Todo fenómeno social tiene una explicación, sólo hay que pararse a pensar, analizar un poco y dar con ella. Me llamó la atención el otro día al leer la crítica de Hancock cómo los antihéroes están de moda.
Estos personajes son protagonistas de una historia hecha a medida dónde se muestran con sus manías, vicios y defectos como los del resto de mortales para dejarlos todos a un lado y tener éxito en una faceta determinada de sus vidas que casualmente es algo a lo que todo el mundo quisiera tener acceso. Un antihéroe es más cercano al pueblo porque nos hace pensar que cada uno podemos utilizar lo que no nos gusta de nosotros para llegar a ser mejores.
Los héroes de antaño eran demasiado perfectos, demasiado guays y hoy en día esa perfección tan pura es tomada como un síntoma de prepotencia y falsa modestia a veces justificada y otras veces provocada, porque no decirlo, por cierta envidia.
Antes se les adoraba porque la forma de vida era diferente, las clases sociales estaban más diferenciadas y el ser socialmente perfecto era una directriz a seguir para escalar y mejorar el estatus social. En definidas cuentas estaba bien visto hacerlo todo bien y demostrarlo. Ahora cada uno es más libre de hacer lo que quiera y la sociedad se ha pulido para que los prejuicios sean cada vez menores, aunque por supuesto los siga habiendo.
Esta sucesión de ideas que se precipitaban en mi cabeza en un vagón de metro me hicieron desarrollar la siguiente idea.
Estuve hace tres semanas en Eurodisney con mi familia. léase dos padres, dos hermanas, dos cuñaos y cuatro sobrinos. Según iba andando por los pasillos del castillo de la bella durmiente al que ellos llaman Hotel Disney, no paraba de ver niños correteando por doquier, animadores disfrazados de todos los personajes de la factoría firmando autógrafos a diestro y siniestro y un montón de risas, algunas adorables otras exacerbantes, mirase donde mirase.
Los mayores estaban demasiado ocupados en tratar de domar a sus fieras y las fieras sólo se dedicaban a sonreír estupefactos ante la firma que acaba de estamparles la Sirenita en sus estrafalarios, no digo horteras por no haber desarrollado aún los críos el sentido de la vergüenza, cuadernitos de Blanca nieves, Peter Pan o Piratas del Caribe. Evidentemente nadie me prestaba la menor atención pero yo me sentía fijamente observado por cientos de ojos que no existían pero me decían claramente con su mirada, "¿qué hace un hedonista treintañero, soltero y vividor en estos lares?". Mientras meditaba mi respuestas a la cual no daría sentido hasta el final del viaje, me sacó de mi espiral de pensamientos el más grande dibujo animado de todos los tiempos, El ratón Mickey Mouse.
Espero que esto que voy a decir ahora no hiera la sensibilidad de nadie.
Este elemento salido un buen día de la mente de Walt Disney tiene todo para ser odiado por la sociedad actual y sin embargo es venerado como si fuera un dios en la tierra. Su voz es cuanto menos molesta. Chillona y siempre de buen humor, con ese sonidito jovial al acabar las frases, está pensada para generar buen rollo pero lo que a mi me provoca es un sentimiento de "ya está el más feliz del mundo aquí, que agco". Todo le sale bien, nunca pierde a nada, quiere parecer que es el más listo cuando en realidad es Walt Disney el que diseña el capítulo para que todo le salga bien, lo que tiene es suerte!!!. Tiene una novia a la que quieren hacer parecer guapa con su faldita y sus zapatitos de charol, cuando en realidad me parece una pija cachonda que va enseñando el refajo allá donde va. Por donde pasa Mickey no es que a él le salga todo bien, que le sale, es que a los demás personajes que tienen la mala suerte de cruzarse en su camino les sale todo mal. Siempre con esa sonrisa de oreja a oreja plantada en la cara como si por estar todo el día sonriendo fuera mejor tío, como el sin vergüenza de Ronaldinho.
Pero lo peor de Mickey Mouse, sin ningún genero de dudas, lo que me provoca mayor repulsión, lo que le hace ser prepotente y resabidillo hasta la médula es que.... SILBA!!!. El cabrón va silbando a todos lados, cuando va en barco, cuando va por el campo, cuando saca al perro. Silba para demostrar que no se puede ser más feliz que él. Él es lo más y punto.
En fin. Después de esta ida de olla que tengo mientras rodeo a la multitud que aclama boli en mano al amigo Mickey, llego a desayunar. El resto del día me lo paso con mi familia disfrutando del abarrotado parque temático y haciendo que mis sobrinos se diviertan al máximo. Sólo me descentro de esa labor cuando me encuentro con El Pato Donald y me lo imagino acompañado de Pluto, de Jafar, de la bruja de Blanca Nieves, de la bestia de la bella y la bestia, del jorobado de Notre Dame y de alguno más, dándole una paliza al bueno, prepotente, chulesco y sobraó de Mickey Mouse mientras Aladín le levanta la novia.
Al acabar el viaje, a pesar del estrés de estar rodeado de tantos niños y de que se retrasasen los vuelos, lo único que te queda en la retina son las inocentes y cristalinas sonrisas de felicidad de tus sobrinos, el gesto de ilusión a pesar del cansancio de tus padres por estar todos juntos una vez más y las risas que has echado con tus hermanas y cuñaos con los que sigues teniendo el feeling de siempre. En definitiva te queda la sensación de que ha merecido la pena. De que has derramado unos cuantos litros en una de las presas que contienen los elementos emocionales que te hacen ser quien eres y que a veces dejas que se vacíen más de la cuenta.
Cuando llego a casa y me pongo el pijama se cae del bolsillo del pantalón la entrada al parque y allí está él mirándome fijamente con su sonrisa maravillosa y sus perfectas orejas redondeadas. Por un momento parece que la imagen se modifica y sus labios se aprietan uno sobre otro dejando un pequeñísimo agujero por donde expulsar el aire pero no produce ningún sonido. Me sonrío a mi mismo y me voy a la cama pensando que héroe o antihéroe lo importante es surgir en el momento oportuno. Mickey siempre será un héroe para los niños, a pesar de que si naciese ahora no llegaría ni a emitirse en canal 7, y nosotros antihéroes de nuestras propias vidas.
Un beso para todos.
PD: Lo que mamas de pequeño es inmutable y yo nunca mamé a Mickey Mouse. Por eso el Coyote siempre será mi antihéroe favorito y El Gran Leslie de la Carrera del Siglo mi héroe.
Nunca me gustó Walt Disney, ni su legado. Siempre preferí la "factoría" Warner Brothers, en especial mi favorito, el Pato Lucas.
ResponderEliminarPero es verdad que si algo bueno dejó este Walt, es sacar una sonrisa a tantos y tantos niños, entre ellos los sobrinos, para poder disfrutar de ellas.
Esto,esto,esto es todo amigos!
Un besote. Itzi.
P.D.:aunque no lo creas,sigo leyendo tu blog.
Pero que dices! no tienes ni idea de lo que es la fantasia Disney!
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