No recuerdo con nitidez todo lo que podía estar haciendo con 7 años en el 86, probablemente estuviera pegando cromos en el álbum del mundial de México o igual ya me estaba inventando algún jueguecillo o historia rara. De lo que sí me acuerdo es de aquella carátula de uno de los mejores discos de vinilo de la historia moderna de la música comercial que veía cada vez que pasaba por ese santuario que era la habitación de mis hermanas sin ser consciente de ello.
Fondo oscuro con gotitas de agua dónde alguien había escrito algo parecido a Slippery When Wet, a saber lo que significaba aquello. Y arriba del todo, con letras de un rojo vivo para desmarcarse del fondo, el nombre de ese grupo de melenudos con pose de tipos duros y con los pechos-palomo mostrados sugerentemente como el pistilo a la abeja, que tanto les gustaban a mis queridas hermanas sin ningún tipo de lógica que mi párvula mente pudiera comprender entonces.
Eran los tiempos de entrar en su habitación con la intención de jugar con ellas y de recibir rotundas contestaciones negativas hasta llegar, tras un brevísimo regateo, al final de siempre. Yo decía "¿Puedo mirar?" y ellas sabiéndose ganadoras sólo me lo permitían si dejaba a sus Barbies ochenteras y cachondonas montarse en mi gigante todo-terreno verde con un tal Ken con pintas Bon-Jovescas. ¿Porqué no se montarán los tres en el caballo pensaba yo, es más glamouroso y así no necesitarían mi enorme coche que no les pega ni con cola? En fin, eran las mismas que habían contestado a la pregunta de porqué el material escolar tenía siempre nombres alemanes como Standler. La ingeniosa respuesta fue (con acento alemán): "Tendragn una fórgmula segcreta..." JAJAJA que bueno. Viniendo de la misma mente brillante lo del coche debía tener un sentido.
¿Qué cosas eh? 24 años después, se dice pronto, el melenudo se grabó en nuestras pupilas convertido en carne y hueso, eso sí con mucha menos melena pero conservando el pecho-palomo ya cincuentón que parece haber hecho un pacto con el diablo de esos de no envejecer nunca a cambio de vender su alma. Lo que no me entra en la cabeza es que necesitaría un segundo pacto para poder cantar aún como los ángeles y tener un carisma de una envergadura capaz de poner los pelos de punta a miles de personas con sólo levantar los brazos o dar un acorde en su inseparable guitarra negra. ¿Cuántas almas tendrá Jon Bon Jovi? Probablemente una, pero negociará seguro con las de sus millones de fans al hacer sus diabólicos tratos con el inframundo.
Y allí estábamos los tres. Treintañeros ya, abrazados, saltando, gritando, riendo a chorro, dejando escapar la energía individual y disfrutando de su mezcla a tres bandas explosiva que últimamente aparece con cuentagotas en nuestras vidas. Una mezcla que vivíamos a menudo en Móstoles viendo como los reyes magos (Ojo Spoiler: Los Padres) ponían los regalos y cuchicheábamos o cuando nos quedamos solos en casa y cada vez liábamos una distinta, o cuando le cambiábamos las reglas al Hotel porque nos parecían un coñazo y el Boomerang demasiado barato, y como última representación lo vivimos bailando el "So Lonely" de The Police en la ya lejana boda de Eva. Fue imposible repetir esa explosión energética Alarconil en Rock In Rio 2008 puesto que falló una de las patas del trípode. Hubo energía a raudales entonces sí, pero al igual que los mosqueteros no son los mismos sin Porthos, aquella Athos y aquel Aramis lo dieron todo con Sting pero bien es cierto que faltó algo o mejor dicho alguien.
En esta ocasión no sólo estaban los mosqueteros sino que hubo un D'artagnan invitado de lujo. La heroína que metió la mano en las frías aguas de mi desesperación, apartó las pirañas de la desdicha y me cogió del pelo para volver a enseñarme que había vida que disfrutar y cosas por las que aún valía la pena luchar. Como los conciertos y las mujeres. Mi queridísima Marta se unía a la fiesta del Rock y la Coronita.
Y hoy, delante del ordenador, borradas ya mis sonrisas del fin de semana, mis facciones poco a poco van asumiendo las formas de la desidia del trabajo y el día a día. Pero todo cambia cuando nos recuerdo a los cuatro, en el fragor del "You Were Born To Be My Baby", la favorita de un servidor, después de un inicio potentísimo que llenó nuestras voraces expectativas con "Blood on Blood", y la primera liberación brutal de adrenalina de la noche al desgarrar nuestras gargantas, y ya de paso también los oídos de las personas más cercanas, al cantar el bestial inicio y posterior estribillo de "You Give Love A Bad Name". Y "Bad Medicine" (risas), y "Keep The Faith" (pérdidas de orina) y "Hallelujah" (más risas),.. y... TODAS!!! Y es que los conciertos son un no parar cuando el grupo en cuestión se siente bien en el escenario, cuando se divierte y lo dan todo. Y Bon Jovi, tanto en Barcelona como en Madrid me han ganado por esa profesionalidad y esas ganas de agradar que distinguen a los grandes de los no tan grandes. Jon es el sex-appeal en persona y aún mantiene su peculiar voz intacta. Richie Sambora, (para mi siempre ha sido el alma del grupo) tiene más Votox que Belén Esteban en Mira Quien Baila (ojo la gracia por que se las trae) pero sigue siendo uno de los 5 mejores guitarristas del mundo. Tico Torres perfecto y el Hobbit pues menos participativo que de costumbre pero impecable también a los teclados.
