miércoles, 31 de diciembre de 2008

La semana del buen rollo

Y por fin parece que clarea. Después de 15 días cavando bajo la lluvia tratando de buscar alguna respuesta como si de un cofre de madera lleno de monedas de oro fuera a tratarse. Con la arena cada vez más húmeda transformándose ya los últimos días en barro, que hace más difícil cada palada y que provoca que acabes atrapado en el lodo que ahora ocupa el hoyo que tú mismo has cavado y que se suponía iba a darte alguna respuesta. Una respuesta que no llegará, ya que el círculo se cierra al formular la pregunta "¿Que estoy buscando?".

Era la primera vez que la pala no ejecutaba su monótono movimiento. Se había quedado suspendida en el aire por mis brazos y jadeando miré, también por primera vez, al sol, que no parecía que acabara de salir sino llevar ahí un buen rato a pesar de la lluvia, que lentamente se mitigaba. ¿Era mi consciencia la que me hacía sentir ahora el calor del sol? ¿El ser consciente de que éste estaba ahí?, ¿el hacerle caso?, ¿era ella misma la que me había hecho centrarme tanto en la gélida lluvia y conseguir ahora, al quitármela de la cabeza, que se dispersase tan rápidamente? Supongo que sí.

Y es que sólo ha hecho falta:
La visita de las personas que llevan los glóbulos rojos de la misma marca que los míos en el interior de cada vena de su cuerpo, y que me abrazan y me besan de forma gratuita y desinteresada, con los que hay tanta complicidad que cualquier chiste o chascarrillo se convierten en una carcajada sonora e incesante.

El sufrir las patadas, codazos y tirones de pelo de unos diminutos pies, brazos y deditos que al tocarlos y sentirlos calientes, vivos y llenos de vitalidad te apetece que vuelvan a pasar por encima tuyo una y otra vez haciéndote ver que hasta lo que pensabas que mas puede molestarte en el mundo de pronto no te molesta en absoluto ya que lo que finaliza cada movimiento es una sonrisa o en su defecto una carcajada de entusiasmo absolutamente contagiosa.

El pasar un día entero haciendo algo que te encanta rodeado de nieve y bajo un cálido sol que acaricia tu rostro y contrarresta la suave pero algo baja temperatura del lugar y al finalizar el día te montas en el coche, miras a tu agradable compañera, y simplemente sonríes.

Un reencuentro con viejos amigos para asistir a un acontecimiento que si bien nos une cuando lo disfrutamos por separado, nos funde cuando estamos todos juntos. Y nos abrazamos, unos y otros, saltamos, gritamos, y sobretodo reímos.
Un mail misterioso, un sms amable de alguien que no lo fue, un montón de planes en el horizonte y un millón de vacaciones para hacerlos realidad en el posiblemente año con mayor bajada de precios que será el que viene.

Y es que soy un adicto al tiempo NO-libre. Pero como buena adicción al principio los chutes
son de calidad y producen un subidón inolvidable. Todo es nuevo, es la primera vez que lo
pruebas, te llega directo al corazón y al cerebro. Pero luego te acabas acostumbrando y cada
vez te metes más y de calidad dudosa, hasta que llegas a consumir cualquier cosa que pillas.

Afortunadamente mis camellos me cuidan y se esfuerzan en suministrarme nuevas dosis, nuevos antídotos, que luchen contra mi natural veneno, pero, rompiendo aquí el horripilante símil de la droga, estos camellos no son malos, ni perversos, ni interesados, ni malévolos, estos camellos de los que por suerte estoy rodeado son sencillamente.... Ángeles guardianes.

Y es que mi vida en estos dos últimos años se puede definir como ese librito de 5 cm2 que compras como suvenir en cualquier destino turístico y que dentro contiene pequeñas fotografías emblemáticas del lugar. Mi vida es un acordeón de imágenes de cientos de momentos inolvidables y especiales que he vivido pero que debido a algún elemento ectoplasmático viscoso y pegajoso mitad nostalgia y mitad anhelo no soy capaz de abrir del todo para vislumbrar orgulloso y en total plenitud todos esas experiencias que he disfrutado. Y el interior del libro crece y crece pero el acordeón sigue sin abrirse apretujando las páginas y haciendo que pierdan parte de su magia.

