Acabo de volver de Japón y lo primero que tengo que decir es
que he estado quince días cagando hilo pero ha merecido la pena. Cada vez que
visitaba el trono me acordaba del chiste: ¿Cómo se dice cagalera en japonés? Lo
tenéis en el título.
Como alguno ya sabrá mi intestino delgado tiene sólo un
metro y los siete restantes han sido sustituidos por un tubo de PVC que al
final engancha con mi colon irritable. Si a esto le añades el cambio de
alimentación a la oriental y tanto té pues es el coctel perfecto para tener una cagalera
de dos semanas.
Y hasta aquí las "cosas malas" de Japón. Lo
entrecomillo porque siempre he pensado que una buena colitis te deja nuevo y te
permite empezar de cero con un par de kilitos menos. Perfecto para la media que
tengo que correr en dos semanas.
Japón es el mejor país para hacer turismo de todos los que
he visitado por las siguientes razones: Hay muchos baños y además son gratis,
la taza se calienta automáticamente así que al sentarte da gustirrinín, te
ponen un vaso de agua en todos los restaurantes sin que lo pidas y no esperan
que tomes nada más, no son nada agobiantes vendiendo comida o souvenirs, son
muy muy limpios, ordenados y respetuosos por lo que hacen colas en todos lados
que funcionan porque nadie intenta colarse, incluso sin saber inglés intentan
ayudar siempre como puedan y por último no hay que pagar propina, de hecho se
quedan con cara de japo con la gotita de sudor en la sién si intentas dársela. Parecen cosas fáciles de cumplir
pero no hay ningún país de los que he visitado que las cumpla y son unos
cuantos.
Con estas premisas y con el Japan Rail Pass en mano, el viaje se antojaba como uno de los
mejores ever y en efecto así ha sido. Desde la experiencia gastronómica, hemos
probado todo lo que nos ha dado tiempo a probar, hasta la belleza de los
jardines japoneses, sin duda los mejores del mundo, pasando por la preciosa
arquitectura de los miles de templos budistas y sionistas desperdigados
por el país.
Comenzamos nuestro viaje en Tokio donde hay mucha gente.
Pero mucha, mucha. El uso del transporte público es una exageración allí y
todas las estaciones, hasta las supuestamente pequeñas, están a reventar
prácticamente a cualquier hora del día. Son 120 millones de personas, tres
veces España, con una superficie un 20% inferior a la nuestra. Sólo en Tokio
son 13 millones. Para flipar. No es de extrañar que cada estación sea una mini
ciudad con decenas de restaurantes y tiendas. Esto explica el tema de la
organización y el respeto.
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| Jardines Hamarikyu en Tokio |
Los tokiotas están bastante zumbados. Tienen un barrio,
Akihabara, dedicado exclusivamente a tiendas de electrónica, manga, hentai
(porno manga), coleccionismo, videojuegos, recreativos (y yo creía que jugaba bien
al guitar hero...), en definitiva muchísimas fricadas incluso para mí. Un
barrio... varias manzanas!!! Sólo para eso. ¿Podéis imaginar la zona de callao
hasta banco de España sólo con esas temáticas? Yo no.
Tienen unos recreativos exclusivos de máquinas tragaperras
(Pachinko) que son para volverse loco del ruido infernal que hay. Hileras e
hileras de máquinas todas similares, cada una con su música a todo volumen y
con una ocupación aproximada del 80%. Hay que verlo para hacerse una idea de lo
viciados que pueden ser esta gente.
En Tokio descubrimos los primeros jardines maravillosos
(Hamarikyu, Yoyogi y Koishikawa Korakuen) pero los cerezos aún no habían
florecido del todo y empezábamos a temer que no florecieran en el tiempo que
estuviéramos en Japón ya que por culpa de las lluvias (que también sufrimos) se
había retrasado la floración una semana.
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| Cerezos en pelna floración en Japón |
Otra de las visitas destacable fue el mercado de Tsukiji que
es enorme y abastece a toda la ciudad. Cuando te adentras en él no solo
percibes lo gigantesco que es sino que formas parte de la frenética actividad
que hay, con las carretillas pasando corriendo a escasos centímetros de tus
tobillos, todos gritando cosas en japonés, que perfectamente podrían ser
insultos en mi cara occidental de turista estúpidamente sonriente, y todo sin
dejar de cortar, destripar y desescamar pescado con sus enormes cuchillos ninjas
(bueno, eran cuchillos normales pero me he venido arriba con la épica de la
frase).
