Un día más volviendo del curro. En realidad no lo es, quiero pensar que es un día más pero es uno de los malos. Puntualmente vengo de tener unas semanas sin demasiado trabajo lo que me ha permitido empaparme bien de la sesgada realidad propagandística distribuida sin orden ni concierto racional pero muy interesadamente lógico y que nos acecha irremediablemente en cualquier esquina del camino disfraza de emisora de radio, periódico rotativo, prensa digital o blogs independientes. Realidad de la que trato de huir siempre que puedo, pero es tal el asedio que tarde o temprano uno baja la guardia y permite que tal ola de mierda tizne sus neuronas aunque sea unos minutos, lo justo para acabar tan hastiado que vuelves a coger fuerzas para luchar por evadirte otra temporadita.
Perdido en estos pensamientos me sorprendo mirando sin mirar mis manos en el volante y decido que ya es hora de volver a casa, tratar de relajarme un poco y prepararme para el largo periodo de desintoxicación que ansío.
Empieza a hacer buen tiempo, lo que después de un invierno tan largo debería animarme, pero como la cosa va de joder lo que se pueda y no dar un respiro hoy en día, pues resulta que la alergia ataca con fuerza. Los ojos aún no me pican como acostumbran en pleno apogeo gramíneo pero noto que están a punto de desbordarse como la paciencia de cualquier ciudadano demócrata atrapado en una pseudodemocracia partidístamente autocrática durante más de un cuarto de siglo y sin haber tenido la opción si quiera de votar una constitución nacional.
En fin, que entre el calentón que llevo, más la desidia de la inactividad, más el picor de garganta, más los mocos y el sentimiento de "malalechitis" alérgica, crece el calor de la herrería de mi corazón que está fraguando esa idea de que odio a toda la raza humana menos a mis familiares, amigos y la mayoría de mis conocidos.
Para que veáis como está la cosa. El otro día vi un documental de osos Grizzlis en el que habían estudiado el comportamiento del oso salvaje al encontrarse con humanos. Resulta que a los niños no los ataca porque no superan una determinada estatura que ellos consideran una amenaza. Pues el otro día soñé que mis tres adorables vecinitos sacados de las profundidades del inframundo y bendecidos con la capacidad de gritar, llorar y berrear las 24 horas del día sin interrupción posible, estaban jugando por las calles de la urbanización y había un oso suelto. Hasta aquí un sueño normal de no ser porque los niños eran sospechosamente altos…
Pues con la tontería ya me he plantado en la incorporación de la Carretera de Castilla desde la M-30 Norte y ni me he enterado de la retención del túnel. Mira que bien, el coche nunca me falla como diván de autopsicología.
Para entretenerme, cual científico con sus ratones, me pongo a mirar a mi alrededor. Veo a un pobre con la "L" que o bien no sabe dónde se ha metido o estará a punto de arrepentirse de haberse sacado el carné y no ir a currar en bus porque se tiene que cruzar tres carriles en menos de 50 metros y tiene que pasar entre víboras metálicas equipadas con cerebros de mini-genocidas de, probablemente lo más preocupante, todas las edades y géneros.
Como le veo tan apurado dejo pasar al de la "L" llevandome una buena pitada de un Opel Corsa rojo con el parachoques delantero azul que está a mi espalda, con una especie de Don Pimpón de los avernos dentro, por no ocupar mis 2 metros de espacio a la velocidad del rayo. El pobre hombre, y digo hombre porque era mayor para llevar la "L", una vez en mi carril y salvados ya otros dos sólo tiene unos 5 metros para incorporarse al atascadísimo carril de aceleración de la M-30, y encima en curva. Aprovechando que le había dejado pasar y no tuvo que frenar pues mete el morro para ya casi completar la maniobra cuando de repente aparece un mercedes impresionante conducido por un niñato, supongo que chofer de 400 euros/mes por el uniforme, con granos en la barbilla y cara de gilipollas profundo, vamos, en la media, y pega un infructuoso acelerón para tratar de impedirle el paso seguido de un buen frenazo para no acabar con la "L" incrustada en el gaznate. Literal.