Pero gracias a mis ángeles guardianes, los ancianos, los viejos, los nuevos y los recién nacidos, poco a poco voy eliminando ese líquido fantasmal y reencontrándome a mi mismo.

Gracias.

Un beso para todos.

PD: Feliz 2009!!! Va a ser un año duro por la crisis económica pero no todo en la vida son billetes. Como le oí decir a alguien en la tele el otro día “La única forma de salir de las crisis es el buen humor.”. Y es que, y esto sí que es mío: “El buen humor ni se compra, ni se vende, ni se enseña, ni se aprende, simplemente se regala. Él hace el resto”.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Hacer Limpieza

Es largo y más malo que bueno pero si lo llegáis a leer, los que me conozcáis imaginadme contándolo y los que no pensad en alguien que gesticula mucho y hace ruiditos ;)


Muchas veces no valoramos la importancia que tienen algunas cosas. Siempre están ahí, las damos por hecho, ayudan a los demás y a nosotros mismos. Sólo aportan cosas buenas, son todo ventajas. Por ejemplo.... hacer limpieza.

¿Qué haces un día de lluvia, sólo en casa, deprimido, sin ganas de nada, ni nadie y además aburrido?. Un día de estos que estás cansado de ti mismo, que te apetece tener una cremallera en el cuello de la que poder tirar hasta los pies y quitarte el cuerpo, con cerebro y todo, como si fuera un traje. Pero ojo!! una vez quitado ¿qué haces? Efectivamente, tirarlo a la cama. Lo que viene muy a cuento de lo que voy a hablar.

Pues en uno de esos días, está claro, haces limpieza. Una tarea fácil, activa y entretenida, justo lo que necesitas en ese momento. En mi caso cada vez que hago limpieza es como si volviera a mudarme porque absolutamente todo lo que uso lo tiroooo... por ahí. Donde caiga. Llego a casa, la chupa a la silla del salón, voy a la cocina, huy! si no me he quitado los guantes pues a la encimera, cojo una onza de chocolate para el camino a la parte de arriba, me mancho los dedos y cojo un trocito de rollo de papel y salgo disparado para arriba, me quito los zapatos sin desabrocharme los cordones, les doy dos precisas patadas para dejarlos cerca del zapatero, que está vacío y tiene todos los zapatos al retortero por sus inmediaciones, me quito los pantalones, a la cama, suelto el papel manchado de chocolate y lo pongo con cuidado de no manchar, vamos a ver, aquí no.... aquí tampoco, aquí!! encima del libro de la mesita de noche, etc... Así con todo. Y no me miréis así porque no soy el único guarrete eh cabroncetes?

Vamos que cuando pasan dos semanas los armarios están vacios y la ropa desperdigada por la casa, así que es tan divertido como la primera mudanza. Hacer limpieza te activa porque todo lo haces más de dos veces, por ejemplo decides que un cajón es para los calcetines, cuando te das cuentas que hay calcetines de vestir y de los blancos de deporte ves que necesitas dos cajones, pero el segundo cajón ya lo habías ocupado con la ropa interior y el tercero con los pijamas, así que tienes que pasar los pijamas al cuarto, los calzoncillos al tercero y ocupar el segundo con ese nuevo tipo de calcetín, siempre y cuando no decidas que los de deporte tienen más caché que los de vestir, en ese caso los de vestir al segundo y dejas libre el primero para los de deporte. Siempre ha habido clases.

