Y por fin parece que clarea. Después de 15 días cavando bajo la lluvia tratando de buscar alguna respuesta como si de un cofre de madera lleno de monedas de oro fuera a tratarse. Con la arena cada vez más húmeda transformándose ya los últimos días en barro, que hace más difícil cada palada y que provoca que acabes atrapado en el lodo que ahora ocupa el hoyo que tú mismo has cavado y que se suponía iba a darte alguna respuesta. Una respuesta que no llegará, ya que el círculo se cierra al formular la pregunta "¿Que estoy buscando?".
Era la primera vez que la pala no ejecutaba su monótono movimiento. Se había quedado suspendida en el aire por mis brazos y jadeando miré, también por primera vez, al sol, que no parecía que acabara de salir sino llevar ahí un buen rato a pesar de la lluvia, que lentamente se mitigaba. ¿Era mi consciencia la que me hacía sentir ahora el calor del sol? ¿El ser consciente de que éste estaba ahí?, ¿el hacerle caso?, ¿era ella misma la que me había hecho centrarme tanto en la gélida lluvia y conseguir ahora, al quitármela de la cabeza, que se dispersase tan rápidamente? Supongo que sí.
Y es que sólo ha hecho falta:
La visita de las personas que llevan los glóbulos rojos de la misma marca que los míos en el interior de cada vena de su cuerpo, y que me abrazan y me besan de forma gratuita y desinteresada, con los que hay tanta complicidad que cualquier chiste o chascarrillo se convierten en una carcajada sonora e incesante.
El sufrir las patadas, codazos y tirones de pelo de unos diminutos pies, brazos y deditos que al tocarlos y sentirlos calientes, vivos y llenos de vitalidad te apetece que vuelvan a pasar por encima tuyo una y otra vez haciéndote ver que hasta lo que pensabas que mas puede molestarte en el mundo de pronto no te molesta en absoluto ya que lo que finaliza cada movimiento es una sonrisa o en su defecto una carcajada de entusiasmo absolutamente contagiosa.
El pasar un día entero haciendo algo que te encanta rodeado de nieve y bajo un cálido sol que acaricia tu rostro y contrarresta la suave pero algo baja temperatura del lugar y al finalizar el día te montas en el coche, miras a tu agradable compañera, y simplemente sonríes.
Un reencuentro con viejos amigos para asistir a un acontecimiento que si bien nos une cuando lo disfrutamos por separado, nos funde cuando estamos todos juntos. Y nos abrazamos, unos y otros, saltamos, gritamos, y sobretodo reímos.
Un mail misterioso, un sms amable de alguien que no lo fue, un montón de planes en el horizonte y un millón de vacaciones para hacerlos realidad en el posiblemente año con mayor bajada de precios que será el que viene.
Y es que soy un adicto al tiempo NO-libre. Pero como buena adicción al principio los chutes
son de calidad y producen un subidón inolvidable. Todo es nuevo, es la primera vez que lo
pruebas, te llega directo al corazón y al cerebro. Pero luego te acabas acostumbrando y cada
vez te metes más y de calidad dudosa, hasta que llegas a consumir cualquier cosa que pillas.
Afortunadamente mis camellos me cuidan y se esfuerzan en suministrarme nuevas dosis, nuevos antídotos, que luchen contra mi natural veneno, pero, rompiendo aquí el horripilante símil de la droga, estos camellos no son malos, ni perversos, ni interesados, ni malévolos, estos camellos de los que por suerte estoy rodeado son sencillamente.... Ángeles guardianes.
Y es que mi vida en estos dos últimos años se puede definir como ese librito de 5 cm2 que compras como suvenir en cualquier destino turístico y que dentro contiene pequeñas fotografías emblemáticas del lugar. Mi vida es un acordeón de imágenes de cientos de momentos inolvidables y especiales que he vivido pero que debido a algún elemento ectoplasmático viscoso y pegajoso mitad nostalgia y mitad anhelo no soy capaz de abrir del todo para vislumbrar orgulloso y en total plenitud todos esas experiencias que he disfrutado. Y el interior del libro crece y crece pero el acordeón sigue sin abrirse apretujando las páginas y haciendo que pierdan parte de su magia.
Pero gracias a mis ángeles guardianes, los ancianos, los viejos, los nuevos y los recién nacidos, poco a poco voy eliminando ese líquido fantasmal y reencontrándome a mi mismo.
Gracias.
Un beso para todos.
PD: Feliz 2009!!! Va a ser un año duro por la crisis económica pero no todo en la vida son billetes. Como le oí decir a alguien en la tele el otro día “La única forma de salir de las crisis es el buen humor.”. Y es que, y esto sí que es mío: “El buen humor ni se compra, ni se vende, ni se enseña, ni se aprende, simplemente se regala. Él hace el resto”.
Que chulo niño!!
ResponderEliminar"el acordeón sigue sin abrirse"... El primer 80% se olvida rápido -si uno es fuerte- pero hay que ver lo que permanece el otro 20%.. Yo creo que poco a poco también lo vas eliminando... Tiempo al tiempo..
Que bueno es recontrarse con la familia y los buenos amigos.. La navidad!! (al final no va a ser tan mala)
Besitos!!