A pesar de nuestras necesarias incursiones al servicio atravesando la marabunta de gente que nos separaba de la liberación total, que es echar un meo cuando llevas 2 litros de Coronita entre pecho y espalda, la cosa no decayó puesto que elegimos las canciones del nuevo disco, no malas pero sin punto mítico, que son meras excusas para dar estos conciertazos de finales del siglo pasado.
Otra vez parapetados los cuatro y habiendo ganado estratégicamente el sitio de nuevo, ya vacías las vejigas, con el grado justo de alcohol en sangre, inmejorable compañía, ambiente soberbio y unos últimos gallos guardados en la voz, pudimos llegar al éxtasis total tripartito esperado durante 24 años al deleitarnos con un "Livin' On A Prayer" que hará historia una vez más. Aplausos, silbidos de júbilo, algún llanto me pareció oír y se acabó. A otra cosa mariposa.
Aún nos quedaba el IMPRESIONANTE Paul Van Dyk que no era santo de la devoción ni de Marta, ni de Eva pero que impregnó con el influjo de su magia Trance, que ya había dejado en mí tiempo atrás, a mi hermana Naty que no pudo hacer un resumen mejor de la música de este gran DJ. "Es que se te van los pies!!!!" jejeje, enorme.
Y finalmente. Vuelta a casa cansina, triste y lenta. Que rápido se pasan los buenos momentos, claro que si no fuera así, no serían tan buenos :) Hasta la próxima hermanas.
Un beso para todos.
PD: Diría algo de Pereza pero los Yonkies nunca fueron mi tribu urbana predilecta. Lo mejor Leiva, que es una artistazo lastrado por su desgraciado hermano, y la mofa de mi hermana Naty que no dejaba de cantar a Los Ronaldos con los soniquetes de las canciones de Pereza, demostrando que Bunbury no es el único que plagia “Aquí nadie ha inventado nada”.
Mago de Oz muy buenos :)
Macaco pues eso, como los del orgullo gay que han dejado sin convocar a los israelíes, mucho buen rollo y canción protesta pero cuando no le sale el concierto la culpa es del público. Como me recuerda esto al cine español madre…
Eran los tiempos de entrar en su habitación con la intención de jugar con ellas y de recibir rotundas contestaciones negativas hasta llegar, tras un brevísimo regateo, al final de siempre. Yo decía "¿Puedo mirar?" y ellas sabiéndose ganadoras sólo me lo permitían si dejaba a sus Barbies ochenteras y cachondonas montarse en mi gigante todo-terreno verde con un tal Ken con pintas Bon-Jovescas. ¿Porqué no se montarán los tres en el caballo pensaba yo, es más glamouroso y así no necesitarían mi enorme coche que no les pega ni con cola? En fin, eran las mismas que habían contestado a la pregunta de porqué el material escolar tenía siempre nombres alemanes como Standler. La ingeniosa respuesta fue (con acento alemán): "Tendragn una fórgmula segcreta..." JAJAJA que bueno. Viniendo de la misma mente brillante lo del coche debía tener un sentido.
¿Qué cosas eh? 24 años después, se dice pronto, el melenudo se grabó en nuestras pupilas convertido en carne y hueso, eso sí con mucha menos melena pero conservando el pecho-palomo ya cincuentón que parece haber hecho un pacto con el diablo de esos de no envejecer nunca a cambio de vender su alma. Lo que no me entra en la cabeza es que necesitaría un segundo pacto para poder cantar aún como los ángeles y tener un carisma de una envergadura capaz de poner los pelos de punta a miles de personas con sólo levantar los brazos o dar un acorde en su inseparable guitarra negra. ¿Cuántas almas tendrá Jon Bon Jovi? Probablemente una, pero negociará seguro con las de sus millones de fans al hacer sus diabólicos tratos con el inframundo.