Es imprescindible antes de empezar a hacer limpieza, bueno también vale 20 segundos después de empezar cuando te das cuenta, hacerse con un par de bolsas del Carrefour, que irán a parar a una parroquia, iglesia o similar, dónde meter los calcetines grises del tomate en el dedo que llevan unos años ya viviendo de las rentas de aquellas mullidas y placenteras sensaciones que te proporcionaban cuando estaban nuevos y entraban suavemente hasta acoplarse con perfección a la forma de tu pie. Ahora sencillamente, raspan. A la bolsa.

O los pantalones de deporte del equipo de baloncesto del colegio, porque yo jugaba con mi 1,60, cuando tenía 17 años eh? no os riáis, al baloncesto de pequeño. Era muy bueno..... de base. A la bolsa.

O la camisa "de vestir" que te regaló tu tía hace la tira de años con más cuadros que El Louvre y de unos colores que si los mezclas todos y los mueves rápido no dan el blanco de lo poco que pegan!!! Pero te entra lo que yo llamo el efecto "Morriña tonta". Es un regalo y los regalos no se tiran por muy horrendos, inútiles que sean o el espacio que ocupen. A un amigo mío que vivía en un piso de estos de 30 m2 le regaló otro amiguete la cama RestForm, esta que se hincha, por si tenía visitas. Que cachondo. Encima la de matrimonio. Y él venga a decir "No cabe" y el otro "que sí hombre que la probamos, no le dirás que no a un regalo". Y así lo hicieron, la probaron. La siguiente imagen que tengo es al propietario sentado en el retrete con una esquina de la cama aplastándole la nariz "Basa, Basa. Es que no budimos deshincharla y me he quedao encerrado aquí". Y señala al otro extremo de la casa donde está el otro aplastado contra la pared sin poder moverse "Lo ves como es buena, que no se pincha ni ná?" Y es que hay regalos que matan.

En fin, que por ser un regalo no lo tiras pero como el juicio moral de esa camisa ya ha prescrito y de paso el de la camisa de MANGA CORTA y la corbata a juego que te regalaron tus amigos los terroristas de la moda cuando empezaste a trabajar, también. Todo a la bolsa.

O esa fabulosa camiseta de manga larga con su dinámico y llamativo color.... BLANCO. No es de las de Damart Termolactil, estas las fui tirando a una por año, siempre dejaba una "Por si acaso algún día hace mucho frío", y al año siguiente, "el año pasado no me las puse pero este año parece que va a refrescar", y al otro "Cuando el grajo vuela bajo....", así hasta que no me quedó ni una. Ni siquiera de las de tirantes que siempre me han hecho una graciaaaaa JAJAJA. Que digo yo, que capacidad publicitaria estos de Damart, te generan una necesidad y unos cuantos años después, una vez invertido el dinero y sin tocar el producto te das cuenta que nunca las necesitaste, algo así como la tele pero ya habiéndonos dado cuenta. Esas iban a la bolsa que daba gusto así que UNICEF puede tener algo que ver en esa campaña. De ser así me parece rebuscadamente brillante y mucho más elaborado que las técnicas directas y toscas de hoy en día en plan: "Apadrina un niño", "Ellos te necesitan", "Vota IU".
Y luego están las camisetas estas que no hay por dónde cogerlas y dices porque se lo has oído a tu madre "Estas pa' trapos". Pero es que luego te das cuenta que son mejores que los trapos de verdad. Y eso te lleva a pensar que si los niños pobres que ves en la tele llevan esas camisetas que tu ibas a donar y que ahora son tus trapos, ¿porqué los fabricantes de trapos no hacen ropa más barata hecha de tela de trapo y se la dan a los niños pobres? así yo me quedo mis trapos-camiseta y ellos sus camisetas-trapo y tan contentos. Claro que imagínatelos a todos iguales ahí en las fabelas con los estampados de limones y naranjas. Y cuando lloviera no podrían salir a la calle......serían super absorbentes (jijiji). Y luego el olor, que un trapo hasta nuevo huele mal. Igual no es tan buena idea.

