martes, 3 de diciembre de 2019

La Dedicatoria

̶ Póngale algo relacionado con la pintura. Es pintor ¿sabe usted?

̶ ¿Pero cuántos años tiene?

̶ Seis.

̶ Vaya. Es muy pequeño.

̶ Pero no se hace usted a la idea de cómo pinta. No sabemos dónde ha aprendido. Póngale algo bonito. Hablar no habla mucho pero no se despega de su libro y lo hojea siempre que puede. Desde que se lo regalamos ha vuelto a pintar, muchísimo, sin parar.

̶ ¿Es que lo había dejado?

̶ Sí. Y cuando no pinta grita, grita sin parar, y sufre. Cómo el otro día en el mercado.

̶ ¿Ya lo ha leído con seis años? Vaya. Impresionante.

Estaba disfrutando de aquella firma de libros como nunca en mi vida. Era mi primer ensayo, había puesto mi corazón y mi experiencia vital al servicio de los demás, con la intención más pura de resultar útil, de dibujar un mapa de mis problemas para que los incautos que cometieran mis mismos errores supieran dónde estaban las trampas. Pero la historia de ese niño me había descolocado.

No sabía si aquella mujer de pinta extraña, como salida de una cabaña de un cuento, con su atuendo pueblerino y el pelo como si hubiera metido los dedos en un enchufe, me estaba engañando o no. Si hubiera llevado un gato bajo el brazo tendría claro que estaba mal de la cabeza, pero la intensidad de su mirada denotaba la energía de la autenticidad. Cojo la pluma y escribo:

“Espero que encuentres en estas líneas algo que te resulte realmente inspirador para que puedas plasmarlo en la mejor de tus obras.”

̶ Ojalá le guste, aunque ya lo haya leído.

Le digo con una sonrisa.

̶ Gracias. Muchas gracias señor Gabriel. Le encantará.

La observo salir corriendo con el libro apretado contra el pecho.

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El pequeño círculo de café que se había formado en el fondo de la taza está ya seco. La persiana sólo deja pasar pequeños haces de luz nocturna. La temperatura ha bajado y un escalofrío me devuelve a la realidad después de tantas horas mirando aquel fondo cerámico. Mi mente vuelve a recibir señales del exterior y me trae de vuelta. No quiero volver.

Quiero perderme en el pasado, cuando las cosas iban bien. Cuando al menos no se me pasaba por la cabeza el preguntarme, continuamente, si mi vida tenía algún sentido. Vivía sin más. De experiencia en experiencia. De problema en problema. De amante en amante. Pero este vacío actual es insoportable.

Me cuesta respirar.

Es el momento. Tomo una larga bocanada de aire, agarro la botella de Vodka por el cuello, apuro el último trago y recorro en una eternidad el camino hasta la ventana. Tiro de la persiana, subo un pie al alfeizar mientras con el otro tomo impulso. Como un arco al tensarse. Empiezo a temblar.

̶ ¡¡Gabriel!!

Mierda. ¿Quién era ahora?

̶ ¡Gabriel! Voy a tirar la puerta abajo si no me abres.

Me he visualizado saltando por esa ventana cientos de veces, pero nunca con testigos. El alcohol y las pastillas no entumecen mi cuerpo y mi mente lo suficiente como para que todo de igual, y en ese momento es capital que absolutamente todo de igual porque la más mínima duda te permite bajar a abrir la puerta.

̶ ¿Qué quieres? ¿Quién eres?

̶ Joder estás borracho. Estaba preocupado por cómo te despediste ayer, pero si llego a saber que te ibas a pillar esta cogorza… te podría haber acompañado, bribón.

Es Lucas. Aunque no veo bien su cara ese tono socarrón y ese “bribón” son inconfundibles.

̶ Déjame en paz. Vete a casa.

Y Lucas no dice nada. Se produce un silencio de esos que atronan. Puedo sentir su análisis al mirarme. Su juicio. No sé si lo hace aposta o no, pero sin pretenderlo me pongo a llorar.

̶ Lucas.

Le digo rodeando pesadamente sus hombros y golpeando su espalda con la botella. Él calla.

̶ He fracasado, nada de lo que he hecho en mi vida ha ayudado nunca a nadie. Mis padres, María, las chicas. He arruinado todo lo que he tocado. Mi mayor valor ¿entiendes? Lo que siempre me ha movido, la inspiración, la cosa más bella, arrastrada por el barro, destrozada en una mezcla de lodo y sangre, suplicándome que ponga fin a toda esta mierda. Y yo la miro Lucas, miro esa masa informe y me doy asco. Y le voy a poner fin. Le iba a poner fin cuando me has interrumpido, joder.

̶ Venga, venga, no digas chorradas Gabriel. Lo que necesitas es despejarte un poco. Déjame que te enseñe algo y luego ya puedes hacer lo que quieras con tus barros y tus masas y tus mierdas.

De alguna manera acabo sentado en el sofá del salón con un vaso de algo rojo en la mano.

̶ ¿Bueno qué opinas? Es una nueva estrella de la pintura, un chaval de veintisiete años desconocido hasta la fecha.

¿De qué está hablando? Señala la mesa con el dedo. Mi mirada se posa lentamente en una mancha de colores que parece estar sobre un libro y como un caza que apunta a un blanco en movimiento, mis ojos comienzan a enfocar lentamente aquella mancha. Es una preciosidad, un cuadro absolutamente impresionante.

̶ Pensé que te gustaría ponerlo en el salón. Es el tipo de rollo que te mola.