Mientras le miro con ojos de odio infinito e incomprensión rabiosa como recién fugada de una prisión en la que lleva encerrada demasiado tiempo, pienso "Será asqueroso el niñato este fan de Cristiano Ronaldo y de Belén Esteban. Si es que tenía razón mi profe de ciencias de la antigua y añorada E.G.B, las largas de los coches deberían servir para desintegrar al de delan..."
No había acabado de pensar la frase cuando el Mercedes pega un fogonazo y desaparece cual conejo en un antiguo truco de magia. No queda ni rastro. Ni rastro del coche, ni rastro del niñato, ni siquiera una mancha negra en el suelo como en las películas. Nada.
Es para sorprenderse pero esto es España, es más, es Madrid, así que el de la "L" se incorpora como si nada, el de detrás del Mercedes ocupa su sitio y aquí no ha pasado nada.
Mi insensibilización no es menor que la de los demás así que tampoco le doy importancia. Continúo mi marcha, pero justo cuando meto primera y empiezo a moverme una moto pasa a 10 cm. de mi retrovisor izquierdo y a 15 cm. del retrovisor derecho del coche de al lado. Todo eso a unos 50 Km./h. No había acabado de cagarme en parte de su familia, en su mayoría féminas en ningún caso inocentes porque algo de culpa tendrán para que el motorista sea tan subnormal, cuando la moto, ya a escasos 100 m., también se desintegra sin dejar huella después de pegar un fugaz fogonazo.
La absurda idea de que tengo algo que ver en todo aquello empieza a tomar forma en mi cabeza y a pesar que soy increíblemente racional y premeditadamente lógico para tener la evidencia de que es absurdo no puedo evitar la tentación de hacer una prueba concluyente.
Con la fauna que hay no me cuesta encontrar la próxima víctima. Otro motorista. Es que no se salva ni uno. Este va tan campante por el arcén, metiéndose de vez en cuando entre los coches atascados. Me entran dudas de si realmente lo hace para ganar tiempo o para tocar los cojoncillos un poco más. Y los de la DGT diciéndome que mire dos veces que los motoristas también tienen derecho a circular, bla, bla, bla. Miren recaudadores hipócritas, no me voy a sentir culpable por atropellar a alguien que incumple indiscriminadamente las normas y encima me saca el dedo si tengo que pegar un frenazo para no matarlo porque ha aparecido de la nada. Que tengan cuidado ellos que son los que van a morir. No hay duda, es perfecto para ser desintegrado. Pruebo y... puff fogonazo y hasta luego. INCREIBLE!!!
Continúo con este nuevo juego recién descubierto y tan divertido. Según pasa el tiempo me cuesta menos utilizar mi nuevo "poder" y los baremos a aplicar para juzgar si alguien debe desintegrarse o no son cada vez menos exigentes. Que si uno que está fumando, seguro que lleva el cenicero lleno de colillas malolientes y lo vacía abriendo la puerta y tirándolas a la calzada. Desintegrado. Que si uno que va por el carril de la izquierda a 70 Km./h provocando miles de problemas circulatorios en todos los carriles. Desintegrado. Que si uno hablando por el móvil, que si uno tocando el GPS, que si uno con un SEAT León, que si uno con 70 años, que si una... todos desintegrados al momento.
¡¡¡Qué gozada!!! Miro por el retrovisor para ver si el de atrás es susceptible de ser eliminado y lo que veo es mi propia cara en el espejo retrovisor. Me han cambiado las facciones. Están más demacradas, hundidas y marcadas, los ojos rojos ¿alergia? y como un poco saltones, la piel más rojiza ¿será el sol de cara?, un sonrisa grotesca surca por encima de mi barbilla más picuda de lo habitual ¿o me lo parece a mi? ¿Realmente estoy disfrutando tanto con ello como para que un poco de baba circule por los laterales de mi mentón? Sí, lo estoy haciendo. Y justo cuando me dispongo a seguir con mi tarea de liberación del mundo y su consiguiente solución de erradicación de la raza humana empiezo a sentir un calor insoportable. Todo a mi alrededor se vuelve de una amarillo brillante progresivo, cada vez más fuerte. Las puntas de mis dedos se alargan y puedo ver minúsculos huecos entre las particular que forman mis músculos y huesos. Noto como mis pelos se ponen de punta debido a una especie de energía electroestática. Sólo dura un instante.
