lunes, 21 de julio de 2008

Desconexión

Aún puedo recordar con nitidez aquel dolor intenso acompañado del calambre posterior que como si de un terremoto se tratase se hubiera iniciado en la parte baja del bíceps femoral para acabar su enorme grieta un poco por debajo del tendón rotuliano. Los gritos de dolor y las ganas de vomitar fueron padrinos de las dos lágrimas que resbalaron por mis mejillas en esos segundos de agonía. Al tiempo que notaba el sabor salado de las gotas de mis ojos mezcladas con el sudor que cubría mi rostro pude ver a todos mis compañeros rodeándome preocupados menos a mi entrenador al que solo le faltó decir "Si no puede seguir que le de el peto a otro", valiente botarate. Se acabó la temporada y...

Un par de movimientos arriba y abajo, puede doblar por aquí, puede girar por allá, y las tres erres: Reposo, Resonancia y Rehabilitación. El reposo pareció eterno, la resonancia una flecha directa al corazón y la rehabilitación aburrida y dolorosa. Rotura parcial del ligamento cruzado. Sin operación al purgatorio. Si te operas quedas semi-nuevo con una larga recuperación a la vista y la sombra de las complicaciones a la vuelta de la esquina. Si no te operas el ligamento cicatriza pero siempre te queda la duda de si se romperá del todo algún día.

4 meses después he salido a correr. Como si fuera la princesita de una familia acomodada procuro no forzar mi rodilla, cada parte de mi cuerpo asume un poco de peso que le corresponde llevar a ella pero después de unos metros la postura no es correcta y el entrenamiento infructuoso, como un niño que ha sido mimado durante demasiados años e irremediablemente se convierte en una persona plana sin nada que aportarle al mundo. Comienzo a apoyar correctamente, noto cada impacto de mis zapatillas con el asfalto y como llega a mi rodilla, débil pero constante, después de ser amortiguado por el tobillo. Es curiosos como prestas atención a ciertas cosas que antes te pasaban desapercibidas al hacer exactamente el mismo movimiento, antes rutina, ahora la mayor de tus preocupaciones.

Como la vida misma.

Siento el menisco absorbiendo parte de los impactos, cómo la rodilla hace el juego completo al correr, la tensión en los ligamentos exterior e interior y en el cuádriceps que la sujeta con fuerza demostrando que es uno de los músculos más poderosos del cuerpo como el titán Atlas sujeta aquella enorme bola del mundo.

Todo va bien, nada duele. Me concentro en la carrera. No llevo cascos, MP3, ni nada por el estilo. Siempre he pensado que para correr hay que oírse. Los latidos de corazón, el ritmo de la respiración, en mi caso dos inspiraciones cortas pero profundas por la nariz y un expiración larga y sonora por la boca, las piernas como un metrónomo. PUM, PUM, FU, FU, FUUUU, TAC, TAC, TAC, TAC.

Me olvido de todo, de los líos el trabajo, de las industrias cárnicas de consultoría, de las multinacionales con personal incompetente, me olvido de mi futuro, dejo de pensar que haré mañana a tal hora o donde coño pongo mis vacaciones para ir a un lugar al que nunca voy, me olvido de la tele, de los políticos, del hambre en el mundo, del calentamiento global, del número de veces que he visto a mis padres este mes, me olvido del calor que hace, me olvido de que he dejado el fútbol y aún no he encontrado, ni se vislumbra en el horizonte, nada que lime mínimamente ese pequeño risco que corroe mis entrañas, me olvido de que existen más personas, ese momento es para mí. Lo único que puedo ver son las minúsculas piedras de gravilla del asfalto que dejo atrás a cada paso. El mundo se para por un instante, me pilla en el aire, justo en el momento de dar una zancada. Unos niños sentados cerca de un contenedor, seguramente fumando porros por lo corto de su edad y lo apartado del lugar, me miran y cuchichean algo sonrientes seguramente preguntándose "¿qué hace ese loco corriendo y cansándose?". Mentes jóvenes en cuerpos jóvenes. Una ligera brisa menea las hojas de los árboles suavemente, cualquier sonido se vuelve lento y grave. De pronto vuelvo a ir a velocidad normal, las hojas entonan su fresca melodía al chocar unas con otras empujadas por la brisa, vuelven el PUM, PUM, el FU, FU, FUUUU y el TAC, TAC, TAC, TAC. Noto como mis pulmones le ganan a la inactividad un par Mm3, acelero levemente y vuelo hacia la sensación de sentirme libre otra vez, de sentirme libre después de perder casi la esperanza de volver a calzarme unas zapatillas.

