A pesar de que pueda parecer lo contrario el cambio no fue tan terrible verdad Righty?
Mi nombre es Lefty y este de aquí al lado es Righty. Disculpadle si no saluda pero hace ya algún tiempo que sufrió un desagradable accidente que dio al traste con su lengüeta. Aunque no puede expresarse sé que echa la culpa a Bennie, nuestro actual propietario. Desde mi punto de vista fue un simple accidente.
Al principio Bennie nos pareció un destino infernal acostumbrados a la vida que llevábamos. Disculpen el prejuicio pero bueno él era un sin-techo y eso para cualquiera acostumbrado al bienestar pues es un handicup importante.
Que lejos se ven ahora aquellos buenos tiempos con el Sr. Morgan verdad Rihty?, cuando nuestro trabajo diario se veía recompensado de una forma que ahora se me antoja increíblemente ostentosa. Básicamente Righty y yo teníamos que hacer que el Sr. Morgan se sintiese lo más cómodo posible durante su larga jornada laboral hasta llegar a casa. Y vaya si lo hacíamos, no en vano estamos maravillosamente manufacturados y costamos, en su momento, un buen montón de billetes.
He de reconocer que la principio tuve problemas con la horma del empeine del Señor, pero después de unos días me adaptaba como un guante. Righty y yo dábamos siempre lo mejor de nosotros mismos, nunca permitíamos que se deshiciera el nudo o modificábamos la pisada para desgastar la suela lo mismo por todos lados. A cambio el Sr. Morgan nos limpiaba todos los días. Ahhhh... aquella sensación es probablemente lo que más echo de menos. La viscosa cera adentrándose en cada grieta de nuestra piel, cicatrizando las heridas y limpiando las manchas sufridas durante la jornada laboral, untada como si de cremosa mantequilla se tratase a lo largo y ancho de nuestra superficie, por aquella esponjita tan suave, que te hacía olvidar incluso el olor de la caja al salir de la fábrica verdad Righty?. Y después el cepillado, fuerte pero preciso, sacando hasta la última gota de brillo que pudiéramos aportar para tener un aspecto radiante. Y así nos íbamos a la cama hasta el día siguiente, limpitos y exfoliaditos.
Pero los años no pasan en balde y un buen día todo aquello acabó. Righty fui incapaz de camuflar más el agujero de su suela, no refunfuñes sabes que es verdad, y por mi parte no había manera de mantener tersos mis bordes, así que el Sr. Morgan se deshizo de nosotros como si de un par de zapatos viejos se tratase.
Fuimos a parar a la parroquia del barrio, dónde conocimos de casualidad a Bennie, verdad Righty?. Nosotros estábamos en una fosa común en forma de caja, atados por los cordones. Por las conversaciones que oíamos había una cola impresionante que daba la vuelta a la manzana y el párroco no dejaba de meter la mano en la fosa y de sacar parejas de zapatos. La última pareja que sacó eran unos náuticos que la verdad es que daban auténtica pena, sólo el derecho conservaba una de sus borlas y el izquierdo estaba prácticamente inutilizable. Agudicé el oído. Esos náuticos le correspondían a Bennie pero por alguna razón el párroco al percatarse de que era él el receptor los volvió a meter en la caja y nos tomó a nosotros en su lugar. “Toma Bennie, estos son un buen par”.
Esa fue una de las pocas veces que pude verle la cara a Bennie porque diariamente sólo se la veo unos 5 segundos cuando se agacha a abrocharnos. Su rostro era triste e inexpresivo, como si su mente se hubiera ido de vacaciones a algún lejano lugar y en la aduana le hubieran obligado a despojarse de su cuerpo. Nos recogió lentamente y dio media vuelta no sin antes regalarle una mueca, parecida a una sonrisa, al párroco para mostrarle su agradecimiento. Pero no dijo ni una palabra. Se quitó unas botas rotas por todos lados y las arrojó a una caja verde llena de calzado inservible.
Y así comenzó nuestra vida con Bennie verdad Righty? Dormir, levantarse a las 9:00, pasear toda la mañana y mendigar un poco, volver al hospicio a comer, pasear toda la tarde y mendigar un poco, volver al hospicio y dormir. A Bennie le vinimos fenomenal porque paseaba mucho, era en realidad lo único que hacía. Bueno en verdad Righty y yo creemos que pensaba. Se tiraba casi todo el día callado, sumido en sus pensamientos, hablando consigo mismo probablemente intentando adivinar como había acabado en aquella situación. No sabíamos cuanto nos equivocábamos.
Lo único que nos sacaba de la monotonía era Billy. Era la única persona con la que Bennie hablaba más de un monosílabo. Siempre nos encontrábamos con él justo a la llegada al hospicio antes de dormir. Y fue entonces cuando comenzamos a conocer un poco al bueno de Bennie.
