Hablando con una amiga el otro día me dijo que hacía mucho que no escribía. Me dio tres palabras y me dijo en plan coña que hiciera una historia. Que imaginara algo y lo escribiera basándome en esas tres palabras.
Pues aunque al principio lo tomamos a cachondeo al final algo se me ocurrió y aquí está. Las palabras eran Árbol, Ratón y Paraguas. No podía ser otra cosa que una fábula.
Erase un vez un ratoncito muy pequeño que vivía en una desértica llanura que él mismo llamaba "Planicie". Le había puesto ese nombre porque era un llano castigado duramente por el sol y en el que el agua y la sombra eran bienes muy preciados.
Vivía en un "Enrevesado". Era una excepcionalmente rara especie de árbol que podía soportar sequías larguísimas y temperaturas muy altas. Su tronco estaba prácticamente hueco y era perfecto para que nuestro ratoncito creara un hogar en su interior. No tenía hojas ni frutos y sus ramas formaban un intrincado laberinto que hacía imposible seguir una de ellas desde su origen hasta su final.
Sólo llovía en abundancia una vez al año y ese día y los venideros, hasta que el sol evaporaba toda el agua de la tierra, nuestro ratoncito trabajaba duro para recoger toda el agua que podía y almacenarla en el interior del enrevesado.
No sólo la utilizaba para beber. También cultivaba semillas de secano y aprovechaba la escasa sombra que le daban las yermas ramas del árbol para que le duraran lo máximo posible. Apenas conseguía alimento pero era mejor que nada.
Un buen día nuestro ratón se despertó por la mañana, abrió la puerta de su enrevesado, se desperezó y al volver a focalizar su mirada no pudo creer lo que vio. Una sombra enorme y circular invadía su porche e iba incluso más allá, hasta proteger del sol sus minúsculos cultivos.
Sorprendido por aquella visión salió a la calle esperando que el sol le quemara el cogote como era habitual pero no lo hizo porque la sombra era real. No era una visión. Levantó la vista hacia la copa de su enrevesado y ahí estaba. El culpable de aquella sensación tan placentera. Un enorme paraguas se había quedado enredado en algunas ramas de la copa de su vivienda.
La sombra provocaba que el agua que almacenaba en el enrevesado aguantara más sin evaporarse y que sus cultivos pudieran crecer en extensión. Este le llevó a pensar en preparar un sistema de riego con el agua extra que le permitiera cultivar otro tipo de semillas más húmedas. Parecía que iba a poder almacenar cosas de un día para otro, o incluso de semana en semana ya que el insensible e implacable sol dejaba seca cualquier cosa que se quedara a la intemperie durante un par de horas.
Se puso manos a la obra. Los meses pasaron y poco a poco fue llevando a cabo, no sin esfuerzo, cada uno de sus proyectos. Cuando las necesidades básicas fueron cubiertas comenzó a disfrutar de la sombra que ahora bañaba su porche.
Ahora podía tomar el sol unos minutos y volver a la sombra a disfrutar en una tumboncita, con sus gafas de sol y un gran vaso de agua de la brisa que corría por planicie. Este ritual comenzó a convertirse en un hábito y por unos días se dedicó a la vida contemplativa.
Una noche se despertó sobresaltado. Un sonoro trueno le había despertado. Salió del enrevesado a toda prisa. La noche era muy cerrada y apenas se veía nada. El viento soplaba con mucha fuerza y hacía que sus orejas se le vinieran a la cara continuamente. Notó como la primera gota caía sobre su nariz y como si fuera una eficaz mensajera, que al tocar tierra hubiera alertado a todas las demás, un aguacero enorme comenzó a caer sobre Planicie. ¿Tocaba ya el día de lluvia? ¿Cómo podía habérsele pasado? Miró hacia arriba sujetándose las orejas con una mano y tratando de tapar la lluvia con la otra, no veía nada, pero en ese momento un espectacular relámpago que iluminó el cielo le mostró la silueta de su paraguas apunto de ser arrastrado por el fuerte viento.
