había permitido volver a ser virtuoso y dejar de ser un gañán. Una vez más la percepción no había fallado pero el momento había vuelto a pillarle por sorpresa.

Y es que si vas al casino y cuando miras el reloj te das cuenta de que llevas casi dos años arriesgando mucho apostando a la ruleta y ganando pasta y aún así no ves el momento de dejarlo, ten por seguro que tu caída está próxima.

El casino eran sus corazones rotos y la ruleta tratar de ser amigos después de apasionados y confidentes amantes encerrando en una jaula cualquier sentimiento peligroso de reblandecer sus acorazados corazones. Ahora podía ver la jaula llena de pequeños demonios locos moviéndose frenéticamente y tirando de los barrotes y el candado como posesos y a ellos dos delante con cara de tontos pensando que ese candado aguantaría el paso incuestionable del tiempo.

Y ahora se encontraba abriendo en su habitación un sobre que él mismo cerró unas horas antes y que no llevaba su nombre. Un sobre que debería haber sido una sorpresa de amigo a amigo y debería también estar ahora en el buzón de su casa y que contenía una entrada para el concierto de Yrub Nub y un mensaje anónimo y misterioso que se tragaba ahora como si por su garganta pasaran cientos de alfileres que decía así: "Pelea cada batalla por conseguir tus sueños y sueña que vences cada una de ellas. " un consejo de sobraó, un consejo de quien ve menos demonios suyos dentro de esa jaula y se siente seguro en su iceberg de sensatez, un consejo que le había servido al menos como cura de humildad porque ella ya había luchado su batalla y más importante aún ya la había ganado.

Puede parecer que la batalla de la que hablo sea el insignificante pero deprimentemente oportuno detalle de ir a un concierto al que ya no puedes ir, pero no. Su batalla era sacar los alterados demonios de aquella jaula y dejarlos volar a algún lugar donde pudieran ser útiles, que no es otro que una tierra en barbecho llena de la emoción de conocer a alguien nuevo que sea en potencia algo que él fue en hecho y dejó de ser hace tiempo por propia voluntad, alguien por el que merezca la pena ilusionarse y que ahora mismo tiene en su poder otra entrada que se empareja con la que ella posee y que no casa con ninguna de las dos del sobre que ahora él tenía en sus manos.

La gente no se cansaba de repetirle que se dejara llevar que planificaba demasiado las cosas y que así la vida no se disfruta, pero más sabe el tonto en su casa que el listo en la ajena y al igual que hay gente que se le da bien las matemáticas o la poesía, también hay gente que le salen bien las cosas sin planificar y gente, como él, a los que irremediablemente les salen mal. Aquel día se dejó llevar, luchó contra la razón que le decía que esa sorpresa, ese sobre misterioso, esas entradas que ella anhelaba y estaba segura de no poder conseguir iba a ser un detalle demasiado bonito para ser un gesto de amistad y que ella lo interpretaría como algo más, algo que ya habían hablado que no querían sentir. Y venció en esa lucha, se dijo, voy a dejarme llevar, voy a hacer lo que realmente me apetece, no hay porqué malinterpretarlo, y compró aquellas entradas y se curró aquel sobre con la sensación constante de que algo no iba bien. Sensación que siempre hacía caso menos esa vez porque se estaba dejando llevar aplicando por una vez una información que le llega del exterior y su cerebro ha procesado devolviendo un warning, señal suficiente para no hacerlo o al menos ser cauteloso.

Afortunadamente uno tiene amigos que le sacan de estos bretes y después de hablar con uno, de los mejores por cierto, y ver la insensatez que estaba apunto de cometer, una llamada telefónica bastó para ahorrarle la vergüenza de depositar aquella carta en el buzón y evitar el desarrollo de los posteriores vergonzantes acontecimientos. Ella ya tenía su entrada y su acompañante. El enema le había sido aplicado.

