Andaba yo por allí por mi oficina más helado que un hámster en el polo norte cuando mis sensiblonas tripas y mi débil flora intestinal mezclaron el frío de mis riñones con la mayonesa sueca con extra de ajo que llevaba el pescado del restaurante de dos calles más abajo, provocando el clásico “GRGGGRGRRGRGGRR”, también conocido como “El Relámpago de la Muerte”, que recorre tu estómago del píloro al esfínter produciendo una contracción repentina que hace asomar un par de milímetros tu digestión matutina.
De repente dejas de hablar, dejas de teclear, dejas de escuchar, nada tiene sentido a tu alrededor, tus planes más ilusionantes pasan a segundo o a décimo plano, tu cerebro sólo se concentra en apretar esa máquina de provocar angustia que es el culo.
Mantienes la compostura como puedes, te levantas despacio, respiras hondo y comienzas tu viaje hacia el servicio. Es entonces cuando te arrepientes de haber pillado el mejor sitio junto a la pared para que nadie vea tu pantalla pero que a su vez es el más alejado de la salida. Los 10 metros que te separan de la puerta de esa habitación, que cada vez se hace más pequeña y grande a la vez, se hacen eternos porque encima justo cuando vas a salir el pesao de turno te pregunta “Puedes venir un momento que no sé hacer esto?”. Tú le miras con una cara entre Casper y Chuky y sales al paso con un “Voy un segundo al servicio y lo vemos vale?” cagándote, casi literalmente, en su madre porque no sólo te ha hecho perder unos segundos preciosos sino que encima te ha obligado a revelar tu destino.
Al fin sales de aquella sala. Bajas un piso como habitualmente para reducir las probabilidades de que compañeros que conoces te encuentren en plena faena o peor aún justo después.
Vacío. Genial. En este punto se producen dos efectos, controlables individualmente, pero devastadores cuando actúan a la limón. Estos son el efecto “CMCMME” léase “cuanto más cerca más me cago”, y el efecto “Taza Llena” que viene a significar que la taza del water parece el rastro un domingo de Mayo con tanta mierda al alcance de la mano.
Al borde del colapso vuelves a respirar hondo, apañas ese berenjenal lo mejor que puedes, apretando los dientes y con las rodillas tocándose la una con la otra en una danza digna del mismísimo chiquito. Con manos temblorosas y la frente perlada de sudor das el último toque al trono que estás preparando, cortas cuatro tiras de papel y las pones en la taza, una absorbe una gota que se te había escapado, das otra pasadita y vuelves a poner las tiras. El mojón aprieta, tú lo haces más, aún te quedan fuerzas.
Las mismas temblorosas manos luchan con la hebilla del cinturón para liberarte del último grillete que te separa del paraíso, el último peldaño de la escalera que te sacará de aquella agonía. Por fin te liberas de los pantalones y los calzoncillos a la vez, te sientas y te dispones a darlo todo cuando.... alguien entra en el baño justo en el momento que tu sueltas tu primer CHUP!
Cierras los ojos, aguantas, aprietas y rezas porque sólo venga a lavarse las manos pero... NO. Empuja con cuidado la puerta de tu retrete que has olvidado cerrar con las prisas. Rápidamente sueltas un “Ocupado” bajando dos octavas el tono de tu voz para que no te conozca en caso de ser alguno de tus compañeros, y cierras la puerta y el pestillo con la habilidad de un yonki resolviendo un cubo de Rubik justo el momento antes de meterse un chute que le quite el brutal mono que lleva encima . Tu primer CHUP comienza a emanar sus efluvios y te mueres por soltar los otros 50 que llevas dentro. Pero aguantas en el mayor silencio que puedes.
Oyes como tu ahora contrincante realiza los mismos pasos que tú, tirar de la cadena varias veces, pasar varios trozos de papel por la taza, oyes con nitidez los cuatro SHISH de los cuatro trocitos que compondrán su sillita y lo más curioso oyes su hebilla sonar mucho, quizás demasiado como si sus manos estuvieran tan temblorosas como las tuyas y ... ahí viene su primer CHUP!