Finalmente, ya en casa recién duchado, disfruto de mi chute de endorfinas que tanto tiempo había esperado sufriendo con el mono, que no es otra cosa que tener las cejas más caídas, las ojeras más marcadas, la sonrisa menos fresca y en definitiva, el guapo menos subido.

Porque si en algo se asemejan cosas radicalmente opuestas como la felicidad y el dinero, es en que cuanto más tienes más eres capaz de atraer.

Un beso para todos.

sábado, 19 de julio de 2008

De por qué odio a Mickey Mouse

Todo fenómeno social tiene una explicación, sólo hay que pararse a pensar, analizar un poco y dar con ella. Me llamó la atención el otro día al leer la crítica de Hancock cómo los antihéroes están de moda.

Estos personajes son protagonistas de una historia hecha a medida dónde se muestran con sus manías, vicios y defectos como los del resto de mortales para dejarlos todos a un lado y tener éxito en una faceta determinada de sus vidas que casualmente es algo a lo que todo el mundo quisiera tener acceso. Un antihéroe es más cercano al pueblo porque nos hace pensar que cada uno podemos utilizar lo que no nos gusta de nosotros para llegar a ser mejores.

Los héroes de antaño eran demasiado perfectos, demasiado guays y hoy en día esa perfección tan pura es tomada como un síntoma de prepotencia y falsa modestia a veces justificada y otras veces provocada, porque no decirlo, por cierta envidia.

Antes se les adoraba porque la forma de vida era diferente, las clases sociales estaban más diferenciadas y el ser socialmente perfecto era una directriz a seguir para escalar y mejorar el estatus social. En definidas cuentas estaba bien visto hacerlo todo bien y demostrarlo. Ahora cada uno es más libre de hacer lo que quiera y la sociedad se ha pulido para que los prejuicios sean cada vez menores, aunque por supuesto los siga habiendo.

Esta sucesión de ideas que se precipitaban en mi cabeza en un vagón de metro me hicieron desarrollar la siguiente idea.

Estuve hace tres semanas en Eurodisney con mi familia. léase dos padres, dos hermanas, dos cuñaos y cuatro sobrinos. Según iba andando por los pasillos del castillo de la bella durmiente al que ellos llaman Hotel Disney, no paraba de ver niños correteando por doquier, animadores disfrazados de todos los personajes de la factoría firmando autógrafos a diestro y siniestro y un montón de risas, algunas adorables otras exacerbantes, mirase donde mirase.

Los mayores estaban demasiado ocupados en tratar de domar a sus fieras y las fieras sólo se dedicaban a sonreír estupefactos ante la firma que acaba de estamparles la Sirenita en sus estrafalarios, no digo horteras por no haber desarrollado aún los críos el sentido de la vergüenza, cuadernitos de Blanca nieves, Peter Pan o Piratas del Caribe. Evidentemente nadie me prestaba la menor atención pero yo me sentía fijamente observado por cientos de ojos que no existían pero me decían claramente con su mirada, "¿qué hace un hedonista treintañero, soltero y vividor en estos lares?". Mientras meditaba mi respuestas a la cual no daría sentido hasta el final del viaje, me sacó de mi espiral de pensamientos el más grande dibujo animado de todos los tiempos, El ratón Mickey Mouse.

Espero que esto que voy a decir ahora no hiera la sensibilidad de nadie.

Este elemento salido un buen día de la mente de Walt Disney tiene todo para ser odiado por la sociedad actual y sin embargo es venerado como si fuera un dios en la tierra. Su voz es cuanto menos molesta. Chillona y siempre de buen humor, con ese sonidito jovial al acabar las frases, está pensada para generar buen rollo pero lo que a mi me provoca es un sentimiento de "ya está el más feliz del mundo aquí, que agco". Todo le sale bien, nunca pierde a nada, quiere parecer que es el más listo cuando en realidad es Walt Disney el que diseña el capítulo para que todo le salga bien, lo que tiene es suerte!!!. Tiene una novia a la que quieren hacer parecer guapa con su faldita y sus zapatitos de charol, cuando en realidad me parece una pija cachonda que va enseñando el refajo allá donde va. Por donde pasa Mickey no es que a él le salga todo bien, que le sale, es que a los demás personajes que tienen la mala suerte de cruzarse en su camino les sale todo mal. Siempre con esa sonrisa de oreja a oreja plantada en la cara como si por estar todo el día sonriendo fuera mejor tío, como el sin vergüenza de Ronaldinho.