Resulta que Bennie había estado casado con una mujer que le arruinó la vida. Siempre habían sido una familia humilde pero tenían su casa y su dinero para ir tirando. Bennie no dejaba de repetirle a Billy que nunca había estado enamorado de ella, que se casaron porque su padre le pseudo obligó, ahora que estaba muerto ya daba igual, pero que siempre la había respetado, cuidado y dado todo lo que había pedido. Billy siempre acababa insultando a aquella mujer, que según él, nunca había querido a Bennie, y no sólo eso, sino que cuando se divorciaron le arrebató todo lo que pudo. Al parecer había un abogado en la familia de ella que no le cobraba nada por llevarle el divorcio y sin embargo Bennie no tenía a nadie y el de oficio, como buen funcionario, sólo quería hacerlo todo legal y largarse a casa para gastarse su sueldo vitalicio en alguna de las miles de cosas que se pueden hacer teniendo toda la tarde libre, seguro que no en pasear y pensar.
Encima se habían divorciado cuando aquella mujer estaba embarazada y Bennie no había visto jamás aquel niño. Según la madre un parásito social no era bueno para que un niño creciese sano, así que Bennie, repitiendo el panorama de indefensión legal que se le planteó durante el divorcio no pudo hacer nada, por mucho que lo intentara durante años.
Así que a Bennie le ocurrió lo que en el Argot de la mendicidad llaman “el factorial inverso” verdad Righty?. Te quitan la casa y no tienes donde dormir, y más si no tienes como Bennie donde caerte muerto, así que comienzas a ir a los hospicios de la ciudad para no dormir en la calle y conservar la dignidad. Eso si logras que te acepten. Esto funciona unos días hasta que en el trabajo se enteran de tu situación y entonces te largan excusándose de algún modo de esos que vienen en los libros que les dan a las personas que se las dan de jefes cuando lo único que hacen es seguir un manual. Acabas de perder tu empleo de salario mínimo y además acabas de perder un número del factorial.
Sin trabajo no hay dinero así que la comida acaba siendo siempre la que te dan en el hospicio. Y así poco a poco pierdes todos tus número del factorial hasta que sólo te queda el 1. La supervivencia.
En general lo único que podemos ver Righty y yo de frente suelen ser otros zapatos y eso es lo que hacíamos siempre que Bennie hablaba con Billy. Es cierto el refrán que dice que puedes conocer a alguien por sus zapatos y aunque se aplica mejor en gente con la capacidad de elegirlos, los zapatos de Billy se explicaban como un libro abierto para apestarnos a Righty y a mí con aquel olor a whisky o intrigarnos con ese polvillo blanco que de vez en cuando asomaba entre los cordones. Estaba claro que Billy gastaba el poco dinero que tenía en cosas que Bennie no hacía.
Sin embargo Bennie a menudo mendigaba y sacaba su dinero. Pero nunca lo gastaba. Sólo paseaba y pensaba. O al menos eso creíamos. Hasta que Bennie nos descubrió su secreto. Un día, cuando hubo ahorrado un poco de dinero, se desvió de su ruta habitual de los miércoles para subir por una calle por la que nunca pasaba.
Se detuvo delante de una puerta cochambrosa, le saludaron, sonó un ruido de monedas y le dejaron pasar. Nos encontramos entonces encima de una moqueta no sé muy bien de que color, porque la luz del interior lo invadía todo verdad Righty? Era rojiza y agobiante. Miráramos a donde miráramos sólo veíamos zapatos de mujer de tacones altos que vestían pies con medias de rejilla. Casi no se oía nada porque la música estaba excesivamente alta así que no pudimos oír lo que le decía Bennie a una mujer con unos zapatos de charol negros y las uñas pintadas de rosa, una rota.
Lo único que creímos entender fue que la mujer le decía a Bennie “Lo de Siempre no?”. Y lo de siempre era subir unas escaleras empinadas hasta llegar a una especie de pasillo como el de un hotel de cero estrellas, donde lo único agradable era que ya no se oía la música con tanta intensidad.
Bennie se dirigió entonces hacia una puerta de las 10 o 12 que había, la abrió y allí estaba ella. Un cuerpecillo menudo y escuálido, las costillas se le notaron tanto cuando se estiró a por su vaso de agua de la mesita que se podía haber tocado una grotesca canción golpeándolas con un fémur si de una película de Burton se hubiera tratado. Bennie cerró la puerta despacio y ella le dijo. “Hola Bennie, supongo que como siempre, sólo hablar no? Deja el dinero en la cómoda.”.
Y así se pasaron toda la noche. Nosotros lo oíamos todo desde debajo de la cama dónde Bennie nos dejó. Fue la primera vez que vimos a Bennie reír desde que le conocíamos. Charlaron y rieron hasta que sonó el despertador. La hora. La prostituta se levantó rápidamente de la cama y pidió a Bennie que se marchara. Obedientemente este lo hizo, las risas ya habían desaparecido. Bennie nos cogió y cuando se ató los cordones pude verle la cara durante un segundo y no me gustó lo que vi. Una enorme pero solitaria lágrima caía de su ojo derecho y fue a explotarse justo contra mi empeine. Bien es sabido que los zapatos no tenemos sentido del gusto pero juro que si lo tuviéramos aquella hubiera sido la lágrima más amarga del mundo. Hábilmente, Bennie, se la enjugó en la manga y se fue. Justo antes de cerrar la puerta ella le dijo “Bennie... Gracias”. Y le sonrió. Él le devolvió la misma mueca que le regaló al párroco en nuestro primer encuentro y salió rápidamente de aquel lugar, no sin antes cruzarse la mirada con el siguiente cliente de su prostituta, un joven atolondrado que probablemente estuviera celebrando algún tipo de despedida de soltero símbolo de la decadencia de la sociedad capitalista, consumista, aborregada y conformista en la que vivimos verdad Righty?
