martes, 12 de octubre de 2010

Transfuguismo, Otra Oportunidad Perdida

Parece ser que los dos partidos mayoritarios españoles se han puesto de acuerdo para tratar de crear una ley que haga de nuestro sistema político un sistema lo más justo posible. Es la ley antitránsfugas. Una oportunidad para dar una lección de sentido común y hacer que lo que el ciudadano vota sea lo que prevalezca.

Pues como siempre que se ponen de acuerdo en algo hay que echarse a temblar, como cuando votaron tosdos a favor de subirse el sueldo un 4% en plena crisis, porque lejos de mejorar las cosas para España y los españoles y hacer del envejecimiento de la democracia algo correctivo y evolutivo, la ley que proponen es para incrementar aún más el control sobre los miembros del partido.

La figura del tránsfuga siempre me ha llamado mucho la atención. Generalmente el tránsfuga es un sinvergüenza que destaca sobre los demás sinvergüenzas porque ha llevado la sinvergonzonería a tales cotas que supera los límites de la poca ética que les queda a sus compañeros, ya no por demostrar, sino por aparentar, conviertiéndose en un traidor. Llamésmole tránsfuga malo.

Pero yo cuando oigo hablar de tránsfugas dejo a un lado la primera definición que se presenta en mi mente infectada desde hace años por prejuicios y propaganda electoral y me pongo a soñar que ese tránsfuga es como el héroe de las películas, con sus valores intactos, su soledad infinita en un mundo huraño y con ganas de cambiar las cosas cueste lo que cueste. Luego pienso que alguien así es lo que necesitaríamos. Un personaje histórico que apareciera en los libros de historia por haber cambiado las cosas en una época donde parecía imposible. Lo que viene siendo un líder planetario pero de los de verdad, de los imperecederos. Acto seguido despierto de la ensoñación y trato de pensar como lo haría ese héroe atrapado en el entramado actual que es el sistema. Si lo piensas un poco, efectivamente, alguien así no tiene cabida ni quieren que la tenga. No interesa. Llamésmole tránsfuga bueno.

Lo que estos señores proponen sólo protege al sistema de los tránsfugas malos, que no está mal, pero no deja lugar a los buenos. Es decir otra ley a medias como la ley de violencia de género que deja a los hombres fuera, por ejemplo. Si eres uno de los buenos, es decir, votas en contra o te abstienes porque realmente lo que está haciendo tu partido te parece una aberración y no puedes soportar que lo que se está votando lleve tu nombre escrito entre los que están a favor, las opciones que tienes son: 1. Dedicarte a otra cosa, por ejemplo a la charcutería. 2. Montar tu propio partido. De lo primero estarán llenas las charcuterías y de lo segundo pues sólo hay un ejemplo, reseñable, Rosa Díez y su UPD.

Cualquiera de las dos opciones favorece al cacique de turno que quería que su votación saliera por cojones. Si el tío que le estaba tocando las narices dentro del partido se ha ido al sector de la alimentación pues perfecto, si ha montado otra partido también perfecto puesto que tal y como tienen montado el tinglado con las televisiones y las radios un tercer partido nacional no pinta nada.

Mientras, otro tinglado, el del sistema electoral, no se arregle, tenían al menos una oportunidad única con esto de los tránsfugas para cambiar un poco las cosas. Las listas abiertas. Que un miembro del partido no está de acuerdo con como se están haciendo las cosas en su municipio, pues se presenta él pero por el mismo partido, así la gente no siente al votar que traiciona a su partido (este pensamiento también manda huevos y se erradicaría con este sistema) y tienen la opción de votar por alguien que les da confianza o que simplemente hace las cosas que promete. El tránsfuga se ha convertido en candidato.

¿Por qué no interesa? esto no hace falta ni decirlo. Los partidos políticos pierden control sobre sus miembros y eso sería la primera ficha del dominó de una larga cadena que no pueden permitir que se inicie. Aunque sea bueno para el ciudadano es malo para ellos, como individuos, y para sus hijos, familiares y amigos que viven del cuento. No vaya a ser que los ciudadanos más brillantes interesados en la política tengan la más mínima posibilidad de llegar al poder como sería lo lógico. Mejor que se sigan yendo a la empresa privada agotados de soportar las directrices de un líder de partido inepto, corrupto, sediento de poder y de dinero y sus secuaces lameculos y trepas que hacen de la política de partido un trabajo continuista como si de una empresa se tratase olvidándose de los intereses del ciudadano y anteponiendo siempre a quien le da de comer ahora y por muchos años: su líder de partido. Una casta en toda regla.

Acciones como esta son las que hacen que cada vez esté más desencantado con la política y los políticos y como yo muchas más gente y el desencanto lleva a la desidia y la desidia a la corrupción y cuando no haya nada que corromper... elegid vosotros la conclusión que la gente me llama pesimista.

Un beso para todos.

