sábado, 18 de abril de 2009

Decidir. Actuar. Apechugar.

POR LA MAÑANA
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A ver cual falta... el libro de ciencias. Ahí está. Ya están todos. Los 8 Kg que maltratan su espalda todo el día.

Coge la mochila, parece un marine con radio y todo de 1,40 metros de estatura. Va tan metido en sus pensamientos que olvida el bocadillo del recreo.

"¡¡Fede!! Hijo el sándwich, que tengo que estar pendiente yo de todo. Que te ibas sin bocadillo y sin darme un beso." MUAC. Recibe un sonoro beso en la mejilla por parte de su madre y él le devuelve un tímido e insulso aunque ya habitual besito en la mejilla.

"Ay hijo que desaborío eres". Le dice mientras trata de peinarle su anodino pelo negro y liso que va a juego con el resto de su anodina cara.

"Adiós Mamá".

Sale a la calle como cada día. Le esperan 600 metros hasta el colegio los cuales se dividen en el kiosco de Manolo a unos 150 metros de su casa, el buzón de correos, a 350, la tienda de chuches a 500 y finalmente el cole.

El camino de ida se le hace aburridísimo de sólo pensar que hoy es miércoles y como todos los miércoles las clases empiezan con Lengua. Odia la asignatura de Lenguaje, es lenta y pesada y la forma de hablar de Don Mariano la convierte en algo exasperante. Pero bueno, al menos le queda el consuelo que a partir de las 11 viene su ansiada clase de matemáticas.

Cabeza gacha, caminar cansino, manos a las correas de su mochila de camuflaje, que ya comienza a parecerle infantil, un pie luego otro pie evitando pisar las líneas que separan cada baldosín de la acera. Tampoco vale pisar las grietas de las baldosas rotas se dice a sí mismo y sonríe vagamente.

Por fin el Kiosco.

Espera a su amigo Miguel, como siempre, detrás del kiosco. Habían decidido esperarse allí por el escaparate lleno de juguetes con el que podían deleitarse durante la espera. Aunque Miguel nunca tardaba mucho, de hecho casi siempre estaba allí. Era muy puntual y respetuoso.

A partir de ahí, acompañado, el trayecto se hace mucho más ameno. Hablan de alguna serie que han visto en la tele el día anterior, de qué harán en el recreo o lo imbéciles que son el grupo de mayores de Víctor y compañía que suele molestarles en los descansos.

Pero ese día el camino se le está haciendo eterno y no sabe exactamente porque. Acaban de pasar el buzón de correos. Madre mía. Aún queda la mitad del camino.

Y entonces Miguel da en el clavo.

"Me han dicho Berta, María y Susana que van a ir a la acampada del finde. Aunque Berta no estaba segura porque igual se va con sus padres a Barcelona o algo así".

Eso era. Eso es lo que no se puede sacar de la cabeza. Lo que lleva rondando ahí unos días y no le deja pensar en otra cosa. BERTA. Hasta se había quedado embobado mirándola en clase de ¡¡¡matemáticas!!! Teniendo que recuperar después es casa. Era un caso perdido. Nunca podría hablar con ella.

"¡EH! Fede, te estoy hablando".

"Sí. ¡¡Ah!!. Da igual que vengan o no. Si no vienen pues vamos nosotros solos".

"Ya, pero a mi me gusta Susana y se lo voy a decir en la acampada".

"No tienes huevos. ¿En serio?"

"Claro tío. ¿A que voy a esperar? Como dice mi padre. Si quieres algo cógelo, no esperes que venga sólo".

"Supongo…".

De pronto se encuentran ya en la puerta del colegio, con esa conversación que han mantenido y Berta rondándole por la cabeza no se han parado ni a comprar los regalices de rigor en la tienda de chuches.

"Te veo a la salida. Fede".

"Vale".

POR LA TARDE
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Está esperando a Miguel en la puerta del cole imaginando a las X’s y las Y’s de las ecuaciones quedando después de clase a jugar un partido de fútbol. Para matar el tiempo solía imaginarse historias de este tipo y reírse para sus adentros. Miguel se retrasa más de la cuenta cuando se acerca Berta por detrás.

"Hola Fede. Hoy tengo que ir a casa de mi tía al lado del kiosco de Manolo ¿os puedo acompañar a Miguel y a ti?"

"Cl.. Cl.. Claro Berta. A ve.. A ver si viene Miguel que ya debería estar aquí" Dice tartamudeando por los nervios y la sorpresa, mirando el reloj con provocada expresión de impaciencia.

Un coche bastante familiar para enfrente de ellos y de él se baja Miguel un tanto apurado.

"Lo siento Fede. Se me olvidó decirte que hoy me llevan al dentista. Mañana te veo." Y rápidamente sin ni siquiera percatarse de la presencia de Berta se mete en el coche a toda prisa y se va.

No lo puede creer. Va a estar a solas con Berta un buen rato. Una jugarreta del destino que tiene que aprovechar.

"¿Nos vamos?" dice Berta.

“Vale".

