domingo, 12 de septiembre de 2010

Tiempo de derrumbes


La mayoría de las veces al escribir una historia la idea inicial no nace de forma espontánea. Generalmente hay algún agente externo que como una mecha produce una reacción en cadena que hace el resto sin que apenas te des cuenta. Normalmente es difícil identificar ese agente externo, de hecho, muchas veces crees que no lo hay aunque en verdad estuvo allí en algún momento. El viernes pasado fue el día que con más claridad pude identificar este agente porque la historia comenzó a fluir en el momento que escuché las palabras del cura.

Estaba de boda. Como siempre en un lugar alejado del altar, al ser posible de pie y cerca de la puerta de salida. En las iglesias tengo una mezcla de sensaciones muy potente entre sarpullidos y claustrofobia. Descarté hace años la idea de tomar cañas durante el transcurso de la ceremonia por respeto a los novios y sus familiares, así que como no me gusta pintar la mona en ningún sitio allá dónde voy trato de sacarle partido a la experiencia. Me centro en las palabras del cura, aunque la falta de pericia del organista no tenía desperdicio. Suelen hablar bien, coherentemente, con convicción y ese puntito de oratoria tan exitoso que tienen. La parte del discurso que encendió mi cerebral mecha fue en la que decía que los matrimonios deben construirse, como las casas, sobre cimientos sólidos. "Si construyes una casa sobre un terreno de piedra aguantará inundaciones, tormentas y vientos huracanados. Pero si el terreno es arenoso la casa se precipitará a la menor inclemencia meteorológica. "

Bien traído pensé. Y entonces se me ocurrió esto:

Navego con la mirada,
en mi parcela de escombros,
gris y sombría es ahora,
no quedan ni los rescoldos.

Y percibo algo brillante,
un rayo de sol se cuela,
entre todos los gigantes,
que viven aquí a mi vera.

Son enormes edificios,
que ocupan distintas cuadras,
de dos en dos construidos,
su solidez ambos guardan.

Solidez bien trabajada,
con planos de corazón,
precisión estructurada,
y cimientos de hormigón.

Es curiosa su estructura,
pues sigue el mismo patrón,
desde la primera planta,
prima la decoración.

Hay graffitis imposibles,
pintados en las fachadas,
con colores extra vivos,
del amor son pinceladas.

Del amor a todo trapo,
pasiones y sentimientos,
diversión, risas y sexo,
no existen los contratiempos.

Comienza a difuminarse,
llegados a cierta planta,
las fachadas son más grises,
a mí me roban el alma.

Son cada vez más oscuras,
hasta llegar a la cima,
el mal ya no tiene curas,
el cáncer de la rutina.

Pasamos los años juntos,
cada cual a sus desgracias,
yo rebusco en mis cenizas,
ellos crecen quince plantas.

Y es que alcanzada una altura,
no importa lo bien que están,
cimentados los cimientos,
estos siempre cederán.

Un ruido ensordecedor,
llega hasta mis oídos,
comenzó como un murmullo,
terminó con mil quejidos.

Son amigos muy cercanos,
los más altos y robustos,
que empiezan a derrumbarse
los ojos tienen adustos.

Y sólo quedan en pie,
las plantas coloreadas,
se quedan para el recuerdo,
son la verdadera magia.

Y ¿por qué nos empeñamos?,
y ¿por qué nos enseñasteis
a construir rascacielos
grises, toscos y vulgares?

Cuando es mucho más bonita,
una ciudad colorida,
repleta de casa bajas,
sin patrones, ni rutinas.

Tenía razón el cura,
sólo una cosa le objeto,
sacó una foto perfecta,
pero se olvidó del tiempo.

Es la visión pesimista de una parte de mi entorno. Pero no neguemos la otra parte, tengo, nada más y nada menos, cinco bodas el año que viene. Hoy no les vale esta poesía quizá dentro de cinco años sí lo haga, al igual que a los que ahora se encuentran rebuscando en sus escombros les valdrá esta otra continuación:

Vi caer la última piedra,
más oscura que el carbón,
era la de más arriba,
al fin terminó el horror.

Ahora reinará el silencio,
con su cetro sanador,
tiempo de acallar los llantos,
tiempo de la reflexión.

Y vuelvo yo a mis tareas,
¿por dónde andaba ahora yo?,
ya lo recuerdo, mis piedras,
estaba haciendo hormigón.

Mientras espero que cuaje,
miro a mi alrededor,
hay mil botes de pintura,
hay uno por sensación.

Y la brocha en una mano,
en la otra el escurridor,
pinto la primera planta,
renace en mí la ilusión.

Un beso para todos.





7 comentarios:

  1. Joe que razon tienes. Aunq te digo una cosa, nunca nada es como nosotros lo pintamos al final or muy robustos que sean los edificios el tiempo los agentes externos terminan deteriorando todo, ya sabes la lluvia, el viento, la sedimentacion, el sol..... todo se reduce a lo mismo
    TIEMPO

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  2. Un comentario que no es Spam en la página del blog!!!! increíble. JAJAJAJA.

    Gracias por comentar por aquí y porque te haya gustado :)

    Desde que he creado el grupo la gente contesta a la dirección del grupo.

    Si me dices quien eres te añado, si quieres claro ;)

    Un besazo.

    PD: Aunque a mi me molaba más cuando entraban por aquí.

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  3. jejejeje Prefiero mantenerme en el anonimato.

    me gusta mucho lo que escribes. Y tienes historias muy buenas y divertidas.

    Pero que te sucede con los spam??

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  4. Bueno vale, tú mism@ :)

    El Spam es cómo los hijos o cualquier otra enfermedad de las chungas, llega un día sin que te des cuenta y ya no se va... jejeje

    Espero conseguir que sigas leyéndome ;)

    Un besazo.

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  5. jejejej siempre te leo :). Si me conoces de sobra jejeje

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  6. Hay que barrer los escombros, aprender a pintar de colores y dejar que los edificios crezcan, es mucho mas divertido, aunque se derrumben a los cuatro años ;)

    Un beso

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  7. yo he visto rascacielos que no se han derrumbado ni se han vuelto grises.
    por supuesto, soy consciente de que es la excepcion, pero aun asi, aspiro a construir uno igual.
    un beso

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