Y entonces silencio y después CHUP! Suyo o mío? Ha debido ser suyo, CHUP CHUP! Pufff pero que ha comido ese tío? AH no que es mi mayonesa. Y así, tratando inútilmente de que el uno no oyese al otro y viceversa, prolongamos nuestra agonía como si de dos dioses de la mitología griega, que han sido condenados a sufrir su propia exacerbada educación convertida en suprema imbecilidad, se tratara .
En fin, allí estábamos los dos en plan el consorcio pero en vez de con el CHACACHA con el CHUPUCHU cuando oímos que se abre la puerta con fuerza, entra un tío que por el sonido de sus pisadas debía rondar los 90 kilos, empuja mi puerta: CERRADA, empuja la de mi camarada: CERRADA, y ya con mucha fuerza, como desesperado, empuja la del tercer habitáculo encontrándolo vacío. Se le oye romper un papel, le da una pasada rápida pero contundente a todo el perímetro de la taza, se quita rápidamente el cinturón, y echa allí todas aquellas series americanas desde Bill Cosby hasta Webster, pasando por Cosas de Casa. Y después de unos 10 segundos de trenecito suelta un “AHHHH” de alivio que inunda, sin que el lo sepa, la sala de la más verde de las envidias, corta otro trozo de papel, se limpia con alegría, uno más, vuelva a limpiarse. Tira de la cadena, sale, se lava las manos y se va. Ni James Bond.
Todo esto ocurre a una velocidad de vértigo. Me imagino al de al lado mío mirando con la misma cara de gilipollas que yo a la pared de la izquierda como si pudiera ver a través de ella para arrebatarle el anonimato, que tanto nos estaba costando mantener a nosotros, al susodicho individuo.
Finalmente creo que mi rival tenía menos ganas que yo y que de tanto apretar para dentro se le pasaron. Se limpió y se fue rápido, ni siquiera se lavó las manos por si en el último momento iba a arruinar yo tantos minutos de sufrimiento sólo porque se me ocurriera abrir la puerta. Por cierto que esta técnica la utiliza muchísima gente, no está bien que te pillen lavándote las manos después de cagar, no señor, pero está cojonudo que le des tu mano llena de residuos fecales al pobrecito de turno en la siguiente reunión, eso sí es sinónimo de cortesía. Hombre por dios.
Salió disparado, momento que yo aproveché para echar el resto y eliminar de mi cuerpo algo que ha estado a punto de llevarme a la tumba por mera y ñoña educación absurda. Salí, me lavé las manos... porque no había nadie viendome ;P y me fui.
Gracias a dios estoy vivo para poder escribir esta cochinada graciosa y deciros a todos que la CACA es como el Carné por puntos, da igual de que estatus social seáis, cuanto dinero tengáis, de que religión, de que color o de que sexo, todos somos iguales ante "El Relámpago de la Muerte”.
Viva la naturaleza!!!
Un beso para todos.
Jajajajaajajaajajaajja
ResponderEliminarBuenos días!
q bueno Toñete, si señor, si ya lo dijo Pumba..."mejor fuera q dentro" :P....esa es mi religión
besucos gordos
Pues a mí, si algo me gusta, es tirarme unos cuescos que suenen com truenos cuando hay gente en el baño... nadie te dice nada, incluso suelen hacer como si no hubiese pasado nada... que curiosos los humanos
ResponderEliminarjajajajaja Muy bueno!!! XD
ResponderEliminarVes como tienes que seguir escribiendo? Quién sino nos iba a deleitar con estos momentos? ;)
Muxus!!!
Como ya te comenté ayer.. me ha gustado mucho.. vamos que me ha hecho mucha gracia!!!
ResponderEliminarNo obstante nunca está de más escribir un comentario para recordártelo...
Pasa buen dia!!! Empieza la cuenta atrás para B.Jovi.... ahhhh!!!
Besos
Me he descojonado de risa, de verdad que me ha parecido buenísimo! Propongo que nos hagas disfrutar más a menudo con monólogos de este tipo, me encantan!
ResponderEliminarEscribes genial, 1besito.
buenisimo, lo que me he podido reir, pero lo mas impactante es... lo terriblemente real q es
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