Pero quería referirme a la camiseta blanca de manga larga raída por los años, esa que parece casi transparente, cuya etiqueta del cuello queda sujeta sólo de un lado porque las cruentas batallas de la vida la han desprendido del otro mostrando un mensaje que es casi ya ilegible, pone algo así como "Massana", con ese Sana caído ligeramente por debajo de ese Mas. Se conocen casos en que se ha llegado a leer algo así como: "Fruit of the loom" pero son los menos :O (JUAS!)

En definitiva es una prenda que siempre está en el purgatorio. Sí, el purgatorio de la ropa, ¿no conocéis ese montoncito de cosas que estás seguro de tirar pero te da pereza pensarlo en ese momento y dejas amontonadas para..... "la segunda vuelta"?.

Curioso esto de la "segunda vuelta". En toda limpieza hay una segunda vuelta. Yo creo que es el único momento en que unas prendas de ropa tienen más opciones que los españoles en unas elecciones. En fin. De todas formas esto no se hace hasta el final así que lo dejo para luego.

Pero ¿qué pasa cuando ya has colocado toda tu ropa?. Lo de invierno con lo de invierno pero separado de lo de la nieve, y el gorro rojo bueno ¿es de nieve? Sí claro, pero el azul este de lanilla que me encontré en el metro de que es ¿de invierno? o ¿de nieve?, AL PURGATORIO.

Lo de verano con lo de verano, todo en el maletero metido en una caja con un post-it que pone en un alarde de ingenio "Verano", porque estamos en invierno. Y es que esto de las cajas también requiere especial mención. No me iba a parar en ello pero me estoy acordando de una caja del maletero de mis padres que ponía "Pantalones nieve". Con ese título tan atractivo pasa tan desapercibida como una peli porno en la sección infantil de un videoclub, en este caso entre la aburrida "Mantas" y la surrealista "Combinaciones Yaya". Así que la abres esperándote encontrar 600 euros en pantalones de nieve. ¿Pero qué encuentras? Unos pantalones azules y rojos manufacturados en casa hace 15 años del tamaño de Torrebruno hechos de esa telilla como de lonilla chunga que está a medio camino entre el Karhu de toda la vida y los chándals de los yonkis estos de mil colores y que tu madre te dice toda seria "Son impermeables eh?" y tú flipando que aún esté convencida de ello "Sí, sí, me lo creo". En fin.

Los jerséis todos mezclados porque te diste cuenta a mitad que no podías distinguir sólo con dos columnas por colores y por con cremallera o sin cremallera, siempre acaban mezclándose. Las sábanas con las sábanas, las bajeras hechas un higo tras dos intentos de doblarlas bien. No importa. En definitiva todo en su sitio.

Es entonces cuando tienes que enfrentarte a la "segunda vuelta", a las almas del purgatorio que esperan tu divino veredicto. Y decides.....

Ordenar los cajones del escritorio, o que os creíais que se acaba esto ya? jajajajaja. Estos no tienen mucho misterio. Lo tiras todo menos unos Plastidecor del año 1986, un paquete de globos de a pela porque "nunca sabes cuando vas a hacer una guerra de nuevo", Que tienes 30 años coño!!!! dónde vas con una paquete de globos?, te ríes pero te quedas los globos, un pen drive de 1GB, unas chinchetas, 4 pines (pines!!! porque te los quedas? no lo sabes pero lo haces) y la pieza de coleccionista que todo el mundo tiene en sus cajones de escritorio pero que cada uno considera única y de incalculable valor, el trozo de plástico mejor empleado del mundo, un instrumento capaz de sacarnos de cualquier apuro: UNA REGLA TRANSPARENTE DE 30 CM!!!. Que para las tres veces en tu vida que la usas los 30 cm no dan por un pelo y tienes que tirar del metro de toda la vida. También están los premios noveles de precisión que ponen el dedo donde acaba la regla y la vuelven a poner a continuación tantas veces como sea necesario. La madre que los parió.
Bueno hay un caso de esos tres que hablaba antes en que 30 cm dan de sobra y más delante del ordenador porque ya se sabe que con internet "Sabes cuando te bajas los pantalones pero no cuando te los vas a volver a subir" JAJAJAJA (Va por ti Cádiz).

