miércoles, 12 de mayo de 2021

Libertad vs Igualdad. La Sinusoide.

 


El mundo es una competición infinita con infinitos contendientes. Cada situación que vivimos puede ser descompuesta en fuerzas opuestas que tiran una de otra impidiéndonos tener todo lo que queremos o deseamos, pero también favoreciendo a que no nos quedemos sin absolutamente nada. Una eterna búsqueda particular del equilibrio que hace que todo funcione o, mejor dicho, que siga su curso.

Esas fuerzas opuestas a menudo se representan en términos fáciles de entender cómo individuos (El Bien y El Mal, EL Yin y El Yan, El Sol y La Luna, Blanco o Negro, Útil o Inútil, Ganador o Perdedor), aunque tremendamente complicados de definir como sociedad, dada su absoluta carga subjetiva dependiente de cada uno. Sin embargo, esas representaciones maniqueas se han utilizado históricamente por diversos entes para manipular a las masas. No solo hablo de las religiones, los gobiernos o las grandes corporaciones, sino a los núcleos familiares, tribus de amigos o relaciones amorosas. Y no hablo de manipulación en el sentido peyorativo. Solo con pasar un segundo en este mundo ya estamos siendo manipulados y estamos manipulando. La vida es manipulación. La cuestión es ser consciente de ella y de su intención.

Y ahí es donde nace la idea de escribir esta disertación: ¿Y de las manipulaciones de las que no somos conscientes? (las mejores, por cierto) ¿Qué hay de los opuestos que ni siquiera sabemos que son opuestos? ¿Existe algo así?

Por eso quiero presentaros a La Libertad con el calzón azul en la esquina derecha del cuadrilátero y a La Igualdad con el calzón rojo en la esquina izquierda.

Espera. La libertad y la igualdad no son opuestas son complementarias. Son dos de los pilares más importantes en los que se sustenta nuestro moderno sistema sociopolítico y cultural.

NO. Nuestro moderno sistema sociopolítico se sustenta en el equilibrio entre estas dos fuerzas opuestas. Es decir, cuando el político de turno o el vendedor de lo que sea dice que su producto camina en pos de la libertad y la igualdad, simplemente miente. Es imposible. No puede ser de noche y de día a la vez en el mismo espacio-tiempo. No se puede ser el mejor y el peor en una competición. No se puede ser víctima y verdugo en el mismo acto atómico.

La libertad llevada al extremo es la ley de la selva. Todo individuo es libre de hacer lo que quiera. Está solo limitado por sus circunstancias físicas, intelectuales, geográficas, ambientales, climáticas, etc. Pero es libre. Son estas circunstancias las que definen si la vida a la que lleva esa libertad será cruel o benévola. Tanto uno que nace en el desierto cómo uno que nace cerca de en un río es libre de ponerse a cultivar, así como el que está en el desierto es libre de robar comida al del río y el del río es libre de defenderse. Es un mundo en el que todo vale y en el que el peso de la responsabilidad de cada uno, lo que puede hacer cada uno por mejorar su existencia, es la clave. Pero según va pasando el tiempo, en este mundo de libertad plena, el que logra asentarse, es el que más tiene y el que más tiene más gana. Alimentando una espiral de superioridad tan firme como infinita. La libertad es algo natural, son las circunstancias las que ponen los límites.

La igualdad llevada al extremo es la ley de la estandarización. Nadie puede hacer nada que provoque, aunque sea ligeramente, una desigualdad en el prójimo. Es decir, nadie puede hacer nada. Literalmente. Todo lo que implique hacer algo nos alejaría del corsé de la igualdad extrema y nos acercaría un poquito a la Libertad. En igualdad extrema no hay competitividad, no hay desarrollo, no hay logros, no hay sueños. La igualdad es un invento humano, es artificial, son las leyes humanas las que ponen los límites.

En resumidas cuentas, por naturaleza somos provistos de libertad plena y como seres humanos la encorsetamos con la igualdad para conseguir el mayor número de personas posible disfrutando de un estado de bienestar.

Llegados a este punto del artículo muchos pensaréis que el equilibrio es el estado ideal ante este tipo de situaciones. Tan ideal como inalcanzable. El equilibrio es tan subjetivo que somos incapaces de encontrarlo como grupo, por eso nos hemos pasado toda la historia navegando entre lo negativo y lo positivo de un eje de las equis que separa ambos conceptos. No somos capaces de detenernos, no al menos durante un largo periodo de tiempo, en el eje. Andamos sobrepasándolo una y otra vez en un movimiento sinusoidal infinito, y lo que es aún más importante, imparable. (Adjunto imagen por si no me explicado bien).

Ya que la gráfica sinusoidal es inevitable, mantengamos al menos las fluctuaciones lo más cerca del eje. Esto ya está pasando en los países que llamamos desarrollados, y aunque la lucha entre fuerzas continua, la distancia entre ciclos es corta. Pero si imaginamos esa sinusoide holísticamente, ahora que vivimos en un mundo cada vez más globalizado, todavía no estamos ni cerca del eje y queda mucho trabajo por hacer a nivel mundial en términos de igualdad. Al igual que si extrapolamos la sinusoide a nuestra relación con el planeta dónde la Libertad Humana está arrasando con el resto de organismos que no tiene leyes igualatorias.

Parece que lo que cuento aquí es de Perogrullo, pero veo muy pocos minutos en medios de comunicación dedicados a informar de estas cosas en las que no se vilipendie la diferencia entre igualdad y libertad a la caza del voto, bien metiendo todo en el mismo saco de medidas marketinianas, o bien diciendo que mediante el crecimiento de una se consigue la otra: La libertad salvaje lleva a la superioridad de pocos sobre muchos y la igualdad salvaje lleva a la nada de todos. Es por esto que, hasta ahora, los sistemas liberales han triunfado sobre los igualitarios: Mejor unos pocos que ninguno.  

Dada nuestra incapacidad natural de mantener el equilibrio, al menos intentemos, como individuos, ser conscientes de que hay menos sufrimiento general cuanto más cerca del eje fluctúe la sinusoide. Alejándonos así de una polarización, tan necesaria para volver al centro, como peligrosa si crece en intensidad y duración y acaba yéndosenos de las manos.

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