Lo único que recordaba era oír la palabra cuidado, gritada con tanta fuerza que aún resonaba en su cráneo, girar la cabeza y ver la cara de pavor del conductor del autobús justo en el momento en que sus huesos decidieron involuntariamente competir contra una masa de 6 toneladas de peso a 80 KM/h. Eso y que en la otra acera estaba ese misterioso hombre que les había visitado el día anterior intentado venderles un seguro. Tenía una media sonrisa que no alcanzaba a comprender.
"Esto tiene buena pinta...".
Ahora no sentía el peso de su cuerpo, se miraba sus extremidades y era casi transparente. Llevaba una especia de túnica raída y se desplazaba levitando, sin necesidad de mover las piernas. Sin embargo estaba totalmente consciente y a pesar de no tener receptores sensoriales físicos aún podía sentir el dolor del atropello, de alguna forma que no comprendía. Miró a su alrededor a ver si encontraba algo de información que le ayudara a reducir su desorientación y congoja. Se encontraba en una especie de sala de hospital impoluta, rodeado de gente como él que le miraban con ojos nerviosos y agobiantes, como los tenía que tener él ahora.
Se percató de que estaban haciendo una especia de cola. Intentó salirse de ella pero no pudo, sus músculos no reaccionaban a los impulsos que envía su cerebro sencillamente porque no tenía músculos, se dirigían hacia una puerta que había al final como se dirigen las peores piezas de carne a punto de entrar en proceso de putrefacción ,colgadas de ganchos y llevadas por un riel, hacía las cuchillas que las convertirán en carne picada.
"Cuanto más lo veo más me gusta. Muy bien Pedro. Aunque nos haya dados tantos momentos de diversión tu imaginación nunca falla y sigue siendo nuestro divertimento. Buena utilización del desconcierto y la desesperación. Y encima sigue padeciendo dolor como en el mundo terrenal. Tú sí que sabes".
Se iba acercando a aquella puerta que parecía daba a un precipicio. Al que le tocaba de su fila se precipitó al vacío pero justo antes de caer, se produjo un rápido fogonazo que al disiparse permitía ver la cara de agonía del individuo un segundo antes de que desapareciera como llevado por una fuerte ráfaga de viento.
Quería salir de allí no quería vivir aquella experiencia. Las caras de sus antecesores habían sido demasiado siniestras, con los ojos desencajados por el dolor que aparentemente estaban sufriendo. Volvió a intentar moverse para parar su avance pero inevitablemente calló al vacío. Cerró los ojos. Un dolor punzante le atravesó de arriba a abajo pero pasados unos segundos, desapareció.
Trató de concentrarse para ver que infierno se le podía estar viniendo encima en ese momento. Abrió los ojos con miedo y le sorprendió gratamente lo que vio. Estaba suspendido en el agua, había recuperado su apariencia normal, incluso estaba más guapo y más joven de lo que recordaba. No había nada en aquel paraje, solo agua bajo sus pies que se extendía hacia todas direcciones y una sensación de paz como nunca había tenido. Se tranquilizó y comenzó a pensar que le había pasado. Seguramente la experiencia anterior sería el paso por el purgatorio y algo había decidido mandarle a esta especie de paraíso. Así que era cierto. Se sentía bien, nada perturbaba su bienestar. Era una sensación única.
"No lo entiendo, que significa esto?. Ese tío está disfrutando, eso hace siglos que no lo hacemos. Hasta que nos dimos cuenta que era aburrido. No me esperaba esto de ti Pedro. Supongo que tendrás un as en la manga porque si no vaya castaña."
Según se iba habituando a su nuevo habitat se dio cuenta que ahora sí podía andar y que si andaba unos metros en alguna dirección alcanzaba una pared transparente hecha por agua, y fuera podía ver árboles, pájaros y niños. Siguió recorriendo el espacio en el que se encontraba y llegó a la conclusión de que estaba dentro de una especia de burbuja, volando por un parque infantil o algo así. El viento que debía haber fuera le fue acercando hacia un niño en particular. Le era muy familiar. La ráfaga le acercó un poco más, y vio claramente que era su hijo de dos años y medio que estaba sentado en el parque jugueteando con la arena con sus rechonchos y rojitos mofletes, y sus enormes y azules ojos, que transmitían una sensación de felicidad que sólo la inocencia de un niño puede transmitir.
