Este es otro ejercicio de la escuela en el que había que contar una historia mediante un diálogo pero utilizando al narrador lo menos posible. Yo lo eliminé del todo y quedó esto:
— Eres un cabrón. Y me lo sueltas
así sin paños calientes...
— María, no...
— Cállate pedazo de mierda. No
tienes derecho ni a hablarme. Es que, es que, no sé qué decirte, bueno, sí lo
sé pero no sé por dónde empezar. ¿Cómo has podido? ¿Es que no tienes ni una
pizca de decencia?
— María por favor...
— ¡Que te calles! Con la maldita
dependienta. Si ya sabía yo el día que la contrataste. Pensé ¿pero por qué una
dependienta de papelería cutre de barrio tiene que tener esas pedazo de tetas?
Joder, con esa cinturita y esa carita de muñeca de porcelana tenía que estar en
la pasarela Cibeles o en la esquina de Montera. Aunque luego si te fijas tiene
granos que se tapa con maquillaje y los ojos demasiado juntos y oculta muy bien
ese par de revólveres que tiene por caderas con esas falditas cursis del Bershka...
venga coño que ya no tiene 15 años tampoco...¿quien se cree? Tiene edad de
vestirse en Amitie no me jodas.
— ¿Me dejas que te explique?
— Que no me dirijas la palabra.
¿Serás capullo? Es que me acuerdo de cosas y me pongo enferma. O sea que los
días que te hacía los recados con los proveedores de la tienda porque tú tenías
que cuadrar la caja u ordenar el almacén o esas cosas qué, claro, ahora me doy
cuenta, eran excusas de mierda, ¡si un día hasta me dijiste que llegabas tarde
porque se te habían caído unas cajas de clips y los tenías que recoger!, pero
vamos, que todos esos días que yo te hacía los recados, tú te estabas follando
a la dependienta en mi cara, como aquel que dice.
— No, María, lo de los clips era
verdad, espera...
— Es que estoy flipando. Y ahora
vas y me dices que solo hace dos meses de esto. Y yo me lo tengo que creer ¿no?
y además da igual si me lo creyera, ¡dos meses!, joder Manolo, ¡dos meses!, que
dan para mucho. Pero ¿te crees que me chupo el dedo? … Ya estoy llorando joder
y no te lo mereces.
— Claro que no me lo merezco.
— ¡Qué morro tienes! No te pongas
de victimita ahora. Qué asco me das. O sea que es por eso que no me tocas desde
hace dos meses ¿no? Por lo menos has tenido la decencia de no hacerlo, ¿qué
mierda decencia? Lo que pasa es que ya no te gusta la mujer que te ha estado
aguantando todos estos años, que te ha soportado las quejas continuas de la
papelería, que ha limpiado las gotas de pis del water que dejas siempre hecho
un asco, que te ha sujetado la cabeza en las vomitonas después de irte con tus
amigotes de juerga abusando de mi confianza. Te he prestado dinero, he hecho
buenas migas con tu madre y tu padre me adora, he abandonado a todos mis amigos
por salir con los tuyos. Por lo menos como no me has tocado no se me ha pegado
nada de esa fulana. Es que cuando la vea, se le van a caer los postizos de la
ostia que le voy a dar.
— No exageres, por favor, que el
dinero te lo he devuelto y con intereses, hace que no salgo con mis amigos siglos,
las tareas del hogar hace tiempo que las hago yo y de los del sexo mejor ni
hablar porque ni me acuerdo… deja de llorar ya.
— ¿Qué no exagere? ¿Qué no llore?
Yo haré lo que me salga del coño ¿Será posible? Encima. Vete ahora mismo de mi
casa, pedazo de mierda.
— Me voy a hora mismo. Sólo
déjame decirte algo. ¿Te tranquilizas?
— ...
— Sé lo tuyo con Víctor. Me lo
contó el jueves. Un año con sus doce meses liados ni más ni menos y muy bien
llevado porque yo ni me había enterado. Ni siquiera una sospecha. Tus cambios
de humor, la falta de sexo, las broncas que me echabas sin sentido, todo eso lo
he aguantado estoicamente pensando que era lo mejor para ti, que era la manera
de volver a sacar a relucir la estrella de la que me enamoré. Pero cuando
Víctor me lo contó sentí que no te conocía, estaba viviendo y desviviéndome por
una desconocida. Así que sólo me quedaba una alternativa, ver tu reacción al
mismo crimen que estabas cometiendo. Darte esa oportunidad de redimirte. Y ya
me has demostrado todo lo que necesitaba saber.
— Manolo...no…
— ¿qué?
— …
— No tienes que decir nada María.
Hoy tenía dos posibles caminos o dejarte o perdonarte y me los has puesto muy
fácil. Por supuesto que a día de hoy no me he liado con nuestra encantadora y
bellísima dependienta. Y de lo que pase mañana ya no tengo que rendirte cuentas
¿Todavía quieres que me vaya de mi casa o te queda el mínimo de dignidad
necesaria para irte tú?
—Manolo… Pero… Pero yo… Yo te
quiero a ti.
Buenísimo. Bien escrito, lenguaje creíble y final desconcertante. I like it
ResponderEliminartan clarito, tan directo
ResponderEliminar