Pero lo peor de Mickey Mouse, sin ningún genero de dudas, lo que me provoca mayor repulsión, lo que le hace ser prepotente y resabidillo hasta la médula es que.... SILBA!!!. El cabrón va silbando a todos lados, cuando va en barco, cuando va por el campo, cuando saca al perro. Silba para demostrar que no se puede ser más feliz que él. Él es lo más y punto.

En fin. Después de esta ida de olla que tengo mientras rodeo a la multitud que aclama boli en mano al amigo Mickey, llego a desayunar. El resto del día me lo paso con mi familia disfrutando del abarrotado parque temático y haciendo que mis sobrinos se diviertan al máximo. Sólo me descentro de esa labor cuando me encuentro con El Pato Donald y me lo imagino acompañado de Pluto, de Jafar, de la bruja de Blanca Nieves, de la bestia de la bella y la bestia, del jorobado de Notre Dame y de alguno más, dándole una paliza al bueno, prepotente, chulesco y sobraó de Mickey Mouse mientras Aladín le levanta la novia.

Al acabar el viaje, a pesar del estrés de estar rodeado de tantos niños y de que se retrasasen los vuelos, lo único que te queda en la retina son las inocentes y cristalinas sonrisas de felicidad de tus sobrinos, el gesto de ilusión a pesar del cansancio de tus padres por estar todos juntos una vez más y las risas que has echado con tus hermanas y cuñaos con los que sigues teniendo el feeling de siempre. En definitiva te queda la sensación de que ha merecido la pena. De que has derramado unos cuantos litros en una de las presas que contienen los elementos emocionales que te hacen ser quien eres y que a veces dejas que se vacíen más de la cuenta.

Cuando llego a casa y me pongo el pijama se cae del bolsillo del pantalón la entrada al parque y allí está él mirándome fijamente con su sonrisa maravillosa y sus perfectas orejas redondeadas. Por un momento parece que la imagen se modifica y sus labios se aprietan uno sobre otro dejando un pequeñísimo agujero por donde expulsar el aire pero no produce ningún sonido. Me sonrío a mi mismo y me voy a la cama pensando que héroe o antihéroe lo importante es surgir en el momento oportuno. Mickey siempre será un héroe para los niños, a pesar de que si naciese ahora no llegaría ni a emitirse en canal 7, y nosotros antihéroes de nuestras propias vidas.

Un beso para todos.



PD: Lo que mamas de pequeño es inmutable y yo nunca mamé a Mickey Mouse. Por eso el Coyote siempre será mi antihéroe favorito y El Gran Leslie de la Carrera del Siglo mi héroe.

domingo, 6 de julio de 2008

Gordon, Andy, Stewart y... Eva

Todo empezó en aquella habitación oscura, casi gótica, con la escasa luz que entraba por la ventana que daba al balcón, permanentemente cubierto por ese toldo azulón tan característico de los edificios naranjas de Móstoles de los años 80.

La trenza hippie, que mi padre le había obligado a cortarse una vez hecha, pegada con un trozo de celo en la puerta de la habitación de mi hermana Eva era sencillamente un símbolo más de la revolución que había empezado hacía unos pocos años entre ella y mi padre. La lucha que abriría la brecha que todo hermano mayor debe surcar en primer lugar y en solitario para que los que vienen detrás se aprovechen de las ventajas de tener el camino, sino despejado, al menos marcado y con los filos redondeados. Ella tenía 19 años por aquel entonces y yo 11.

Mi cuarto estaba justo enfrente del suyo. Siguiendo su ejemplo rebelde mi puerta tenía colgado un folio con un "No Entrar" escrito con letras enormes e infantiles y con unas diferenciadas franjas de tinta, que pretendía ser negra pero era gris, que delataban el uso de mi primera impresora de carril. Me gustaba colarme en su habitación y tumbarme en la colcha de flores oscuras que cubría la cama simplemente para disfrutar de su presencia mientras dibujaba aquellos enormes planos Rotring, escuadra y cartabón en mano o esos árboles inacabables en distintas tonalidades de verde acuarela. La mesa de arquitecto siempre estaba iluminada a pesar de lo lúgubre de la habitación. A mi padre le encantaban las estancias luminosas así que mi hermana obviamente no iba a darle el placer de ver en su habitación la cama de princesa de cuento de hadas que lucía sin embargo mi hermana mediana, Naty.

Y allí estaban ellos, resonando en los bafles de la mini-cadena de Eva, con aquel sonido un tanto enlatado y los estribillos repetitivos que te hacían quererlos u odiarlos. Allí estaba Sting dando voz, una voz que nunca valoré lo suficiente hasta ayer, a las monótonas letras llenas sin embargo de mensaje y sentimiento.