Saltó como una exhalación al tronco del árbol y comenzó a escalar a toda velocidad. Sus patitas traseras lo impulsaban lo más rápido posible y sus diminutas uñas delanteras ejercían de improvisados piolets lo mejor que podían. No le iba a dar tiempo, notaba como con cada ráfaga de viento el paraguas se desprendía más de las ramas del enrevesado. Algunas incluso se rompían debido a su sequedad. Ya faltaba menos. Su tren inferior comenzó a encalambrarse y la unión entre las uñas y la carne de las patas delanteras ya llevaba sangrando un rato. Daba igual. Ya estaba casi. Lo tenía a su alcance. Trataría de sujetar y conservar al causante de su felicidad y su bienestar actuales. No era justo perderlo, había trabajado mucho en el riego, la remodelación del porche y los nuevos cultivos. Una última ráfaga de viento muy fuerte le hizo retroceder unos pasos justo en el momento que iba a conectar con el mango del paraguas. Soltó una maldición, se quitó las orejas de la cara y entonces lo vio. El crujido sonó como si se le hubieran roto todos los huesos del cuerpo, la última rama del enrevesado no aguantó la furia del viento y cedió, dando vía libre al paraguas y permitiéndole salir volando en busca de otro lugar donde engancharse.
Abatido y exhausto el ratoncito bajó del árbol y se quedó bajo la lluvia tendido en el suelo llorando. Debería ponerse a recolectar agua lo más rápido posible, tenía que volver a su vida anterior. Pero no tenía fuerzas. Llorando desconsoladamente se quedó dormido.
Lo que pasó después se lo dejo al lector. Sólo dos pistas. Cualquier cosa dos horas al sol se seca y muere, y antes del paraguas se malvivía pero se sobrevivía. Venga esos optimistas!!!
Un beso para todos.
MORALEJA:
Tenemos tan desarrollado el sentido de la propiedad que cuando algo extraordinario, que nada tiene que ver con nuestros actos, se planta ante nosotros nos acostumbramos a sus ventajas rápidamente. Así, pasado un cierto periodo de tiempo, se instala en nosotros la sensación de que nos pertenece. Lo tomamos como algo que siempre estará ahí, comenzamos a prestarle menos atención sin querer y un buen día....se va de la misma forma que vino. Fortuitamente.
Se dice que puedes prolongar la estancia de ese algo cuidándolo con mimo y dedicación pero al no poseerlo ni controlarlo un buen día simplemente se va.
Lo bueno es que todos podemos ser ese algo algún día ;) Lo verdaderamente importante es disfrutar de ello el tiempo que dure.
jejejeje Jode tio que historia mas guapa :P.
ResponderEliminarVes si esq... eres un maestro de la escrituraaaa.
Te acuerdas del lector?? jejejej
pues tio...
Aveces estas pequeñas historias que escribes hacen sacar una sonrrisa y hacen olvidar un poco todo los q nos rodea metiendonos en ellas. ENGANCHAN :P
jejejej me ha gustado muxo Anto, ves con tres palabras sin sentido haces q todo cobre vida.
Un saludo
PD: Si tio la vida es asi de triste,no se sabe disfrutar de las cosas cuando se tienen porq como estan ahi no las valoras y cuando ves q se van es cuando no quieres q se vayan porq quieres tenerlas. Como la vida misma tio, naces vives y te mueres.
Muy buena, pero... ¿por qué será que antes de empezar a leer ya sabía que la historia no tendría un final feliz?
ResponderEliminarTe propongo otro reto... utiliza las mismas palabras para crear una fábula con final feliz :)
Muxus!
es buenisimo, me ha encantado.
ResponderEliminarlo cierto es que pasar de lo malo a lo bueno y luego tener que volver a lo malo, sabiendo que hay algo más ed durillo, asi entiemdo que el raton se querdara dormido soñando con los último sy maravillosos dias pasados, al fin y al cabo su existencia era terrible, y tener consciencia de ello es peor aun.
yo creo que te has vuelto a superar pero estoy con secret dreams, que tal una historia con final feliz, que hijo! siempre me queda el sabor agridulce de la derrota cuando leo tus historias.
te quiero
Ninguna historia tiene final feliz. A mi me gustan mas estas que escribes. Por que eres asi es tu vida cada historia q cuentas en el fondo es lo mismo.
ResponderEliminarUn corazon solitario herido y sin amor que nunca se podra curar porq no hay antidoto para ese mal.
Pero bueno cada uno tiene su sino.