Este es el punto donde empezaba el relato, aquí es cuando empezó a llover y aquellos acordes empezaron a significar algo, como la música que llega en el momento oportuno y se convierte en parte de tu repertorio particularmente sentimental. Le quedaban 35 KM hasta llegar a casa que habitualmente cubría jugándose la vida a una velocidad exageradamente elevada por una carretera de rally en 45 minutos pero esta vez los hizo en 1 hora y cuarto, sumido en sus pensamientos y disfrutando de cada curva del sinuoso trazado, como si no fuera la millonésima vez que lo hacía, escuchando cada palabra que escupía el reproductor de CD y entrando en uno de esos pocos momentos que uno tiene a lo largo de su vida donde el trance casi total te permite ver las cosas más complicadas con una pasmosa nitidez. Todo lo que habían hablado horas y horas repitiendo una y otra vez lo mismo, se había cumplido por fin. Se separarían lentamente el uno del otro para dejar hueco a otras personas que hicieran útil ese microscópico espacio relleno de silicona que habían decidido poner entre ellos y que a su vez convertía su relación en un sin sentido, una película sin final, un informe sin conclusiones, en definitiva la demostración de que las utopías son utópicas por algo.

Y ahora toca saber retirarse como siempre hacía en cada final de esa emisión por fascículos que era su vida. Después de mil peripecias y aventuras, con amores posibles, imposibles y prohibidos, risas y llantos, magias y músicas, placeres aprendidos, viajes y diversión, ahora era el momento justo y sabía que lo era porque todos los personajes de ese fascículo eran felices o estaban en vías de serlo, todos menos el protagonista, que tendría la oportunidad de serlo en la siguiente entrega aunque como buen antihéroe muy probablemente no lo haría.

Y así empieza el siguiente fascículo. Con un concierto donde se tocarán canciones que ahora sí significaban algo, y con una entrada que poseerá un nuevo corazón roto al que habrá que intentar sanar.

Un beso para todos.

lunes, 13 de octubre de 2008

Más Madera

Sí, ¿qué pasa?. No os riáis joer que ya es suficientemente duro tener que estar día y noche atravesado por una barra de metal recibiendo balonazos.

La culpa de todo esto la tiene Pinocho. Como fue el pionero no se le ocurrió otra cosa que montarse un negocio a costa de engañar al resto:

Pinocho: "¿Quieres tener alma? podrás ser feliz, tener sentimientos, saber que es el placer, sólo me tienes que dar a cambio unas pocas astillas de tu cuerpecillo".
Trocito inocente de madera: “Vale, vale, toma… Pinocho. ¿Me firma un autógrafo?”. Pero que pardillos por dios!!

Y así nos fue engañando a todos mientras con nuestras astillas se iba haciendo muñequitas de madera con unas curvas de escándalo que utiliza para que trabajen en su local de alterne. Y el tío está forrao eh? La nariz ya no sabe ni donde le llega, bueno en realidad le ha dado buen uso en su nuevo negocio, pero forrao está un rato. ¿Sabéis como se llama el burdel? ¿No? en realidad tiene dos: "La marioneta cachonda" y "El chichi de maderita" pero dónde saca todo el sarcasmo es en su slogan: "Hazle un favor a tus astillas". Será cab... encima con recochineo. De hecho tuvo que cambiarlo debido a una denuncia de una silla del Ikea por "Pruébanos, dale caña y saldrás echando Humo".

Pero claro, en el contrato nunca habló de que para ser feliz y esas cosas hay que ser un muñequito con forma humana, pero ¿qué hay de los demás usos de la madera? Barandillas, estructuras, puentes, muebles, yo mismo!!! Engañados como chinos. A nosotros tener alma sólo nos hace ser más desgraciados. Yo prefería ser algo inerte y sin vida para no sufrir una y otra vez la misma pesadilla.

Venga pelotazos. Pelotazo por aquí, pelotazo por allá, que si "a ver como remata de cabeza", pero como coño voy a rematar de cabeza si no puedo saltar???!!!. Además a quien demonios se le ocurre representar un juego de fútbol con una pelota de madera en vez de una blandita de cuero???!!! Alguien maquiavélico y sádico hasta la saciedad.

