Como dos balas perdidas,
dos almas viven sus vidas,
sin conocer en principio,
ni el origen ni el destino.
Y caminan sin control,
a toda velocidad,
por diferentes parajes,
sin importarles la edad.
Sintiendo el viento en la cara
sin llegar a detenerse,
ambas se sienten muy libres,
esclavas son de su suerte.
Que por mucho que lo intenten
ya nunca podrán cambiar,
pues la dirección tomada,
queda de nuevo al azar,
cuando sin querer rebotan,
con las distintas paredes,
que ha dispuesto su destino,
que les enseña los dientes.
Y entre rebote y rebote,
pierden su velocidad,
para saber que algún día,
solas solitas caerán,
De rápidas se hacen lentas,
de inocentes escarmientan,
después de mucho volar,
ya desean estar muertas.
Caer por fin y no pensar,
de que gatillo salieron,
las razones de su vuelo,
ni a donde iban a parar.
La gravedad se hizo fuerte,
la velocidad bajaba,
el final estaba cerca,
la paz al fin se acercaba.
Las dos cerraron los ojos,
dispuestas a aterrizar,
de la mejor de las formas,
su sufrimiento acabar.
Y de pronto algo sintieron,
era un intenso calor,
en los costados de ambas,
que grata la sensación.
Sus aleaciones fundidas,
el choque lo provocó,
al suelo cayeron juntas,
inseparables las dos.
La lógica de la física,
que tantos años duró,
les obligaba a pensar,
que se enfriaría el calor.
Pero cual fue su sorpresa,
cuando una llama salió,
de la fusión de ambas balas,
era el fervor del amor.
Y olvidaron ya su vuelo,
su disparo y su dolor,
volvieron a estar perdidas,
perdidas en la pasión.
Cuando se van a la cama,
abrazaditas las dos,
el silencio las envuelve,
y escuchan con atención,
el silbido de mil balas
que vuelan con descontrol
llorando desconsoladas
buscando una colisión.
dos almas viven sus vidas,
sin conocer en principio,
ni el origen ni el destino.
Y caminan sin control,
a toda velocidad,
por diferentes parajes,
sin importarles la edad.
Sintiendo el viento en la cara
sin llegar a detenerse,
ambas se sienten muy libres,
esclavas son de su suerte.
Que por mucho que lo intenten
ya nunca podrán cambiar,
pues la dirección tomada,
queda de nuevo al azar,
cuando sin querer rebotan,
con las distintas paredes,
que ha dispuesto su destino,
que les enseña los dientes.
Y entre rebote y rebote,
pierden su velocidad,
para saber que algún día,
solas solitas caerán,
De rápidas se hacen lentas,
de inocentes escarmientan,
después de mucho volar,
ya desean estar muertas.
Caer por fin y no pensar,
de que gatillo salieron,
las razones de su vuelo,
ni a donde iban a parar.
La gravedad se hizo fuerte,
la velocidad bajaba,
el final estaba cerca,
la paz al fin se acercaba.
Las dos cerraron los ojos,
dispuestas a aterrizar,
de la mejor de las formas,
su sufrimiento acabar.
Y de pronto algo sintieron,
era un intenso calor,
en los costados de ambas,
que grata la sensación.
Sus aleaciones fundidas,
el choque lo provocó,
al suelo cayeron juntas,
inseparables las dos.
La lógica de la física,
que tantos años duró,
les obligaba a pensar,
que se enfriaría el calor.
Pero cual fue su sorpresa,
cuando una llama salió,
de la fusión de ambas balas,
era el fervor del amor.
Y olvidaron ya su vuelo,
su disparo y su dolor,
volvieron a estar perdidas,
perdidas en la pasión.
Cuando se van a la cama,
abrazaditas las dos,
el silencio las envuelve,
y escuchan con atención,
el silbido de mil balas
que vuelan con descontrol
llorando desconsoladas
buscando una colisión.
A ver si poco a poco trato de recuperar todo lo que Repsol me ha quitado. Y lo pongo en verso también JEJE ;)
Nueve meses de mi vida,
la desidiá consumió,
trabajar sin hacer nada,
pura desesperación.
Mi cerebro se pudría,
y con él todo mi ser,
si algún día fui creativo,
no lo recuerda la piel,
de las yemas de mis dedos,
que vuelven hoy a sentir,
el tacto de mi teclado,
con el placer de escribir.
Un beso para todos.
Que bonito, por fin una historia con final feliz. Solo puedo decir: ¡quien fuera bala! Jeje...
ResponderEliminarBss. Soni.
enhorabuena por lo que de esa chispa te toque.
ResponderEliminarbesitos nos vemos pronto, por cierto mañana me voy de marchuqui ya te contare.