jueves, 22 de junio de 2017

Mi Primer Triatlón (Olímpico)

Un reto es aquello que te empuja día a día a superarte. Te puede frustrar o te puede hacer sentir satisfecho pero tener retos es imprescindible en cualquier vida sana. La frustración es una gran maestra y la satisfacción la mejor de las recompensas.

El domingo a las doce y pico y con cuarenta grados a la sombra, o treinta muchos, pasé por la línea de meta del triatlón Villa de Madrid 2017. Había terminado mi primer triatlón olímpico. No tenía ni idea del tiempo ya que tuve que ir a sensaciones toda la carrera porque se me olvidó el reloj en casa. Al principio fue un duro golpe psicológico, para una vez que iba a hacer una distancia tan larga y no lo podía registrar, pero luego me lo tomé con filosofía. ¿Cuál era el problema? iría escuchando a mi cuerpo, disfrutando, sin la presión del reloj.

Al comenzar la natación estaba muy nervioso. El corazón a mil. Subido al pantalán del lago de la casa de campo, a dos metros de enfrentarme al agua con peor fama del planeta, rodeado de tíos con muy buena pinta de triatletas y a punto de afrontar la mayor distancia de mi vida hasta la fecha. ¿Me tiro de cabeza? ¿Se me caerán las gafas? ¿Tocaré el fondo? ¿Salgo el último? Por suerte con los tapones es muy fácil escucharte internamente y muy difícil escuchar el exterior así que respiré profundo y me tranquilicé justo en el momento que dieron el pistoletazo de salida. Me tiré de cabeza, no se cayeron las gafas, no salí ni el primero, ni el último y el agua no estaba tan mal. Me costó encontrar el ritmo en la primera vuelta pero en la segunda nadé mejor que en la piscina, con fuerza, con toda la técnica que sé y con una respiración metronómica. Salí con muy buenas sensaciones.

Tenía todo preparado así que la primera transición fue bien. Pies en la toalla para secarlos rápido, tratar de ponerse los calcetines sin hacer la croqueta (lo conseguí contra todo pronóstico), zapatillas de bici, dorsal, gafas, casco, bici y a rodar. La peor, a priori, de las especialidades para mí. Mi lumbalgia me había avisado sólo una semana antes de que allí estaba, al acecho, y los entrenamientos me decían que a partir del kilómetro 23-26 las lumbares me saludaban como mafiosos armenios a los que debes dinero en un hipódromo. Lo tomé con calma. El circuito era una pasada, subidas y bajadas constantes y ninguna demasiado dura. Muy divertido. En la primera vuelta me enganché a un grupo, algo que nunca había hecho porque siempre entreno sólo, y fui muy muy bien hasta Garabitas que me descolgué. Agua, sales y gominolas anti-fatiga fueron administradas con sapiencia y ayudaron. La segunda vuelta me la hice prácticamente sólo y mi espalda lo notó al final. Estiré lo que pude en las bajadas y milagrosamente llegué entero a la segunda transición.

Zapas de bici por zapas de correr, fuera casco y dorsal al frente. A correr. Mi mejor especialidad se convirtió en mi mayor infierno. En este punto empecé a superar mis límites conocidos y a entrar en los desconocidos, nunca había estado tanto tiempo haciendo deporte y nunca había corrido 10K después de 40K en bici y 1,5K nadando. A eso hay que sumarle mis altas expectativas, ya que la carrera es mi fuerte, o al menos a lo que estoy más acostumbrado, que hacía un calor del demonio y que el circuito era un laberinto muy desmoralizante. Debido a todo esto sufrí, y mucho. Empecé bien pero la fatiga apareció antes del segundo kilómetro. Una fatiga como nunca había sentido. No me dolían las piernas, no me dolía la espalda, la respiración iba bien pero era incapaz de ir más deprisa. Fue una lucha constante conmigo mismo, una batalla voluntad vs cansancio, una lucha del "vamos que tú puedes" vs "déjame en paz, sólo quiero parar". Perdí un par de batallas en las que tuve que pararme dos veces en los avituallamientos para beber agua despacio y sosegadamente pero gané la guerra. Finalmente llegué a la meta levantando los brazos después de los típicos tres golpes en el pecho. Fue un acto reflejo. Nunca levanto los brazos al llegar a meta pero esa vez sí. Me salió de dentro.

Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida por muchos factores. No sólo es la satisfacción personal de conseguir un objetivo que lleva mucho trabajo detrás, es el ambiente que se vive y se respira, es el olvidarte de la podredumbre de espíritu que se mastica día tras día en la sociedad, en la tele, en el trabajo, incluso en otros deportes que han perdido su esencia por masificarse, es mirar a tu alrededor y solo ver, motivación, apoyo, superación y esfuerzo, es ver a tu novia desgañitarse animándote cuando más hundido estás y tener ganas de llorar y sentir un profundo amor, es ver a tu mejor amigo acompañarte en todas las fases de una prueba que él había hecho una semana antes y que se esfuerza de nuevo por ayudarte a ti y sentir una profunda admiración y amistad, es conectar con el esfuerzo máximo de tu cuerpo al llevarlo al límite y el agradecimiento supremo al hidratarlo y mimarlo al terminar, es conectar con tu alma al cruzar las barreras que crees que tienes para que te mire a los ojos y te diga "sabía que podíamos ¿Cuál es el próximo?" Este tipo de experiencias son todo eso y no se pueden vivir pagando por ellas o desde el sofá de casa.

Gracias al que haya llegado hasta aquí por leerme y espero haber puesto una semillita en vosotros que germine en una experiencia como la que yo he tenido. Mucho ánimo.

Próxima parada Maratón de Madrid.

PD: Por cierto y por si a alguien le interesa al final cumplí el segundo objetivo de bajar de tres horas., aunque por los pelos: 2h 57m.

3 comentarios:

  1. Grandisimo Ñet!! Enhorabuena de verdad...se lo que significaba esto para ti y sacaste un sobresaliente muy muy alto!!
    Pd: Y la anecdota de la vaya... ;)
    Dani

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  2. Grande Tonelo! Pero otro reto antes, que la maratón de Madrid queda muy lejos :-) enhorabuena crack que se lo duro que es preparar un triatlon!

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