Primer día de piscina. No es que sea el primer día que la abren sino el primer día que me atrevo a bajar. Como ya está bien entrado Julio he pensado que habrá más gente de vacaciones y en la palabra gente también se incluye la palabra niños.
Parece que he acertado, todo está tranquilo. Solo me separa de la piscina vacía y del agua reparadora y fresquita la silla del socorrista y un arsenal de corcho-panes apilados con sorprendente orden a su lado. Respiro aliviado, ni gritos, ni persecuciones, ni balones, ni nada por una tarde Sólo un buen libro, la brisa en la cara, el tacto fresco de la hierba en los pies y el sanador sol nutriendo mi piel y eliminando las impurezas de la oficina eterna.
Doy un suspiro breve que rezuma paz y me dispongo a dar el primer paso hacia el relax cuando oigo a lo lejos una especie de trotar, Jumanji, como una estampida de animales salvajes. Estos no son animales salvajes, lo sé por sus voces agudas y penetrantes, ojalá lo fueran porque al menos no hablan. Giran la esquina, yo les miro con pavor. entre 13 y 15 niños vienen corriendo con sus horripilantes ruidos de chanclas al correr, su gesto, erróneamente socializado como de felicidad, cuando claramente es de cabroncismo sin escrúpulos, su mirada de egoísmo limpio y virgen al que la razón aún no ha tocado y esa perversión suprema oculta por sus entrañables sonrisas dibujadas en sus pequeños labios.
Van armados hasta los dientes, no les falta ni un detalle, balones, pistolas de agua (de las pequeñas, de las grandes y de las enormes), frisbies y, como buen ejercito, tienen su abanderado, ese niño que no sé si lleva el traje de Cristiano Ronaldo tatuado en la piel o es que tiene miles de ellos porque JAMAS le he visto vestido de otra forma, que, como no, lleva un pito.
Pero algo ocurre en mi interior. Mi sentimiento de pavor cambia con el primer PIIIIIIIII del maldito pito. Todo se pone como a cámara lenta, los bordes de mi percepción se difuminan y cada elemento de mi alrededor toma tonalidades azules. Mi miedo se transforma en valor y mi odio en ansias de venganza. Llevo una armadura de oro brillante, preciosa e increíblemente ligera y un casco con un águila imperial que me hace solemne, enorme, invencible.
Donde antes había corcho-panes ahora hay un nutrido armero. Lo primero que tomo es un bate de béisbol pero no pega con mi armadura, sigo buscando como Bruce Willis en Pulp Fiction, ¿una sierra eléctrica? No, ¿unos nunchakus? No, ¿martillo? hummm no, ¿cuchillo de carnicero? demasiado corto, no. Doy la vuelta completa al armero y por fin encuentro lo que busco. UNA KATANA. Ahora sí.
Me vuelvo hacia mi enemigo natural ahora que estoy listo para la batalla, los niños se han convertido en zombie-niños!!!! Unos 5 metros les separan de mi, vienen corriendo sin control, gruñendo. Me abalanzo hacia ellos Katana en mano y gritando lleno de furia. El primero en caer es el gordito del portal 5 que siempre lleva algo o de helado o de chocolate en la mano y lo devora con ansia viva manchándose los mofletazos. Como te gustan tanto los bollos tooooooooma este katanazo al estómago ZASCA!. Los siguientes son otros tres que nunca había visto, se lanzan sobre mí, golpeo abajo, arriba, corto, tajo, rajo, una sangre azulada comienza a salpicar mi cara desencajada por completo con una mueca de pleno éxtasis de destrucción AAAAAAARRRRGGGGGGGGG!!!!!
Oigo el pito sonando sin descanso a lo lejos PIIIII, PIIIIIII. Paciencia Cristiano. Todo a su tiempo. Tengo un segundo para elegir objetivo, no lo dudo, es mi día de suerte. Ahí están mis tres vecinitos. ZASCA!!!! primero el mayor por el que tantas veces he sido despertado escuchando su nombre en la voz desgarrada de su madre porque había hecho una trastada. Tajo en la nuez. Después la pequeña, tan rica ella, tan mimada y llorona y con ese tono de voz insoportable, ZASCA!!!! golpeo su boquita con la empuñadura y en su recular le asesto un katanazo en la raya de las coletas. Una menos. Y luego el mediano, el de la cara especial según su madre y el de la cara de retrasado según yo, ZASCATRASCA!!!! rodilla, pecho, yugular, un movimiento perfecto, eso por todas las siestas que se han ido al limbo por gritar a lo Sloth durante horas en el descansillo (Nota para sensibles: No es subnormal de verdad).
