La cuestión es que cuando algo audiovisual me gusta me meto hasta el tuétano. Incluso llegaba a olvidarme de los gritos, justificados o no, de exigencias de atención que se reproducían a mí alrededor. La tele escupía en ese momento algo llamado Super Hero Squad que viene a ser Los Vengadores pero con los superhéroes y villanos en miniatura. Al principio no me gustó el efecto pero, al igual que el éxito de LEGO con la saga Starwars, los personajes resultaban más achuchables y cercanos en este formato.
Todo iba bien, el Capitán América súper rico ahí con el escudo, Lobezno una monada, Hulk pegando saltitos, IronMan volando con su minúsculo trajecito, los villanos, Magneto, Dr. Doom, Octopus y cía. haciendo de las suyas aunque con esa pinta tan poco amenazante y dirigido a público infantil sus planes no eran lo que se dice abominablemente malvados, etc.
Lo dicho, todo bien hasta que de pronto aparece Nick Fury...¡¡¡¡¡¡NEGRO!!!!! No daba crédito. Era como encontrarse un conguito en una bolsa de palomitas. Sobra decir que no tengo nada contra los negros pero no soporto los ejercicios UNITED COLOURS OF BENETTON donde tiene que haber un chino, una chica, un negro, un paralítico, un caucásico, un gay, un sindicalista y un ecologista en todo lo que se haga. Si quieren un Nick Fury negro pues que se inventen una historia donde el prota sea negro como Blade, ¿os imagináis un Blade en miniatura blanco? Sería como el amariconado y sobrevalorado vampiro de Crepúsculo pero encima en miniatura. Es
que clama al cielo. Pues al acabar el capítulo me puse a investigar y resulta que los propios de Marvel aceptaron cambiarle el color a Fury cuando le pidieron a Samuel L. Jackson que hiciera de Fury en la gran pantalla. Vale, una razón económica que son las únicas que me hacen ver que algo es lógico en este mundo en el que vivimos. Me parece una mierda de decisión pero tiene su lógica.
Una vez sabido esto, inevitablemente mi cabeza se puso a divagar y es que encontrarme a Nick Fury negro me impactó mucho. Resulta que mis sobrinos crecerán pensando que Nick Fury siempre ha sido negro y cuando, dentro de 15 años, discutan conmigo, seguramente, dependiendo de su nivel de friquismo, alguno me perjurará hasta la muerte que Nick Fury siempre ha sido negro. Entonces llegaré yo con las rebajas para demostrarles que el original, y por tanto el auténtico, era un ex-espía militar blanco.
Y aquí llego al meollo de la cuestión. ¿Me sorprendería que mi sobrino en ese momento me sacara un Cómic, libro o escrito, anterior a la publicación de Marvel que yo conozco dónde Nick Fury era Negro o es más, era una chica por ejemplo? Pues la verdad; no me sorprendería.
Y es qué que la historia es como nos la cuentan está claro. Pero aún sabiendo esto defendemos algunas cosas como si fueran algo personal, como si la verdad histórica que nos han vendido y que siempre hemos creído fuera irrefutable. Realmente yo vivo en un mar de dudas porque si algo he aprendido en la vida es que todo vale y todo puede ser. Todo es mentira, como la peli protagonizada por Coque Malla. Y tengo una mezcla de sensaciones cuando veo al resto del mundo, al menos a la mayoría, que vive con sus convicciones históricas, que no ideológicas que es otra cosa, como si estuvieran bien fundadas. Por un lado me dan envidia por lo tranquilos que están, no les inquieta que todo sea mentira o al menos una verdad a medias, y por otro lado me producen una fuerte desazón por su falta de espíritu crítico y dinámico.
En fin. Paro aquí porque cuanto más desarrollo esta idea menos confianza tengo en el planeta y luego la gente me va mirando raro cuando les digo que como pueden ver los telenoticias o leerse los periódicos cuando todos mienten o dicen lo que quieren que pensemos. ¿Alguien se cree que aún se hacen cosas por honor o por justicia? Si lo pensáis fríamente llegaréis a la terrorífica conclusión de que ya no hace falta hacer las cosas por esas razones poque hemos alcanza la cuota suficiente de egoismo para que la realidad sea esta. Y como la confianza es la clave para sacar algo, lo que sea, adelante pues hcemos un pan como unas hostias.
Como argumentaba un estudio que leí un día (viva la validación de fuentes, no estoy muy alejado de cualquier periodista profesional) los más listos son los menos felices por el simple hecho de replanteárselo todo. Así que como me dice la gente: “Algo habrá que creerse ¿no?”. Ese ¿no? Es mortal. Y es que hay tantas cosas que replantearse...
Un beso para todos.
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