Tomo el libro con las dos manos y paso las páginas con voracidad. Ante mí pasan obras sublimes, sensibles y detalladas, pero a la vez llenas de fuerza y sentimiento. De pronto me detengo en una. Es una imagen de una mujer saltando por el camino de una alameda, cubierta con un velo transparente mecido por el viento, y una postura extremadamente sensual y deliciosamente inocente. Sonríe con una de esas sonrisas que irradian felicidad total, rodeada de naturaleza, de pájaros danzarines, pero también de zorros escondidos en los matorrales. Es una obra hipnótica que embaucaba el corazón por unos instantes.

̶ ¿Gabriel? ¿Estás bien?

Sin poder decir palabra leo el título.

Una lágrima escapa de la cadena perpetua de mi amargura:

“La Dedicatoria”.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Negociar (Para ganar hay que saber ceder)

Hacía mucho que no escribía en el blog y más aún que no escribía un post de opinión. El otro día me levanté a las tres de la mañana se me ocurrió la idea y dije ¿por qué no? Total, va a dar igual.

Siempre he dicho que todo lo que ocurre en un país, nación, congregación cultural o como queráis llamarlo tiene su base en el caldo de cultivo de su población. Si la población es en general curiosa habrá buenos investigadores, si son solidarios lucharán por las políticas sociales, si son pícaros (corruptos) pues los ocupantes de puestos de responsabilidad serán pícaros (corruptos). Ahora mismo en España vivimos un bloqueo político enorme pero la culpa, que tango gusta expulsar hacia afuera, no es exclusivamente de los políticos. Se supone que ellos están entrenados para NEGOCIAR y lo pongo con mayúsculas, pero ¿Quién en este país sabe algo de negociación?

Negociar es lograr un acuerdo que beneficie a la mayoría a sabiendas de que tendrás que bajar tus expectativas y satisfacer algunas del otro (el no bajar tus expectativas puede considerarse una imposición o un chantaje). Esto que parece de Perogrullo en España no puede hacerse y está quedando demostrado día tras día, reunión tras reunión, elección tras elección. Y no es por los políticos, ellos solo venden lo que sus votantes quieren oír, es por la incapacidad negociadora de la población.

¿Cómo va a negociar un político si desde los medios de comunicación lo venden como un tránsfuga o un traidor a su ideología y la población lo compra sin pestañear? ¿Cómo no lo van a comprar si la capacidad negociadora de la micro gestión de un individuo es casi nula? o es que acaso cuando hay una discrepancia, que es cuando una negociación tiene sentido, ¿sabemos negociar con nuestra pareja o con nuestro empleador o empleados, o sabemos negociar con nuestros amigos? La triste realidad es que no sabemos y de ahí viene gran parte de nuestra infelicidad (Si salimos ganando “se la hemos colado” y si salimos perdiendo “son unos hijos de puta”). En un escenario en el que la más mínima concesión es una cobardía o un agravio y cualquier petición denota una cara dura y una desfachatez insultantes es imposible una negociación. Y parece que ese es el escenario actual en la mente de los españoles, que sin oír en que consiste el pacto solo escuchando las siglas de los partidos que lo componen ya emiten un veredicto. ¿Es tan difícil de creer que en un ayuntamiento pequeño una propuesta, por ejemplo, de Podemos, de arreglar la entrada del pueblo no puede ser apoyada por Vox y viceversa? En la tele solo saldrá "Podemos y Vox juntos Horror, El fin del mundo, la hecatombe suprema intergaláctica", pero lo cierto es que en la micropolítica pactan y mucho, y menos mal. Pero en la macro es solo un partido de fútbol infumable.

Los macro políticos (las cabezas visibles) son vendedores y venden lo que la gente demanda y si esa demanda además se puede manipular creando una necesidad, pues se crea (como en cualquier sector). Y la necesidad se crea primero generando mierda, por ejemplo, políticas radicales que generan crispación (da igual si se acaban aplicando o no, si son útiles o no), y segundo con unos medios de "descomunicación" que la esparzan a mucha gente y a todas horas. Si los españoles supiéramos negociar en nuestras vidas individuales, como algo cultural igual que ser solidarios o curiosos o extrovertidos, los políticos venderían negociación y no bloqueo.

Pero lo cierto es que no tenemos ni idea de negociar. Preferimos, actualmente, la queja vacía, la crítica que me exime de responsabilidad y la suposición sin tener ni idea, eso sí siempre acomodada a mis ideas. Que empiece cada uno por su casa, cuando vas a la compra, porque sonreír al panadero también es negociar, estás negociando el trato del día siguiente. Cuando te llamen los de Orange, cuando te la líe tu hijo o hija, cuando tu pareja te pida algo con lo que no estás del todo de acuerdo... Pero voy más allá, ¿Cómo negocias contigo mismo? ¿Quién toma las decisiones en ti? ¿Las emociones?: la ira, el miedo…; ¿o la razón?, la seriedad, los valores...; TODA la vida es una eterna negociación. Mejor aprender a hacerlo cuanto antes.

Ojalá esta opinión remueva un poco las mentes de aquellos que no dan su brazo a torcer en una conversación familiar y todo termina con un grito o se tragan sus palabras y se resignan sin negociar a hacer lo que dice otro. A ver si por lo menos sirve para crear conciencia de cuando estoy siendo igual de intransigente que estos políticos a los que tanto critico porque no saben negociar. O es que ¿Se puede negociar hoy en día en España sin ser un traidor?

Aunque a veces las cosas parecen bloqueadas a propósito por los interlocutores del proceso, el mundo sigue girando y esa situación de clama chicha, de brazos inflexibles y de asedio al contrario para conseguir el 100% del objetivo por agotamiento, de repente, sin esperarlo, la desbloquea un acontecimiento inesperado protagoniza por un elemento foráneo. Y los que se sentaban a la mesa se quedan, ni con el 100%, ni el 60%, ni el 20%, se quedan sin nada. Cerrarse en banda a la larga es contraproducente.