Luego están los famosos barrios de Shinjuku y Shibuya con
sus neones a lo Blade Runner y una frenética actividad nocturna. Muy
divertidos. O la isla artificial de Odaiba donde hay una copia de la estatua de
la libertad. A los japos les encanta copiar cosas occidentales, ya que
también hay una semi réplica de la torre Eiffel pero en naranja por el tema de
los aviones y con muchísimo menos glamour Oh La La!
A pesar de que los japoneses no hablan mucho inglés la
primera cosa que más nos sorprendió es la facilidad de uso del tren y el metro
con el aparente caos humano que hay en las estaciones. Las indicaciones
importantes están en inglés y después de un par de días escuchando soniditos como de Mario Bros cuando llega un tren o se va, ya te sientes un
tokiota más. Y la segunda es que en el metro no se habla, es acojonate. Puede
haber en un vagón cien personas en modo lata de sardinas y allí no habla
ni Clifford, ni una palabra con o sin mascarilla.
En Tokio tuvimos nuestras primeras experiencias
gastronómicas. Gracias a mis amigas japonesas Aina y Kaori, a las que no veía
desde hace 15 años, pudimos degustar nuestro primer Okonomiyaki ("tortilla
japonesa") y un tipo especial típico de la región de Kanto llamado Monja
que tiene la masa algo más fina. Ambos platos muy ricos pero el mejor
Okonomiyaki estaba aún por llegar.
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| Buda gigante en Kamakura |
Mientras estábamos es Tokio visitamos Kamakura, una ciudad
costera conocida por sus innumerables templos. Uno de ellos tiene el segundo
Buda más grande de Japón, también veríamos el primero en Kioto, y todos tienen esa
arquitectura tan característica que da gusto ver una y otra vez. Aquí aproveché
para remojarme los pies en la bahía Sagami, que puede considerase océano índico.
Dejando Tokio la siguiente visita era Takayama en plenos Alpes
japoneses. Una ubicación muy bonita entre montañas nevadas donde
tendríamos la experiencia de vivir en un Ryokan y probar nuestro primer Onsen.
Lo del Onsen mola mucho, no sólo porque me encanten los SPA's sino porque el
rollo de meterse totalmente desnudo y hacer el ritual de los típicos cacitos
japoneses para lavarte o tener que llevar una mini toalla en la cabeza como si
fuera el mojón del whatsapp mientras estás dentro del agua te hace sentir
realmente inmerso en la cultura. Y ahora os puedo decir que los japos no
tienden a recortarse nada de nada. Pero nada. Hacía tiempo que no veía esas
melenazas inguinales al viento.
El Ryokan es cómo una típica casa japonesa con las paredes
de madrea y papel, puertas correderas y suelo de tatami en el que tienes que ir
descalzo. Es muy chulo sentirse como un japonés más salvo porque para sentarte
hay que hacerlo en el suelo cruzando las piernas y teniendo en cuenta que una
vez competí con una espada en un concurso de flexibilidad y quedé segundo, pues
para mí no es muy cómodo. Pero eso sí, es muy auténtico,
En el Ryokan probamos el Kaiseki que consiste en muchos
platitos con cosas bastante raras presentados en unas vajillas espectaculares.
Aquí es donde nos dimos cuenta que la cocina japonesa no ha llegado a España ni
en un 15%. Les encantan las cosas encurtidas, las texturas gelatinosas y
comerse el arroz al final acompañado de sopa o té.
La siguiente parada era Kobe dónde visitamos a otro de mis
amigos japoneses, Ryu Hei. Fue un anfitrión fantástico ya que nos enseñó el
puerto de Kobe, lo más destacables de la ciudad, y nos llevó a un restaurante
familiar a comer auténtica carne de Kobe. Esto sí que se puede decir bien alto
que es un timo en España, pero un timo con todas las letras (WAGYU). La carne de Kobe
tiene muchísimas más vetas de grasa lo que la hace muy jugosa y tienes esa
sensación de que se deshace en la boca. En España tenemos muy buena ternera,
incluso alguna, para mí, mejor que el Kobe, pero no tenemos Kobe ni de coña.
