Permitidme empezar este escrito con un mínimo de teoría. Va a ser muy poco, lo prometo.
“Una equivalencia compleja se produce cuando dos experiencias diferentes y sin conexión ninguna se unen para establecerla, de manera que creemos que esa relación es verdad, aunque no podamos estar seguros.”
Un ejemplo para esclarecer esta definición: “Si no me llama, no me quiere”. Establecer un circuito neuronal con ese pensamiento, del cual no se puede estar seguro, provoca una distorsión de la realidad que puede producir distintas respuestas. En este caso, enfado, represalias, ira, celos y cualquier cosa que se os ocurra porque esa persona no me ha llamado y por tanto no me quiere.
Cuando aprendí lo que era una equivalencia compleja mi mundo cambió radicalmente porque comencé a darme cuenta (hice muchas listas) de la cantidad de veces que las utilizaba inconscientemente. Cuando eres capaz de quitar el filtro que le pones a tu realidad y te dedicas a tratar de entenderla de verdad (dejando de suponer de lo que no se estás seguro), muchas de nuestras enajenaciones no vuelven a producirse.
Y podrás decir en este punto “Qué exageración, al final no se presupone tanto.” Te lanzo algunos ejemplos cotidianos así a bote pronto: “Pone en duda lo que ha dicho el partido A, entonces es del partido B”, “Habla muy bien de su relación, seguro que tiene problemas que no quiere contar”, “Yo he hecho esto por él, me lo debería devolver”, “No se ha acordado de mi cumpleaños, no le importo nada”, “No han dicho nada de la comida, no les ha gustado”, “Dice que la monarquía es útil, es monárquico”, Y así podría seguir hasta el infinito, bueno una más que me resulta curiosa por haberme pasado hace poco: “Dice que la libertad debe contrapesarse con la igualdad, es comunista”, “Dice que la igualdad debe contrapesarse con la libertad, es facha”. Sí, ante el mismo estímulo la realidad es diferente según quien lo perciba, lo que demuestra que LO REAL no existe. La realidad es la bola del trilero y el propio trilero eres tú (bueno, tu cerebro).
Las suposiciones nos envenenan cada día. Y entiendo que es difícil reconocer que te tomas ese veneno todos los días, muchas veces, la cultura popular así lo proclama. Con su blanco y en botella leche todas las suposiciones quedan legitimadas, pero por muy certera que pueda parecer una suposición, si no puedes estar 100% seguro, deséchala o al menos ponla en cuarentena, por una sencilla razón: Ser capaces de mantener el espíritu crítico.
El espíritu crítico mantiene tus oídos y mente abierta, receptiva, en estado de aprender algo que no sabes, reduce tu nivel de estrés porque ya no hace falta tener razón puesto que no te interesa tener razón sino descubrir todos los prismas de la realidad, permite negociar, permite trabajar en equipo, en definitiva, es la clave de la convivencia. Es lo opuesto a la crispación y los extremismos. Es el antídoto al veneno. Cuando utilizas una equivalencia compleja estás cortando de raíz toda posibilidad de entendimiento en el ámbito que sea, incluso contigo mismo.
Lo complicado del espíritu crítico es que es un poco engañoso, porque actúa como una pescadilla que se muerde la cola. Para ser consciente de la falta de espíritu crítico se debe utilizar el espíritu crítico. Pasa un poco como con el sistema político, que, para hacer limpieza, son ellos los que tienen que dar el primer paso. Y para dar ese primer paso hay que ser muy valiente puesto que debes enfrentarte a quién has sido hasta ahora, a todo lo que has creído hasta ahora a pies juntillas (TODO), y ponerlo en duda, mirarlo desde la perspectiva contraria a la que lo has hecho siempre, pero no vale con un “Sí sí, si yo lo entiendo” de 5 segundos, vale contarse verdad y reconocer que no existen certezas sobre casi nada y que todos los caminos conducen a la hipocresía de una forma u otra.
¿Esto significa que todo nuestro sistema de creencias hay que tirarlo a la basura?, por supuesto que no, necesitamos constantes para poder vivir la vida, es imposible estar en paz en una incertidumbre infinita (aunque así sea en realidad). Ese autoengaño es bueno para nosotros. Lo único que yo propongo aquí es el ser conscientes (pero de verdad) de ese autoengaño para poder afrontar conversaciones (importantes y menos importantes) desde la concordia y no desde el y tú más, y yo la tengo más larga, y yo tenía razón y tú no, y yo gano y tú pierdes.
Espero que el Valor que se necesita para ello siga existiendo y no sea solo una palabra romántica más del siglo pasado como Honor, Respeto o Fidelidad que se están diluyendo en la condición humana como un lingote de oro en la forja de la crispación.
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