Exhausto, trato de coger aliento. Solo queda uno. El mini CR7. En ese momento posee todas las características posibles para merecer la muerte, incluido el peinado del falso y papanatas crack portugués. Noto el temor en su mirada al percatarse de que estoy totalmente fuera de mí, mis ojos inyectados en ira deben ser muy intimidatorios. Me dispongo a asestar el último golpe de la batalla. Voy a partir en dos a ese pseudofutbolista niño-zombie. Apenas ofrece resistencia, sus ojos son como dos huevos a punto de salirse de su cara mientras el filo de la katana corta la mantequilla de su cerebro, hasta el pito que sujetan sus labios es cortado milimétricamente por la mitad. Continúo bajando imaginando como se rompe el siete que nunca mereció llevar, hasta que las dos mitades caen con un golpe entre sordo y viscoso una a cada lado.
Un Zombie enorme, apestoso y pustuloso, del que no me había percatado, aparece detrás del mini CR7 justo en el momento de partirse en dos. He dado tantos golpes precisos y letales que debo llevar un combo x52 por lo menos, así que noto aun más energía en mi cuerpo y me lanzó hacia el Zombie gigante impetuosamente.
Le asesto un golpe mortífero, el mejor de mi repertorio. Cuanto más grandes más pesados caen pero mi impacto no le causa ningún daño. Coge mi brazo como si fuera una barra de pan y me levanta del suelo. GGRE GGRRÑO GRRRF. Parece que quiere decirme algo. Quedo absolutamente sorprendido por este hecho y me distraigo. Rápidamente suelta mi brazo y me coge de las axilas, me levanta y me lanza al suelo.
En pleno vuelo mi percepción vuelve lentamente a la normalidad, los bordes ya no están difuminados, los colores vuelven a tener sus tonos normales, el zombie grandullón no es tal sino que es el padre del niño gordito, ya no tengo mi preciada armadura, el sol me quema la cara sin mi casco y en vez de una katana letal tengo un corcho-pan rojo en la mano derecha.
-¿Pero qué coño haces? - Me grita el grandullón.
Desconcertado aún miro lo que hace un segundo era el campo de batalla. El socorrista tiene la boca abierta de par en par, no da crédito, y a su alrededor puedo ver a un montón de niños, algunos llorando, otros frotándose las distintas articulaciones doloridas, rodillas, codos, hombros, mi vecinita con una mano en la boca y otra en la cabeza. Ninguno con grandes daños, como mucho alguna rojez corcho-panil, por ejemplo en el estómago, como el gordito.
- Nada, nad....- No puedo ni mirar al hombre a los ojos. Está furioso - Es que no me he tomado la medicación. - Alcanzo a balbucear.
Sonrío levemente pero nadie me devuelve la sonrisa. Aterrado por lo que ha pasado y por la situación en general. Huyo corriendo hacia mi casa. Avergonzado me meto en la cama, aunque sea por la tarde, y me acurruco. Espero represalias pero pasan las horas y éstas no llegan. Nadie debe saber donde vivo. Cuando mi cuerpo se relaja un poco comienzo a pensar que no me arrepiento tanto de lo ocurrido. Nada, en realidad. Me gustaría saber como me juzgaría Dios, si existiera, cuando me muera por estos actos. Me río sarcásticamente para mis adentros mientras ese pensamiento atraviesa mi consciencia y Caigo dormido.
Sueño que estoy en las puertas del cielo. Se abren para mí. Nadie sale a recibirme. Entro. Una larga escalera de nubes acaba en un edificio blanco impoluto con un cartel fluorescente intermitente enorme que pone BAR. Las subo. Me acerco a la puerta, ya puedo oír el frenético piano cancanero, pero cuando voy a abrir un tío con alas sale lanzado como en las pelis del oeste y cae mullidamente en la escalera de nubes.
- Vete de aquí y vuelve cuando tengas almas con las que pagar!!! - Dice alguien desde dentro.
El ángel se levanta se sacude el polvo de nubes del cuerpo y haciéndome un gesto despectivo se marcha. Entro en aquel extraño lugar.
No hay decoración, todo está hecho de nube, la barra, las mesas, el piano y las escaleras al piso superior. El ambiente es increíblemente acogedor, una sensación de bienestar me invade inmediatamente, la música con la que el pianista ameniza la escena suena muy pura, nada que haya podido oír antes. Las notas son las mismas pero tienen algo que no sé explicar que le llega a uno bien adentro y le tranquilizan, le pausan.
A parte del barman, el pianista y un par de bailarinas no hay más gente en el bar, todas las mesas están vacías salvo una de la grandes. Seis hombres parecen estar jugando al póker y bebiendo un líquido blanco vaporoso que les mantiene ebrios. Pero ocurre algo muy raro. Cinco de ellos, los que llevan alas y visten togas blancas, tienen las 5 cartas dadas la vuelta, es decir enseñándolas a los demás en lugar de guardarlas para ellos. El sexto hombre, que lleva una toga que brilla como una centella en una habitación oscura, una larga barba blanca y una gorra con una especie de triángulo pintado, sin embargo, las tiene escondidas, es el único que no las muestra al resto. Se atusa el bigote mientras piensa la siguiente jugada mirando sin pudor las cartas del resto de jugadores. De pronto sus ojos se clavan en mi.