Y a partir de ahí. Silencio. Las manos le comienzan a sudar casi desde el minuto uno de empezar a andar. Cada frase que se le viene a la mente es detenida por su cerebro, o su corazón, antes de pronunciarla. Pasan la tienda de chuches. ¿¿¡¡YA!!?? puff, que rápido pasa el tiempo. Sí, ya lo tiene. Le hablaría de la acampada, del fin de semana que venía. Un tema perfecto que incumbe a los dos.

La mira para comenzar a hablar y entonces se queda embelesado mirando sus ojos ovalados y verdes, rodeados por aquellas enormes pestañas. El pelo largo, liso y brillante recogido en una coleta que le entran ganas de acariciar. Cuando ella se da cuenta que la mira le sonríe con esa sonrisa que por alguna razón se había metido en su memoria y no quería salir. Ni él quería que saliera.

"Toc. Toc. ¿Estás ahí? Estás muy callado Fede."
"No me encuentro muy bien. Supongo que será la alergia, ya sabes que soy alérgico a todo. O algo del comedor que me haya sentado mal. Mi madre dice que tengo el colón peor que mi abuela. ".

"¿El qué? JAJA que raro eres.".

"JEJE". Un rayo de vergüenza cruza su adolescente mente por la estúpida risita que acaba de soltar mientras se imagina al muñeco verde del semáforo desternillándose de risa señalándole con el dedo.

Según Berta dice eso de "que raro eres" pasan por el buzón de correos. Tiene que hacer algo. Ha esperado ese momento durante todo el año pasado y lo que llevaban de este. Desde que les habían cambiado de clase no había podido o no se había atrevido a hablar con ella.

El sudor de las manos se extiende al resto del cuerpo, sobre todo a las partes donde ya comienza a aflorarle vello. Siempre puede poner la excusa de que se debe a los 8 KG de mochila, aunque a ella, que lleva elegantemente una carpeta cruzada entre las manos, le parecería una tontería de argumento.

Por fin se decide.

"¿Va.. Vas a ven.. venir a la acampada?"

"Mira hay está el kiosco.”

¿¿Ya??. Piensa él.

“Muchas gracias por acompañarme Fede. No sé si iré aún, igual me tengo que ir a Barcelona. Ya veremos".

Y con un grácil movimiento de la mano, da media vuelta, haciendo saltar graciosamente su coleta, le da la espalda y se va.

Los siguientes 150 metros se los pasa odiándose a sí mismo. Odia su endeblucho cuerpo, sus insulsos rasgos que no dicen nada a nadie y todo su cuerpo en general. Está empapado en sudor con la camiseta pegada a la espalda y deseando llegar a su habitación, tirar su inmensa mochila al suelo con rabia y quedarse mirando a la ventana pensando toda la tarde en Berta.

16 AÑOS DESPUÉS
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Y aquí me encontraba hoy hoy. 16 años después en una iglesia. Observando a Berta en el estado más hermoso imaginable. Aunque para mi superaba con creces mi imaginación.

De pie en el altar. Maquillada a la perfección, ahí estaban, sus ojos y sus pestañas, volviéndome loco de nuevo, el pelo recogido otra vez pero esta vez con una bellamente adornada diadema y un precioso velo. Su cuerpo, ahora de mujer, había crecido con ella regalándole una esbelta figura que conjugaba delgadez y curvas en una proporción que se me antojaba áurea. El vestido tenía las cualidades perfectas para cubrir tan bella percha. Era precioso a la vista, ceñido al tacto y su diseño invitaba cortés pero discretamente al deseo. Dejaba volar libre el cuello y los hombros de Berta. Sin duda una de las partes más hermosas y sensuales de su cuerpo.

Su sonrisa, aunque se adivinaba nerviosa e impaciente, rebosaba una felicidad nunca vista antes lo que la hacía aún más extraordinaria. Conocía cada arruga que se formaba en su cara cuando se reía después de tantos años de observación. Me la sabía de memoria y nunca me cansaría de ella.

Y yo vestido de gala. Esperando nerviosamente a que el cura pronuncie las palabras mágicas y ponga fin a tan angustiosa espera. De pie mirándola fijamente. Rebosando amor por cada poro de mi cuerpo.

Por fin. Se hace el silencio. Llega el momento. La felicidad de Berta es total y con ella la mía.

Primero el Cura. Luego ellos. Y luego yo.

Miguel y Berta se dieron el "sí quiero" en el altar y yo, a cinco metros en primera fila, callé para siempre al igual que callé hace 16 años.

Un beso para todos.

6 comentarios:

  1. Ouch!
    grandes clásicos de ayer y de hoy, verdad?
    un besico Toño

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  2. Sip sip.. hay que andarse rápidos.. que siempre hay alguien más avispado para aprovechar tu despiste..
    Que chulo Ñete!!! besos!!

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  3. pues yo creo que los fedes del mundo son unos pavos, yo soy mas como miguel, a po todas y si no otro tren pasara.
    besos

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  4. Di que si Eva que tu hermano es un emapanao que pierde mucho el tiempo en tonterias y no va a lo q tiene q ir. Mas vale que se dejase de gilipolleces y viviera el presente.

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  5. precioso, pero se veia venir.
    un beso.
    ixi

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  6. Precioso!
    Pero... ¿por qué será que lo veía venir? Hay que agarrar el toro por los cuernos!!!
    Muxutxus!!

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