¿Tienen recuerdos las partículas que viajan a la velocidad de la luz? ¿y los impulsos eléctricos? La respuesta que se viene a la mente ante una pregunta tan "tonta" es que evidentemente no. Si estamos tan seguros de ello ¿porque seguimos su mismo camino? ¿porque todos nuestros avances tecnológicos y evoluciones a la especie persiguen hacer más cosas y cada vez más rápido sin importar el motivo?
Pensad en cualquier invento que facilite la vida agilizando un proceso, desde el mando a distancia hasta el automóvil. Son inventos que nos permiten ahorrar tiempo pero, ¿qué hacer con ese tiempo ahorrado? y esta es la pregunta clave. La respuesta es hacer más cosas lo que nos lleva al punto inicial de saturación temporal y buscamos un nuevo invento para volver a entrar en el bucle. Imaginad que se inventara el teletransporte. Sería un avance increíble, hay millones de usos que darle, pero imaginad también en que se convertiría la vida cuando formara parte de ella como ahora lo hacen otros medios de transporte. 20 segundo de reflexión después... las respuesta es: Estrés. Más eventos, más visitas, más reuniones más de todo en el mismo tiempo. Y sobre todo más recuerdos que almacenar que se pierden en el vacío.
Y aquí es donde quiero llegar. A los recuerdos. Un recuerdo es lo que nos hace realmente sentir que hemos aprovechado nuestra vida. Que el tiempo que se nos ha regalado ha sido invertido correctamente. Los recuerdos lo son todo. Y no me refiero a vivir del pasado sino todo lo contrario. Hay que generar continuamente recuerdos pero recuerdos de calidad.
Nuestra capacidad de fijar recuerdos no evoluciona a la misma velocidad que nuestra capacidad de generarlos. Ahora podemos hacer muchas más cosas en todos los ámbitos, tanto en el trabajo como en el tiempo libre y en el futuro podremos hacer más aún pero la capacidad de sintetizar todas esas vivencias no ha evolucionado. Podemos hacer y almacenar millones de fotos y vídeos más pero eso no significa que las vayamos a recordar. Muchas veces las ves y es como si fuera otra persona la que ves en la foto. ¿Estuve allí? Me estoy viendo pero no me acuerdo. Triste ¿qué no?
Aunque nos vendan que es una pérdida de tiempo el viaje en metro de 40 minutos hasta casa después de un súper concierto es totalmente necesario para que, con la cabeza apoyada en el asiento y los ojos cerrados, recuerdes cada acorde, cada sonrisa de tus amigos, cada brindis y cada baile, cada salto y cada pelo de la nuca que se erizó con tu canción favorita y con cada riff, cada grito de complicidad y cada beso recibido cuando se alcanza el éxtasis único de estar haciendo algo que sientes no se volverá a repetir. Esos 40 minutos sirven para fijar el recuerdo y hacerlo de calidad. Si no los tienes y te teletransportas a hacer otra cosa un recuerdo machaca a otro y finalmente solo te queda uno, el más reciente. Tu vida no tiene sentido, solo tu presente y lo vives con la lengua tan afuera que ni siquiera lo saboreas.
Pensad en un cinta transportadora como las de las fabricas de galletas. Esa cita es un gran álbum de fotos mentales con huecos finitos. Sobrevolando por encima están las vivencias y hay un brazo o mano que, pasado un cierto tiempo, se mueve hacia abajo, agarra una vivencia y la pega en el álbum. Este brazo tiene una cadencia, yo la llamo la cadencia de fijado, y viene dada por naturaleza, no puedes hacer nada para que vaya mas rápido. Cuando las vivencias superan esta cadencia el brazo no da a basto e intenta ir más rápido pero no puede y lo que consigue es hacer mal el trabajo y las vivencias se acaban fijando como recuerdos de mala manera, sin orden ni concierto e incluso apelotonadas. Fuera del marco. No hay calidad.
Este concepto es increíblemente extrapolable a muchos ámbitos de la vida. Trabajo, relaciones personales, amor. Solo dadle una vuelta.
Lo que sentimos cuando compartimos un recuerdo de calidad con alguien es la verdadera felicidad. Y lo que sentimos cuando compartimos ese mismo recuerdo pero sin calidad, y a sabiendas que debería haberla tenido, es la verdadera tristeza.
Luchemos contra la necesidad de vivir cada vez más deprisa porque corremos el riesgo de convertirnos en energía. En ese haz de luz o ese impulso eléctrico que solo avanza sin sentir nada, sin recordar nada. Está en todos los sitios, es testigo de todo lo que pasa en todos los lugares pero todo resbala, nada se fija, nada se vive. Luchemos para que, mientras podamos, prime la calidad del recuerdo.
Que alegria me da ver que vuelves a escribir, lo estaba echando mucho de menos.Tienes mucha razon, el tiempo es oro.
ResponderEliminarUn abrazo, mama.
Que alegria me da ver que vuelves a escribir, lo estaba echando mucho de menos.Tienes mucha razon, el tiempo es oro.
ResponderEliminarUn abrazo, mama.
Me alegro que vuelvas al escribir, me gusta.
ResponderEliminarToñin
Este es de los que mas me gusta que has escrito.
ResponderEliminarUn abrazo maquina!
Josemi (er de Cai, hooooseeee, ibm....)
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