Y allí estábamos los tres. Treintañeros ya, abrazados, saltando, gritando, riendo a chorro, dejando escapar la energía individual y disfrutando de su mezcla a tres bandas explosiva que últimamente aparece con cuentagotas en nuestras vidas. Una mezcla que vivíamos a menudo en Móstoles viendo como los reyes magos (Ojo Spoiler: Los Padres) ponían los regalos y cuchicheábamos o cuando nos quedamos solos en casa y cada vez liábamos una distinta, o cuando le cambiábamos las reglas al Hotel porque nos parecían un coñazo y el Boomerang demasiado barato, y como última representación lo vivimos bailando el "So Lonely" de The Police en la ya lejana boda de Eva. Fue imposible repetir esa explosión energética Alarconil en Rock In Rio 2008 puesto que falló una de las patas del trípode. Hubo energía a raudales entonces sí, pero al igual que los mosqueteros no son los mismos sin Porthos, aquella Athos y aquel Aramis lo dieron todo con Sting pero bien es cierto que faltó algo o mejor dicho alguien.
En esta ocasión no sólo estaban los mosqueteros sino que hubo un D'artagnan invitado de lujo. La heroína que metió la mano en las frías aguas de mi desesperación, apartó las pirañas de la desdicha y me cogió del pelo para volver a enseñarme que había vida que disfrutar y cosas por las que aún valía la pena luchar. Como los conciertos y las mujeres. Mi queridísima Marta se unía a la fiesta del Rock y la Coronita.
Y hoy, delante del ordenador, borradas ya mis sonrisas del fin de semana, mis facciones poco a poco van asumiendo las formas de la desidia del trabajo y el día a día. Pero todo cambia cuando nos recuerdo a los cuatro, en el fragor del "You Were Born To Be My Baby", la favorita de un servidor, después de un inicio potentísimo que llenó nuestras voraces expectativas con "Blood on Blood", y la primera liberación brutal de adrenalina de la noche al desgarrar nuestras gargantas, y ya de paso también los oídos de las personas más cercanas, al cantar el bestial inicio y posterior estribillo de "You Give Love A Bad Name". Y "Bad Medicine" (risas), y "Keep The Faith" (pérdidas de orina) y "Hallelujah" (más risas),.. y... TODAS!!! Y es que los conciertos son un no parar cuando el grupo en cuestión se siente bien en el escenario, cuando se divierte y lo dan todo. Y Bon Jovi, tanto en Barcelona como en Madrid me han ganado por esa profesionalidad y esas ganas de agradar que distinguen a los grandes de los no tan grandes. Jon es el sex-appeal en persona y aún mantiene su peculiar voz intacta. Richie Sambora, (para mi siempre ha sido el alma del grupo) tiene más Votox que Belén Esteban en Mira Quien Baila (ojo la gracia por que se las trae) pero sigue siendo uno de los 5 mejores guitarristas del mundo. Tico Torres perfecto y el Hobbit pues menos participativo que de costumbre pero impecable también a los teclados.
A pesar de nuestras necesarias incursiones al servicio atravesando la marabunta de gente que nos separaba de la liberación total, que es echar un meo cuando llevas 2 litros de Coronita entre pecho y espalda, la cosa no decayó puesto que elegimos las canciones del nuevo disco, no malas pero sin punto mítico, que son meras excusas para dar estos conciertazos de finales del siglo pasado.
Otra vez parapetados los cuatro y habiendo ganado estratégicamente el sitio de nuevo, ya vacías las vejigas, con el grado justo de alcohol en sangre, inmejorable compañía, ambiente soberbio y unos últimos gallos guardados en la voz, pudimos llegar al éxtasis total tripartito esperado durante 24 años al deleitarnos con un "Livin' On A Prayer" que hará historia una vez más. Aplausos, silbidos de júbilo, algún llanto me pareció oír y se acabó. A otra cosa mariposa.
Aún nos quedaba el IMPRESIONANTE Paul Van Dyk que no era santo de la devoción ni de Marta, ni de Eva pero que impregnó con el influjo de su magia Trance, que ya había dejado en mí tiempo atrás, a mi hermana Naty que no pudo hacer un resumen mejor de la música de este gran DJ. "Es que se te van los pies!!!!" jejeje, enorme.
Y finalmente. Vuelta a casa cansina, triste y lenta. Que rápido se pasan los buenos momentos, claro que si no fuera así, no serían tan buenos :) Hasta la próxima hermanas.
Un beso para todos.
PD: Diría algo de Pereza pero los Yonkies nunca fueron mi tribu urbana predilecta. Lo mejor Leiva, que es una artistazo lastrado por su desgraciado hermano, y la mofa de mi hermana Naty que no dejaba de cantar a Los Ronaldos con los soniquetes de las canciones de Pereza, demostrando que Bunbury no es el único que plagia “Aquí nadie ha inventado nada”.
Mago de Oz muy buenos :)
Macaco pues eso, como los del orgullo gay que han dejado sin convocar a los israelíes, mucho buen rollo y canción protesta pero cuando no le sale el concierto la culpa es del público. Como me recuerda esto al cine español madre…