La música se para, siento que toda la expectación confluye en mi. El hombre de la toga brillante suelta una carcajada y suelta las cartas por el aire.
- Mira quien tenemos aquí- exclama jovial - Estaba deseando que llegaras para juzgarte por el numerito de la piscina. - dice mientras no para de reír.
- Bueno... yo... - Comienzo a decir sin mucho confianza - no estoy totalmente orgu...
- Cállate antes de que digas una tontería muchacho- Me corta - Hacía que no veía a alguien interpretar tan bien mi forma de jugar a este juego que casi se me saltan las lágrimas. Solo te pondré un pero HIP!, a parte de los niños deberías haber acabado también con los padres HIP! pero no te preocupes – amplió aún más su sonrisa – Ya le pillarás el truco.
Estaba visiblemente borracho y quizás por eso no paraba de reír. De no estar en el cielo y ser Dios sus pómulos estarían enrojecidos, pero allí todo era blancura y pureza. Después de una pausa con la mirada distraída y en la que parecía que se iba a quedar dormido, un traspiés le sirvió para arrancar de nuevo el discurso.
- Gabriel!!! Gabriel!!! ¿donde demonios te has metido? HIP! - El sonido de un trueno se escuchó con fuerza fuera del bar justo después de decir la palabra "Demonios".
Un chico con unas alas esplendorosas, una armadura como la que había portado yo en la piscina pero plateada y una espada azulada de hoja ígnea se precipitó apresuradamente escaleras abajo segundos después.
- Aquí estoy señor.- Dijo casi sin aliento- A sus órdenes.
- Déjate de formalidades que hace mucho tiempo que sabes que no mereces esa armadura ni esa espada. Ni esas alas demonios!!- Otro trueno puso guinda a la reprimenda. - ¿Qué haces ahí arriba que no estás haciéndome justicia en la tierra? Este chico ya no es lo que era.
El tal Gabriel quiso responder algo pero se tragó sus palabras al apuntarle el viejo con el dedo y soltar un SIISHHT que helaba la sangre.
- Dale tus bártulos a este joven que será el nuevo arcángel HIP!.
- Pero señor...
- Sin rechistar!!! HIP! Y prepárate para envejecer que no te será tan fácil acostarte con nuestras celestiales prostitutas del piso de arriba a partir de ahora. JAJAJJA HIP! JAJA - A la carcajada del viejo se unieron los demás como un grupo de cotorros monos de repetición.
Mientras tanto yo asistía a la escena sin saber muy bien qué hacer, qué decir, o cómo actuar. Hice exactamente lo que se pretendía de mí en ese momento. Nada.
Gabriel mirándome con ira chascó los dedos, y sus alas, armadura y espada se desprendieron de él suavemente y envueltas en un halo azul volaron hacia mí. Algo me levantó del suelo y ya en el aire las alas se colocaron en su lugar en mi espalda, la armadura se acomodó como un guante a mi cuerpo y la espada apoyó su empuñadura en la palma de mi mano que se cerró inconscientemente sobre ella.
- Así está mejor - Bramó el viejo tan borracho que casi no se tenía en pie. - Ven muchacho HIP! - dijo cogiéndome del hombro - Ven conmigo y siéntate con nosotros antes de comenzar tu tarea. Bebe - dijo ofreciéndome una copa de nube llena de aquel líquido blanco vaporoso- Bebe HIP! que mañana será otro día. Desde hoy te dedicarás a hacer HIP! que mi voluntad se cumpla en la tierra. Y mi única lección es esta: Con la borrachera que tengo ahora mismo HIP! mañana no me levantaré a tiempo de evitar que una inundación se cobre unas 13000 vidas en el sur de Asia.
Hizo una pausa para darle gravedad a sus palabras. Se puso muy serio. Todos callamos. Algo hacía que escucháramos a ese viejo dijera lo que dijera. Su voz era como hipnótica. Nos miró uno por uno para que estudiáramos si lo que había dicho estaba bien o mal. Entonces volvió a sonreír y dijo.
- Quiera YO que me dure hasta por la tarde la cogorza porque hay un terremoto en el Norte de México a las 20:00 del carajo!!! JAJAJAJJAJAJAJJA. - Y todos reímos con él jocosamente, incluso Gabriel cambió su gesto adusto y se unió a nuestra mesa dándome un par de golpecitos cariñosos en la espalda.
Despierto. Me descojono y me pongo, por fin, a escribir.
Un beso para todos.
como siempre un placer leerte me he reidi de lo lindo.
ResponderEliminarpd:ya me imaginaba yo que Dios estaba tomando cañas.............
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