Le enterneció ese momento porque pensó que nunca iba a volver a ver a su hijo. Entonces oyó una voz que le decía al pequeño "Bueno, cómo te estas poniendo, que te parece si nos vamos tú y yo a darte un baño? Toma" y le ofreció una piruleta de esas con forma de corazón que el pequeño aceptó gustoso. La voz no era la de su mujer. Se deslizó por la pared de su burbuja y pudo ver quien hablaba. Llevaba un maletín y un traje, levantó la vista y vio aquella cara que le miraba con esa sonrisa con aquella mueca que no pudo identificar en el momento de su muerte pero ahora sí. Era una mueca de crueldad. El hombre levantó al niño en brazos. Trató de romper la burbuja pero no pudo, "NOOOOO!!!" gritó, aquel hombre se llevaba a su hijo sin saber sus propósitos pero seguro que nada bueno a juzgar por su expresión. Necesitaba salir de allí. De pronto el hombre le dijo al pequeño, "Mira, una pompa de jabón". Entonces el niño se percató de la presencia de la burbuja y comenzó a mover el brazo hacia ella. No podía creerlo, su propio hijo iba a acabar con su existencia cuando estaba a punto de ser secuestrado por un pedófilo asqueroso.
El fatídico y regordete dedo se movió con torpeza pero con decisión. Finalmente apenas rozó la piel de la burbuja por su lado exterior, consumió el alma de su padre que apretaba con fuerza la palma de su mano contra el lado interior en un último intento de mantener un contacto con su pequeño. BLOP. Se acabó.
Dios - "JAJAJAJA, que buen final. Una pena que tengamos que deshacernos de todas las almas y
no podamos dejarle toda la eternidad sin saber que fue de su hijo. No estáis de acuerdo chicos? Muy buena combinación de desesperación al principio, esperanza al intermedio e impotencia al final. Muy original".
Baal - "Pues a mi me ha parecido una mierda. Tanta burbuja y tanta mariconada. Donde esté el daño físico que se quiete el emocional. Además así vamos de uno en uno, dónde esté una buena guerra, hambruna o desastre natural que se quite lo demás".
San Pedro - "Que poco artístico eres chico. Venga envidioso, si esta forma lo tiene de todo. Lo único que necesitas reencarnar a alguien en el papel del vendedor. "
Dios - "Tú siempre con lo mismo Baal. No seas agua fiestas y piensa en algo para la semana que viene. Que os toca a vosotros."
Lucifer asintió. "Vale pero tenemos que acelerar el proceso de eliminación. Esta gente ya no se cree nada y no nos podemos jugar nuestra desaparición".
Dios- "No te pongas tan serio y disfruta Luci que nos da tiempo a acabar con ellos, no ves que son... como decirlo... son... bobos".
Y todos rieron a carcajadas.
Era uno de sus juegos favoritos. La eliminación de almas. El tinglado que tenían montado de que los buenos van al paraíso y los malos al infierno había sido una cortina de humo que les había servido, sorprendentemente, durante más años de los que jamás habrían esperado. Existían mientras la gente siguiera pensando en ellos.
Ahora era otra historia. Y aunque todavía quedaban muchos portadores terrenales de almas que se creían la milonga, la mayoría, a principios del siglo 23, ya resultaba incontrolable. Las dos opciones que habían barajado era mantener el control o deshacerse de ellos. Mantener el control no interesaba, como había quedado claro en la última reunión entre Ángeles y Demonios, porque ya se habían divertido bastante y los humanos les estaban empezando a aburrir y sus creencias a zozobrar. Así que sólo quedaba deshacerse de todas las almas y buscar un nuevo entretenimiento. Pero ya que tenían que hacerlo y era el final de una raza por lo menos querían disfrutar lo máximo posible, como cuando te bebes el juguito de una Flas después de haberte dejado los dientes en el hielo.
La idea se le ocurrió a San Pedro, que para esto siempre había sido el más salaó. Como siempre que se inventaban una nueva forma de hacerlo quedaron todos, Dios, Belial(que llevaba los aperitivos), San Pedro, Satanás, el arcángel san Gabriel (que había llevado las cervezas), Baal y un largo etcétera..., estaban todos, no faltaba ni uno, para ver, una semana más, el morboso y divertido espectáculo de ver sufrir a los demás.
Porque si no es así yo no entiendo nada.
Un beso para todos.