La historia es que coges todas esas cosas y las metes en "El cajón desastre". Tienes tres cajones vacíos y el "Cajón desastre", que te compras una cámara de fotos, el cargador va al cajón desastre, que te compras un módem, el cable del teléfono que no usa ni dios va al cajón desastre, que te compras un pen drive porque no te acordabas del de 1GB que tenías ya, al cajón desastre. El bote de bolis de los cuales no pinta ni uno. Al cajón desastre. Lo folios.... NO, al cajón desastre no, porque no caben, son planos y rectangulares y no encuentran su lugar en ese cajón. Hay que habilitarles uno nuevo a los folios, siempre. Nadie sabe porqué este trato preferente a los folios, será porque son blancos...., no sé pero siempre en su cajoncito solos.

Y cuando ya no te queda nada más por hacer en toda la casa y te enfrentas a tu camiseta blanca, ahora sí, que te ha acompañado en todas las etapas de tu vida, te paras a pensar que sólo la usas de pijama y que es el mejor que tienes porque cuando te la pones no sólo te arropa la camiseta en sí misma si no que te sientes envuelto y protegido por todos los recuerdos que ha vivido contigo, los años que fue camiseta interior en el fútbol, la de fines de semana que tu novia a aplastado sus orejillas contra ella mientras te abrazaba, las noches de navidad que la has usado como pijama esperando los regalitos. Y miras el terroríficamente caro y terroríficamente pomposo pijama de 200 euros de Agatha Ruiz de la Prada que te regalaron el año pasado y que sólo te has puesto una vez porque tiene un floripondio de felpa en el pantalón con algo que pincha y que no encuentras y que te toca justo en el.... en el... en el escroto, coño!!! y que no hay quien lo aguante. Y lo pones al lado de tu camiseta MasSana y la decisión está tomada. ARP--> A LA BOLSA!!!!!

Y es que en eso consiste una limpieza. En quitarte lo que te sobra por muy valioso que parezca y quedarte con lo que realmente importa por muy mal aspecto que aparente.

Un beso para todos.

PD: Si alguno queréis hacer limpieza. Iros a un lugar muy apartado que conozcáis donde nadie pueda veros ni oíros. Y gritad con todas vuestras fuerzas después de respirar hondo. Haced esto tres veces. Y después llorad sin consuelo el tiempo que necesitéis.
Mano de santo ;)

viernes, 5 de diciembre de 2008

The Dark Lady

Probablemente no volvería a verle. Y era mejor así. No quería matarle. Después de darle muchas vueltas y luchar contra las convicciones y directrices que había seguido a raíz de su cambio, ese chico no entraba dentro de ellas. Era distinto, como una estrella en el cielo en una noche oscura, una diminuta luciérnaga de luz cegadora en un poblado bosque o un faro en medio de la tempestad.

Rompería su ritual. Un ritual que había empezado 8 años atrás. En verdad siempre fue una chica rara, socialmente inadaptada pero no se consideraba una loca. Siempre había sido muy consciente de la realidad en la que vivía y sabía adaptarse pero no luchar contra su naturaleza. Aprendió a dibujar a los 6 años, no a dibujar garabatos o paisajes con una casa y su chimenea echando humo, un sol brillante y sonriente en la esquina del papel, una nube regordeta con pájaros revoloteando a su alrededor y una vaca al lado del árbol cercano a la casa, aprendió a dibujar con una trazo perfecto demonios alados sedientos de sangre, princesas tristes y oscuras, aterradores dragones incendiarios y paisajes negros y tenebrosos. Todo era oscuro en su mente pero al traspasarlo a los nervios de sus manos de lo que allí salía eran auténticas obras de arte siniestro y espectral, pero obras de arte al fin y al cabo.