Pelota de madera - "Oye que yo también sufro lo mío eh?".

Jugador de futbolín- "Vale perdona, tienes razón. Por lo menos tú te mueves y te escapas de vez en cundo".

Pelota de madera - "No sé yo si me compensa. No me pegeis más... gancho, crochet, 1-2, Holyfield, Holyfield!!!".

Jugador de futbolín- "Joder, cómo está la pobre".

¿Y que me dices de los pies? mira como tengo los pies, que parezco un misionero al que los nativos han atado y metido en el amazonas con los deditos ensangrentados. Y nadie me retoca y me pinta, veo como pierdo mis extremidades inferiores sin remedio poco a poco, convirtiéndome en un tullido que sólo va a servir como cuña para sujetar puertas AAHH (sollozo). Encima el sadismo brutal de nuestro inventor no queda ahí ya que nos hace sin brazos para que los pelotazos lleguen nítidos a la boca del estómago. No sé las veces que me he quedado sin respiración hoy.

Además de defensa en el lado del hueco. Claro como siempre meten los goles por mi lado pues mi compañero en la defensa y el portero no veas como me miran, bueno en realidad sólo lo percibo porque no puedo mover el cuello y ellos tampoco pero noto sus ojos pintados ahí negros como el azabache fijos fríamente en mi cogote como echándome la culpa de todos los goles. Yo no tengo la culpa de que pongan un 2-5-3 que ni Cruyff con el Dream Team joer y encima hay un ángulo que no puedo tapar. Más quisiera yo formar parte de un futbolín de esos que tienen los jugadores de metal con sus patitas y todo, aunque tienen menos glamour que los de madera seguro que son más prácticos. Pero ellos no me entienden, claro tienen tan poco mundo recorrido. Algo más de media barra. Porque nuestro mundo se mide por barras como el de Masiel.

Y los clientes... venga a darle a la ruleta, venga a darle a ruleta, que no vale cojones a ver si os enteráis. Claro yo mientras pienso esto ni les miro para no marearme más como en el Enterprise que si miras al centro genial pero como mires para fuera la has cagado. Y según acaba la ruleta con el mareo que llevo no tapo el hueco y PUM gol y ya está ahí el portero cagándose en mí. No le oigo pero LO NOTO ¿eh?

¿Y tanto trabajar para qué? Pa' ná. Lo más parecido a ir de marcha fue una copa que me tiró encima el otro día un gordo. Y las tías, puf si luego son las más brutas. Ves que se acerca una rubia muy fina con cara de muñequita, así como muy bien puesta que dices tú me voy a poner bien la raya para estar guapo y ves a tus 20 compañeros (los porteros no cuentan que llevan gorra!!!, pero por favor que estamos en el siglo XXI) con la misma raya que tú y lo das por imposible y entonces es cuando dice:

"UY! Si yo no sé jugar a esto". Es decir, Hago la ruleta que es lo único que sé. Me cago en la leche a sacar las bolsitas del mareo....eso si tuviera brazos. Por eso están tan pegajosos los futbolines en España ¿eh? o ¿qué creíais? ¿Que era por las copas que se caen? Anda ya.

Eso sí la música todo el día puesta sin parar. AY! por favor que infierno. Te odio Geppetto y odio a Bisbal y a los 40 principales.

Hombre siempre puede ser peor, me podía haber tocado ser palillo de bar de viejos o baqueta del batería de un grupo de rock. Aun así espero que se haga algún día realidad la leyenda y una vez que la goma ésta que se me clava en el higadillo se suelte un poco, me saquen de esta barra y me den la oportunidad de liberarme de esta prisión y ser capaz de disfrutar de mi alma como lo ha hecho el maricón de Pinocho. Lo único que yo me meteré a comentarista deportivo que parece que es la salida de los troncos que jugaban al fútbol.

Un beso para todos.

PD: Y encima, encima.... encima del Atleti joder.