Ryu Hei, bajo petición, también nos enseñó un karaoke típico
japonés. Era socio!!! Allí es muy normal ir al karaoke y la verdad es que los
tienen montados de una forma genial. Además del ya sabido modelo tipo bar, con
lista de espera y cantar delante de todo el mundo, también tienen pequeñas
salas que alquilas con un sonido muy bueno y sabiendo que nadie te va a
molestar. Ideal para pasar una noche con los amigos. A nosotros nos
enganchó tanto que la hora que pillamos se nos hizo muy muy corta. Salimos con
el Don't Stop Me Now de Queen a tope cantando por la calle. Bueno... tarareando por la calle.
Al día siguiente nos dirigimos a Miyajima donde se encuentra
el Torii más bonito y espectacular de Japón. Cuando baja la marea se puede
visitar andando y cuando sube tienes unas vistas fantásticas desde la costa. Te
quedas embobado durante minutos mirando el Torii en el centro del mar con el
azul del cielo y el verdor de la isla tras él.
A continuación visitamos Hiroshima donde probamos el mejor
Okonomiyaki del mundo mundial. Otra de las cosas que echaré de menos en España
porque aquí hay pocos sitios que lo hagan y los que he probado no son lo mismo.
La de Hiroshima es espectacular. Con Udon dentro y la combinación perfecta de
ingredientes y salsas. Delicioso de verdad. Fuimos tan gochos que nos comimos
uno cada uno y nos pusimos de mayonesa japonesa hasta las trancas.
Después de ver el único edificio que quedó en pie tras la
bomba, que es muy curioso la verdad si piensas como funciona una bomba atómica,
fuimos a Kioto que sería nuestra última parada en Japón. Allí visitamos
a otra de mis amigas, Misao. Tomaos un té la mar de entrañable con ella y sus
mellizos. Después nos fuimos a comer el mejor Ramen que he probado en mi vida en la propia estación central de Kioto, que como no podía ser de otra forma, además de una estación es un centro comercial de seis plantas con una de ellas dedicada en exclusiva a restaurantes de Ramen. Muy recomendable.
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| Pabellón Dorado en Kioto |
En Kioto se notaba mucho más la afluencia de turistas.
Estaba todo lleno por todas partes. Además el transporte público principal de Kioto
es el autobús y la actual red de buses no da para la cantidad de gente que la
utiliza. Sin duda es lo peor de Kioto.
Kioto junto con Nara, que también visitamos, es famosa por
sus templos. Visitamos muchísimos templos, cada uno con sus características, el
pabellón dorado es uno de los más bonitos por estar suspendido sobre un
estanque con sus paredes 100% de pan de oro, el de Fushimi Inari con su
interminable camino echo de Toriis que representan a todos los comerciantes de
Japón que creen en la suerte divina, el To-Ji que tiene la pagoda de 5 pisos
más alta de Kioto, Kiyomizu-dera que se levanta imponente sobre una colina y
que tiene unas vistas maravillosas de la ciudad.
Pero si algo nos gustó e Kioto fueron sus jardines (Bosque de Bambú, Paseo
del Filósofo, Maruyama Park...) ya que por fin habían roto a florecer los cerezos.
Cuando están al 100% abiertos en Japón es una espectáculo difícil de describir.
Una fuerza de la naturaleza realmente bella que entrelaza las ramas de
distintos árboles engalanados con sus delicadas, minúsculas e innumerables
florecitas blancas que sólo durará una semana porque las cosas más bellas
suelen ser efímeras. Además como hay cerezos casi en cualquier parte igual te
quedas embobado mirando un puente con su riachuelo que la parte trasera de una
vieja estación de tren.
Y hasta aquí nuestro viaje nipón. Seguro que me dejo algo pero era ya un post my largo. Voy recuperándome de la
tortícolis que me regaló el asiento del avión y poco a poco mi aparato
digestivo va volviendo a su estado natural. Ha sido un viaje inolvidable y que
recomiendo encarecidamente a todo el que haya llegado hasta aquí :D
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| Paseo del Filósofo en Kioto |
Un beso para todos.







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