No se lo enseñaba a nadie a sabiendas de que la sociedad no la entendería, su familia tenía demasiados problemas como para crearles más y sus amigas nunca habían sido lo suficientemente fieles para fiarse de ella, así como no entendían los sueños que tenía y plasmaba con melodiosos versos fúnebres o con historias que podían hacer palidecer a la más feliz de las criaturas sobre la faz de la tierra.

Rebosaba talento, pero no podía mostrarlo. Tenía miedo. No estaba segura de lo que era ni tampoco si, se tratase de lo que se tratase, era buena o mala. Pero se sabía lista y preceptiva. Imaginaba mil formas de quitarse la vida, unas brutales y sangrientas, otras finas e indoloras, pero siempre pensaba en como hacerlo para que nadie se enterase. Al menos hasta que la echaran de menos, si es que eso podía ocurrir.

Un buen día toda la oscuridad que la envolvía desapareció. Fue como de golpe. Como si un enorme rayo de luz iluminará una estancia al abrir la persiana que ha estado a oscuras durante siglos. Ese rayo de luz tenía piernas y brazos y cuerpo y una cara que le había encandilado por completo. De pronto sentía ganas de hacer de todo con todo el mundo, se sentía viva y parecía que él también se sentía así a su lado. Si de eso se trataba el amor se aferraría a ello con todas sus fuerzas.

No sabría decir exactamente cuando todo eso cambió pero no pasó demasiado tiempo. Su príncipe azul resultó ser la persona más cruel y ruin que jamás había conocido pero su corazón se negaba a verlo. Si él la maltrataba ella se convencía que había sido su culpa, si el se gastaba el dinero que ella ganaba en el casino, trataba de comprender sus vicios y consolarle, si la engañaba con otra o se iba de putas, se aborrecía a sí misma por no saber darle lo que necesitaba y dejaba cada vez más que él le hiciera cosas que en el fondo no quería aunque se auto convencía de querer hacerlas, ya no era amor era degradación. Hasta era capaz de cubrirle ante la ley por posesión de drogas y otros trapicheos, lo que le había llevado a probar los calabozos en alguna ocasión y tener una larga lista de antecedentes de los cuales no tenía la culpa, al menos directa, y que no deberían estar ahí.

Después de 3 años de aquella agonía, todos sus dragones, sus hadas oscuras, sus árboles siniestros, sus sueños de muerte volvieron de pronto pero no en forma de tinieblas asociales, sino que la sirvieron para coger toda la luz cegadora de aquel rayo y transformarla en una menos intensa que le permitiera ver que había en la habitación. Una luz que le enseñó las cosas claras. La convirtió en lo que era ahora. Aquel hombre que le había amargado la existencia no tenía derecho a la vida. Acabaría con él.

Y Así lo hizo. No fue difícil dada su rematadamente rebuscada imaginación. Lo peor vino luego. Cada persona del sexo opuesto que conocía y le atraía tenía algún defecto irreversible después de un tiempo y su "enfermedad" se fue haciendo cada vez más fuerte. Tenía la necesidad de matarlos. Al principio pensaba que no estaba bien pero como si de una balanza se tratara cada vez que cometía un asesinato el lado de la balanza que pensaba que hacía justicia y saciaba su sed de sangre pesaba como una losa de hormigón y el lado de la conciencia y el remordimiento no era más que una suave e inane pluma. Todos eran malos. Egoístas, mujeriegos, mentirosos, cabrones, infantiles, crueles.... la lista era interminable.