Después sólo silencio y oscuridad. Sin ruidos, sin luz y sin remordimientos.
Un beso para todos.
Moraleja: Me parece espectacular que tenga tantas y ninguna concluyente. Os lo dejo a vosotros.
Perdido en estos pensamientos me sorprendo mirando sin mirar mis manos en el volante y decido que ya es hora de volver a casa, tratar de relajarme un poco y prepararme para el largo periodo de desintoxicación que ansío.
Empieza a hacer buen tiempo, lo que después de un invierno tan largo debería animarme, pero como la cosa va de joder lo que se pueda y no dar un respiro hoy en día, pues resulta que la alergia ataca con fuerza. Los ojos aún no me pican como acostumbran en pleno apogeo gramíneo pero noto que están a punto de desbordarse como la paciencia de cualquier ciudadano demócrata atrapado en una pseudodemocracia partidístamente autocrática durante más de un cuarto de siglo y sin haber tenido la opción si quiera de votar una constitución nacional.
En fin, que entre el calentón que llevo, más la desidia de la inactividad, más el picor de garganta, más los mocos y el sentimiento de "malalechitis" alérgica, crece el calor de la herrería de mi corazón que está fraguando esa idea de que odio a toda la raza humana menos a mis familiares, amigos y la mayoría de mis conocidos.
Para que veáis como está la cosa. El otro día vi un documental de osos Grizzlis en el que habían estudiado el comportamiento del oso salvaje al encontrarse con humanos. Resulta que a los niños no los ataca porque no superan una determinada estatura que ellos consideran una amenaza. Pues el otro día soñé que mis tres adorables vecinitos sacados de las profundidades del inframundo y bendecidos con la capacidad de gritar, llorar y berrear las 24 horas del día sin interrupción posible, estaban jugando por las calles de la urbanización y había un oso suelto. Hasta aquí un sueño normal de no ser porque los niños eran sospechosamente altos…
Pues con la tontería ya me he plantado en la incorporación de la Carretera de Castilla desde la M-30 Norte y ni me he enterado de la retención del túnel. Mira que bien, el coche nunca me falla como diván de autopsicología.
Para entretenerme, cual científico con sus ratones, me pongo a mirar a mi alrededor. Veo a un pobre con la "L" que o bien no sabe dónde se ha metido o estará a punto de arrepentirse de haberse sacado el carné y no ir a currar en bus porque se tiene que cruzar tres carriles en menos de 50 metros y tiene que pasar entre víboras metálicas equipadas con cerebros de mini-genocidas de, probablemente lo más preocupante, todas las edades y géneros.
Como le veo tan apurado dejo pasar al de la "L" llevandome una buena pitada de un Opel Corsa rojo con el parachoques delantero azul que está a mi espalda, con una especie de Don Pimpón de los avernos dentro, por no ocupar mis 2 metros de espacio a la velocidad del rayo. El pobre hombre, y digo hombre porque era mayor para llevar la "L", una vez en mi carril y salvados ya otros dos sólo tiene unos 5 metros para incorporarse al atascadísimo carril de aceleración de la M-30, y encima en curva. Aprovechando que le había dejado pasar y no tuvo que frenar pues mete el morro para ya casi completar la maniobra cuando de repente aparece un mercedes impresionante conducido por un niñato, supongo que chofer de 400 euros/mes por el uniforme, con granos en la barbilla y cara de gilipollas profundo, vamos, en la media, y pega un infructuoso acelerón para tratar de impedirle el paso seguido de un buen frenazo para no acabar con la "L" incrustada en el gaznate. Literal.
Mientras le miro con ojos de odio infinito e incomprensión rabiosa como recién fugada de una prisión en la que lleva encerrada demasiado tiempo, pienso "Será asqueroso el niñato este fan de Cristiano Ronaldo y de Belén Esteban. Si es que tenía razón mi profe de ciencias de la antigua y añorada E.G.B, las largas de los coches deberían servir para desintegrar al de delan..."