Así que el bueno de Bennie sólo quería charlar. A buen seguro que para Billy hubiera sido malgastar el dinero. Sin embargo según pasaba el tiempo y siempre que Bennie tenía un poco de dinero, visitaba a aquella niña a la que la vida había obligado a ser mujer.
“Que opinas del zumbao este que te visita pero que nunca te toca un pelo?”
“Bennie? Me gusta hablar con él, es la única persona en este mundo que me ha demostrado algo de afecto.”
“No te enamores de los clientes, ni permitas que ellos se enamoren Greta. Al final eso siempre acaba mal. Además este es un vagabundo digamos.... limpio. Si todavía fuera uno de esos trajeados que trabajan en consultoría y que tanto repiten igual hasta te ayudaba”.
“JAJAJA, tú siempre con lo mismo Lola. Esta es la vida que nos ha tocado vivir y cuanto antes lo asumamos mejor”.
“Hija, con 18 años y ya hablas con la madurez de alguien de 30. Ten cuidado de camino a casa”.
“Hoy voy a casa de mi madre. Que coñazo, hace por lo menos dos años que no la veo, pero dice que es muy importante.”
“Ten cuidado de todas formas. Adiós guapa”.
“Adiós Lola.”.
Una vez en el metro se preguntó que sería tan importante para que su madre, que la había prácticamente echado de casa hacía dos años, la llamara ahora. No le apetecía pensar en ello, estaba cansada y sólo quería descansar. A punto de llegar a la parada de la casa de su madre. Vio acercarse a Louise, un cerdo al que le gustaba que le metieran la lengua por el culo, de pequeña se lo había hecho un par de veces porque pagaba bien pero hoy no, ya había chupado suficientes pollas ese día como para chuparle el culo a Louise.
Según se plantó delante del edificio donde estaba el apartamento de su madre ya percibió que algo pasaba. Todo el mundo estaba en silencio por la escalera, nadie se atrevía a decir nada aunque era imposible no darse cuenta de que algunos vecinos no podían reprimir una malévola sonrisa que les asomaba a la comisura de los labios con la intención de decir: “por fin”.
Sin duda alguna su madre se moría. Al fin parecía que el cáncer lanzaba su ataque final. Esta vez ni el capullo pederasta de Jack, con toda su influencia mafiosa y todos sus picapleitos, sería capaz de salvarla.
Se fue acercando poco a poco, apartando cada vez a más gente que se arremolinaba a la puerta de su antigua casa. Por fin llegó hasta la entradita y cerró la puerta tras de sí, dejando fuera a la multitud.
La casa no había cambiado nada. Los mismos muebles, los mismo cuadros y aquel espejo con forma de delfín donde su madre y ella se ponían a hacer muecas raras hasta que una de los dos perdía el juego y rompía a reír. Entonces se abrazaban con fuerza. Probablemente el único momento de felicidad de su vida, cuanto hacía?. Mucho.
“Acércate Greta” oyó que le decía su madre con voz temblorosa y casi imperceptible. Sin duda había tenido que esforzarse para hacerse oír.
Sólo Jack estaba a su lado y la cogía de la mano. A quien querían engañar? Aún a punto de morir seguían con la función. El único amor que los había unido siempre era fino, verde y con la cara de alguien y un número impreso.
“Greta, tengo algo que decirte”. Aquella frase sonó demasiado real en la falsa voz de su madre. Nunca en toda su vida la había oído así. Estaba claro que se estaba muriendo y eso le daba absolutamente igual, pero el sonido de aquella frase despertó por un momento algo que llevaba mucho tiempo escondido en su interior, algo que todos tenemos aunque en algunos momentos podamos pensar que lo hemos perdido. Sintió la necesidad de abrazar a su madre. Sólo por sentir aquel abrazo una vez más.
Se quedó quieta un segundo antes de comenzar a recorrer vivazmente los 4 metros que la separaban de su madre. Que le tendría que decir en su lecho de muerte? Ya había decidido lanzarse a abrazar a la moribunda cuando sus ojos se quedaron fijos en una foto que su madre aferraba entre sus manos cruzadas sobre el pecho. Su cuerpo seguía moviéndose mientras sus ojos trataban de analizar cm2 a cm2 aquella imagen. Era un retrato de un hombre y ese hombre era: Bennie.
Righty y yo nos enteramos de todo más tarde cuando Greta vino a visitar a Bennie. Me gustaría decir que entre los dos salieron adelante y fueron muy felices. Pero lo único que podemos contar es que Bennie fue un buen día a la parroquia y nos dejó en una fosa común en forma de caja de color verde. Y ahí se acaba nuestra historia verdad Righty?
Un beso para todos.