Eso sólo fue el principio, que tuvo su continuación 11 o 12 años después en la boda de Eva, dónde pasadas ya las 3 de la mañana largas, se le pedía al DJ el "So Lonely" de The Police para delirio de los asistentes y éxtasis de los tres hermanos. Nos cogimos de los hombros haciendo una piña de tres espectaculares piñones, uno vestido de novia, otro con un palabra de honor rojo que quitaba el hipo y el más pequeño con un traje gris y un peinado engominado irresistible, y comenzamos a dar vueltas, a botar y a gritar la letra de la canción que, sin saberlo, había sido un vínculo entre nosotros todos aquellos años.



Y por fin la traca final. 8 años más tarde. The Police decide volver a los escenarios. Un sólo concierto en España. Hice lo posible por ir a Barcelona con mis hermanas pero mi sobrino Iván, embrión entonces, y vivito y coleando unos meses después, hicieron imposible nuestra asistencia. Pero el Karma es como es y me entero de que este año dan tres actuaciones. Vuelvo a mover los hilos y después de encajar las fechas finalmente Eva y Toño se plantarían en Rock In Rio Madrid dispuestos a ver pasar ante sus ojos años y años de risas, momentos especiales y experiencias vividas con el grupo inglés como banda sonora de sus existencias en aquella habitación.

Todos sentados en la hierba artificial de la espectacular ciudad del Rock de Madrid. Después de que Estopa reivindicara que su hora debería haber sido la de antes de The Police y relegar así a un mediocre Alejandro Sanz, que además me hizo hacer una estupidez, al tercer lugar del cartel. Se oye un grupito de personas que comienza una ovación. Es la señal. Nos levantamos. Las luces del escenario se iluminan presagiando el inicio del concierto. Ahora sí. La ovación es total. The Police irrumpe en el escenario y antes que nos demos cuenta ya han sonado los primeros acordes de uno de los buques insignia del grupo, "Message in a Bottle".



Acostumbrado a oír ese mismo sonido leído de un reproductor digital y emitiendo la señal por un altavoz casero de escasa potencia, el vello de todo mi cuerpo, y cuando digo de todo es exactamente eso, se eriza al sentir aquella ola de potencia y musicalidad a la vez. Andy está mayor pero toca con precisión y maestría, Copeland parece el más fresco de los tres y machaca la batería a una velocidad de vértigo haciendo olvidar el sonido a lata de sus primeros discos y despertando un profundo sentimiento de admiración en cada movimiento de sus baquetas.

Pero todas las miradas están puestas en el líder de la banda. Sting aparece con una camiseta negra ajustadísima que muestra "los buenos genes que tiene", palabras textuales de mi hermana. Su bajo de cuatro cuerdas, con la insignia de la policía en la correa, está gastado y regastado de las vueltas que ha dado por el mundo. Luce una barba canosa que si bien al principio le hace parecer más viejete consigue unos minutos después darle un atractivo aún mayor si cabe. Y sus primeros planos en las pantallas gigantes del recinto dejan apreciar el espectacular color de sus ojos sólo superado por el color de su voz. Y es que si algo sorprendió a cada espectador del concierto de The Police de ayer fue sin duda la voz del cantante. Me faltan conocimientos técnicos para describirla pero sólo diré que nunca he oído a alguien cantar así. Te hace dudar que las sirenas de La Odisea de Homero no existan.

Las miradas que le echaba a mi hermana durante el concierto valen su peso en oro. Como una colegiala gritaba las letras, saltaba y bailaba sin parar y su cara reflejaba felicidad plena. Hubo un segundo en que cerré los ojos y volví a tumbarme por un momento en su cama oscura y la vi dibujando sin parar en su enorme mesa de arquitecto mientras me hablaba sin levantar la vista de sus planos, descubriéndome con sus palabras las vicisitudes de la vida que me tocaría vivir.

Después de dos bises, el concierto se acabó y con ello vino esa sensación de "Ya está", después de que se acaba algo que llevas esperando tanto tiempo, que seguro todos conocéis.

Ayer por la noche me fui a dormir con una enorme sonrisa en mi rostro, tarareando aún el "Next To You" con el que cerraron el concierto y con una sensación de que habíamos avanzado un pasito más en la completitud de nuestras vidas, habíamos asistido juntos al último concierto de The Police. Había, en cierta medida, saldado una deuda con mi hermana mayor. Le había devuelto lo que ella me dio al descubrirme este grupo y permitir a La Policía esposar nuestras vidas.

Un beso para todos.