PD
: Si no permiten votar a los miembros del partido nada que no sea lo que dice el propio partido que tengan la decencia al menos de eliminar a todos los parlamentarios que tenemos y que dejen a uno por partido como representante asignándole un peso en consecuencia de los resultados electorales. Al menos nos ahorraríamos una pasta en parlamentarios y en interpretes. Sólo en el congreso pasaríamos de 350 diputados a 10, siéndo el peso a aplicar el procentaje de escaños.

lunes, 4 de octubre de 2010

PIM-PAM-PUM

Era la primera vez que visitaba una cárcel. No era un lugar agradable a pesar de que había dejado de temblar mientras esperaba en la sala. Cuando apareció su agresor se acercó a él. Su mirada era más brillante que hacía cinco años, más viva. Debía sentirse bien dado el fin inminente de su condena. Se sentó y esgrimiendo una media sonrisa le susurró al presidiario : "Muchas Gracias. Me hiciste alguien mejor y dejé de ser un desecho social.".

La historia es breve. Se puede adornar pero para que adornar algo que tiene su belleza en la crudeza. Un hombre sale de casa de unos amigos. Lleva desde las 18:00 allí y las 23:00 le parece ya buena hora para ir a esparcir sus miserias a otros lugares. Tiene una depresión de caballo, de estas que sientes que no tienes nada que perder, ya sea cierto o no. Si así lo sientes así te lo crees. Las paradojas de la percepción.

Ha aparcado el coche por despiste justo enfrente de la puerta de un bareto de universitarios. Cuando llega está asediado por ellos. Chicos y chicas apoyados, vasos en el techo y el capó y los espejos retrovisores deseando pasar inadvertidos como un fugitivo en una pila de cadáveres. Al activar la apertura centralizada todos los chavales cogen sus vasos y levantan sus posaderas del vehículo. Todos menos uno que permanece con el culo aposentado en el coche de atrás y los pies apoyados en el parachoques trasero.

El hombre se monta en el coche, echa un ojo al espejo retrovisor y ve que el chaval no se mueve y le mira con cara entre amenazante y "a ver qué hace este si me quedo aquí quieto". Hay un par de amigas que le piden que se quite porque el coche va a dar marcha atrás pero él sigue en sus trece, como si llamar la atención desafiando a los demás fuera siempre gratuito. Hasta ese día.

El coche se mueve hacia delante. El muchacho no se aparta. Lentamente el coche se desplaza hacia atrás. El muchacho no se aparta. Las chicas le achuchan más consiguiendo el efecto contrario al que pretenden puesto que a más atención prestada más desafiante se vuelve un retrasado mental de ese calibre. Un poco más para atrás. Un poco más. Ya. Suficiente para salir pero al universitario gallito le parece demasiado cerca de atropellarle, así que golpea con fuerza la luna trasera seguido de un grito "¿Pero qué coño haces?"

Los ex-asediantes del coche comienzan de nuevo a arrimarse, más por curiosidad mórbida que otra cosa. El hombre se baja del coche. Tranquilo, muy tranquilo. Se dirige a la parte de atrás y a pesar de que los ojos inyectados en sangre del imberbe le buscan, él no se detiene en ellos. Abre el maletero, saca dos guantes de plástico de gasolinera de los que la gente precavida lleva en el coche para cualquier contratiempo que pueda mancharte las manos, como cambiar una rueda, y se los pone con decisión.

"¿Pero de qué vas? me quieres atrop..." La pronunciación de esa "p" coincide con un rápido movimiento del brazo derecho del hombre. A una velocidad de vértigo agarra el cuello del niñato a la vez que hace palanca con la cadera poniendo literalmente los morros del universitario en el cierre del maletero. PUM, PRUMC, CRACK son los sonidos del metal en el cráneo del chaval como respuesta a los tres veloces golpes que propina el hombre bajando la tapa del maletero con fuerza.

Todos los presentes se quedan paralizados por la violencia y rapidez del ataque. El hombre deja caer el cuerpo inconsciente al suelo, se quita los guantes, que dejan sus manos completamente limpias a pesar de que tiene todas las vestiduras salpicadas de gotitas carmesí, cierra el maletero esta vez sin obstáculos óseos, se mete en el coche y antes de que alguien pueda mover un dedo o pronunciar una palabras más alta que otra, haciendo alarde de la cobardía generacional que llevamos años cultivando, sale zumbando de allí.

El chico sobrevivió. No fue para tanto. Traumatismo craneoencefálico leve, pérdida de varios dientes, entre ellos los dos paletos, desplazamiento de mandíbula por el lado izquierdo y rotura por el derecho, rotura de los huesos propios de la nariz y por último un tinitus provocado por el desplazamiento de los huesos del oído. Se recuperaría.

El hombre fue a la cárcel. Decenas de testigos lo vieron, tenían la matrícula, los restos de sangre en el coche y mil evidencias más. No había escapatoria. Tampoco la quería. No se arrepentía de lo que había acontecido y se había hecho justicia. El muchacho se llevó todas las que no le habían dado sus padres, pero en una sola sesión, y él iba a cumplir condena. Cuando no tienes nada que perder mejor desaparecer y si puedes irte haciendo un favor a la sociedad pues mejor.

Miro al chico a los ojos. Apenas tenía cicatrices.

"De nada. Tú a mí también me la has salvado. Hoy vuelvo a nacer." y ambos sonrieron.

FIN.

Esta historia, leída según qué ojos, puede ser una apología de la violencia o el nacimiento de un admirado superhéroe. ¿Qué preferís?

Un beso para todos.