Ahora se dedicaba a atraerlos. Los engatusaba, no es difícil hacer que un cerdo se acerque si le enseñas el suficiente pienso envuelto en la suficiente mierda, y para esos cerdos no hacía falta demasiado pienso, ni demasiada mierda. Les encontraba un defecto y era suficiente excusa para mandarles al otro barrio. Le gustaba imaginar lo que les costaría morirse. De hecho algún día seguro que uno estaba vivo mientras enterraba a otro a su lado a unos estrictos 2 metros de separación, lo justo para que se pudieran oír los gritos el uno del otro pero que les fuera imposible entenderse ni comunicarse. Algún día cuando fuera vieja y ya no le importara nada, aún menos que ahora, los desenterraría a todos, abriría los ataúdes y disfrutaría viendo los arañazos desesperados en la roída madera de la tapa. La mandíbula desencajada por la desesperación y la rabia, aunque sólo quedaran los huesos lo percibiría, lo imaginaría y se reiría a carcajadas estridentes de vieja y les sermonearía con un "Vosotros os los buscasteis, cerdos!!!".

Pero su supuesta siguiente víctima le había sacado de su esquema. No tenía defectos, no tenía al menos ninguno que la perturbara. Era educado, cortés, sincero, seguro de sí mismo, comprensivo y lo más importante, atento. Se preocupaba por ella, al principio creía que era para llevársela a la cama, lo que le había puesto la cruz para irse al ataúd de cabeza, pero no era eso, sencillamente él era así. Tampoco estaba enamorado de ella, lo daba todo porque daba todo a todos en su justa medida, era la persona más ecuánime que había conocido. Fue el único al que le enseñó sus dibujos y no puso mueca de horror ni la miró como si estuviera loca, simplemente sus adorables ojos adoptaron una forma de sorpresa entrañable y cuando ella se esperaba un "Estás loca de atar", sólo escuchó "Pero esto es la leche. ¿Tú has visto como dibujas? tienes talento tía". Con él no tenía miedo, se sentía libre.

Sin embargo algo en su interior, todo el tinglado de reglas para que aquella especie de viuda negra funcionara, no quería derrumbarse. Había pensado demasiados años que todo eso era perfecto para tirarlo ahora abajo por un espécimen que parecía especial. Algo encontraría que no le gustara y acabaría comido por los gusanos como se merecía el resto de su especie.

Pero no lo encontró. Y tuvo que ponerle mil excusas para no volverle a ver porque cada noche que él trataba de conseguir una cita, ella le decía que sí y preparaba el escenario del crimen pero al final se arrepentía porque no podía matarle. Temía equivocarse. Él le había devuelto la esperanza.

Y aquella noche era la decimo... no la vigésimo..., BUA, daba igual, ya no se acordaba. Pero era seguro que no volvería a verle. Había conseguido que perdiera el interés a base de parecer siempre ocupada cuando él percibía que no era así. Había minado sus ilusiones una y otra vez hasta que finalmente los restos de éstas fueron tan minúsculos que no pudieron volver a unir y crear una nueva como hasta entonces habían hecho. Se acabó. Todo se acabó por salvarle la vida. La única persona que de verdad le había dado luz a su corazón, le hacía reír, le quitaba los miedos y la transformaba en alguien capaz de comerse el mundo y conseguir lo que se propusiera, el único hombre que no enterraría vivo, era el único al que había dejado escapar.

Unos meses después, mientras le dibujaba su cara extremadamente pálida embebida en un halo de luminosidad con una expresión que sólo transmitía paz, rodeado de lobos negros con colmillos enormes y amenazantes, la tristeza le llegó tan hondo al corazón que éste por fin le pudo indicar al cerebro cual era el mejor método de suicidio. Uno que ya llevaba tiempo puesto en práctica sin que se percatase.

No cuidar las pocas cosas buenas que aparecían en su vida.

Un beso para todos.


Epílogo:

Sóla en aquella habitación fría y blanca, mientras su miserable vida se escapaba lentamente de su cuerpo las palabras de aquel hombre retumbaban en su cabeza una y otra vez evitando que su única fuente de descanso, otra mentira más que la ayudaba a entender su vida, le fuera a permitir morirse tranquila:

"La suerte no existe. La vida son probabilidades que nosostros aumentamos o disminuimos con decisiones acertadas o no."

Ella, por fin, había acertado con una decisión.