No había acabado de pensar la frase cuando el Mercedes pega un fogonazo y desaparece cual conejo en un antiguo truco de magia. No queda ni rastro. Ni rastro del coche, ni rastro del niñato, ni siquiera una mancha negra en el suelo como en las películas. Nada.
Es para sorprenderse pero esto es España, es más, es Madrid, así que el de la "L" se incorpora como si nada, el de detrás del Mercedes ocupa su sitio y aquí no ha pasado nada.
Mi insensibilización no es menor que la de los demás así que tampoco le doy importancia. Continúo mi marcha, pero justo cuando meto primera y empiezo a moverme una moto pasa a 10 cm. de mi retrovisor izquierdo y a 15 cm. del retrovisor derecho del coche de al lado. Todo eso a unos 50 Km./h. No había acabado de cagarme en parte de su familia, en su mayoría féminas en ningún caso inocentes porque algo de culpa tendrán para que el motorista sea tan subnormal, cuando la moto, ya a escasos 100 m., también se desintegra sin dejar huella después de pegar un fugaz fogonazo.
La absurda idea de que tengo algo que ver en todo aquello empieza a tomar forma en mi cabeza y a pesar que soy increíblemente racional y premeditadamente lógico para tener la evidencia de que es absurdo no puedo evitar la tentación de hacer una prueba concluyente.
Con la fauna que hay no me cuesta encontrar la próxima víctima. Otro motorista. Es que no se salva ni uno. Este va tan campante por el arcén, metiéndose de vez en cuando entre los coches atascados. Me entran dudas de si realmente lo hace para ganar tiempo o para tocar los cojoncillos un poco más. Y los de la DGT diciéndome que mire dos veces que los motoristas también tienen derecho a circular, bla, bla, bla. Miren recaudadores hipócritas, no me voy a sentir culpable por atropellar a alguien que incumple indiscriminadamente las normas y encima me saca el dedo si tengo que pegar un frenazo para no matarlo porque ha aparecido de la nada. Que tengan cuidado ellos que son los que van a morir. No hay duda, es perfecto para ser desintegrado. Pruebo y... puff fogonazo y hasta luego. INCREIBLE!!!
Continúo con este nuevo juego recién descubierto y tan divertido. Según pasa el tiempo me cuesta menos utilizar mi nuevo "poder" y los baremos a aplicar para juzgar si alguien debe desintegrarse o no son cada vez menos exigentes. Que si uno que está fumando, seguro que lleva el cenicero lleno de colillas malolientes y lo vacía abriendo la puerta y tirándolas a la calzada. Desintegrado. Que si uno que va por el carril de la izquierda a 70 Km./h provocando miles de problemas circulatorios en todos los carriles. Desintegrado. Que si uno hablando por el móvil, que si uno tocando el GPS, que si uno con un SEAT León, que si uno con 70 años, que si una... todos desintegrados al momento.
¡¡¡Qué gozada!!! Miro por el retrovisor para ver si el de atrás es susceptible de ser eliminado y lo que veo es mi propia cara en el espejo retrovisor. Me han cambiado las facciones. Están más demacradas, hundidas y marcadas, los ojos rojos ¿alergia? y como un poco saltones, la piel más rojiza ¿será el sol de cara?, un sonrisa grotesca surca por encima de mi barbilla más picuda de lo habitual ¿o me lo parece a mi? ¿Realmente estoy disfrutando tanto con ello como para que un poco de baba circule por los laterales de mi mentón? Sí, lo estoy haciendo. Y justo cuando me dispongo a seguir con mi tarea de liberación del mundo y su consiguiente solución de erradicación de la raza humana empiezo a sentir un calor insoportable. Todo a mi alrededor se vuelve de una amarillo brillante progresivo, cada vez más fuerte. Las puntas de mis dedos se alargan y puedo ver minúsculos huecos entre las particular que forman mis músculos y huesos. Noto como mis pelos se ponen de punta debido a una especie de energía electroestática. Sólo dura un instante.
Después sólo silencio y oscuridad. Sin ruidos, sin luz y sin remordimientos.
Un beso para todos.
Moraleja: Me parece espectacular que tenga tantas y ninguna concluyente. Os lo dejo a vosotros.