miércoles, 26 de abril de 2017

La Transformación

Allí estaba, avanzando con paso decidido embutido en su traje azul de lycra adornado sólo con su escudo familiar en el pecho, unos calzoncillos, unas botas altas y una capa, todo ello en rojo. No quería llegar tarde a su primera reunión con el director general así que recorrió los últimos cien metros en 1,36 segundos, entró en el edificio y en un abrir y cerrar de ojos estaba en el despacho de Director.

- Así que Clark Kent va a trabajar con nosotros. 
- En realidad Superman. No quiero ser Clark  nunca más. Comenzaba a tener trastorno de personalidad ¿sabe? - Dijo Superman con una sonrisa nerviosa.
- Clark o Superman tus habilidades nos vendrán muy bien en cualquier caso. Puedes moverte más rápido que los demás, puedes volar, supermemoria y eres físicamente indestructible. Así que ¡bienvenido a la consultoría!
- Estoy deseando empezar y hacer aún más grande a la compañía.
- No lo dudo – Asintió el director para añadir después con convicción - Bien pues sin más dilación empecemos.

El director le presentó a sus empleados, a los comerciales y al resto de departamentos. Le suministraron una cuenta de correo, un teléfono y un portátil. Comenzaba su nueva vida.

Los primeros días fueron de adaptación y gracias a sus poderes todo fluía sin problemas. No sólo realizaba las tareas propias de la gestión en tiempo record, también comenzó a repartir los paquetes, al principio a los empleados y luego a los clientes, a llevar los coches de la empresa a pasar la ITV, a participar en las campañas de marketing, etc. Las pilas de informes y ofertas en su escritorio cada vez eran más numerosas. Montañas y montañas de documentos que despachaba con soltura yendo como un rayo de un lado para otro. Lo que le mataba eran las reuniones que por muy rápido que él  fuera los demás eran lo que eran, humanos. En poco tiempo hacía todo en la oficina, desde desatrancar la puerta del almacén o subir las cestas de navidad del parking a calcular el balance más importante del mes o evitar que un marido despechado le rompiera las piernas al jefe.

Fue a partir del sexto mes cuando comenzó a sentir algo nuevo. En todas sus aventuras contra supervillanos espaciales Kryptonianos o desbaratando los elaborados planes malignos de Lex Luthor había sentido algo así. Le picaban las manos, no dormía bien, incluso había mañanas que le costaba respirar. Era cierto que la cantidad de información a manejar y tareas a realizar comenzaba a sobrepasarle y tenía la sensación de estar haciendo muchas cosas que no le correspondían pero a fin de cuentas era un Superhéroe ¿no? Estaba hecho para servir a los que le necesitaban.

Un día de invierno en su despacho estaba mirando por la ventana. Observaba los copos caer con la mirada perdida, ojeras y pensamiento lejano. Solo quería convertirse en copo y caer cuando sonó el teléfono. Eran las 7 de la mañana ¿quién demonios podía ser?

- Necesito el informe de ventas a las 8:00 en mi mesa – Era el Director.
- ¿Pero no era para mañana? – Exclamó Superman.
- Sí pero ya sabes cómo funciona esto Super. Joder llevas ya un año aquí.  Pareces nuevo. 
- Pero es imposible, hoy tengo las revisiones anuales de los consultores, cincuenta ofertas sobre la mesa, cinco entrevistas ya que Manuel y Ricardo serán baja… 
- ¿Manuel y quien…? No me cuentes tu vida Super. ¿Eres un Superhéroe o qué? Resuélvelo- Y colgó.

Contuvo un grito de ira. Estaba a punto de lanzar el teléfono por la ventana cuando Federico entró en el despacho comiéndose una manzana. Estaba tan gordo que se veía su peludo ombligo asomar entre el quinto y sexto botón a punto de explotar de su camisa de Adolfo Domínguez de 200€, siempre estaba comiendo algo y, fuera lo que fuera,  le chorreaba por la comisura de los labios.

- ¿Cómo va mi oferta Super? - Dio un gran mordisco a la manzana - Sabes que mis clientes son la prioridad. – Mientras hablaba se podía ver la comida dando vueltas en su boca. 
- Estoy en ello – Superman hizo de tripas corazón e intentando tranquilizarse. No lo consiguió.
- Tus poderes aquí no valen. Recuerda de quien te interesa ser amigo.

Federico le guiñó un ojo y le lanzó una sonrisa condescendiente. En ese momento tenía 723 mails en pantalla. Un cliente quería cancelar todos los proyectos, otros cinco empleados querían hablar de su continuidad, un curso se acaba de cancelar y otro se había quedado sin instructor, tenía otra entrevista esa misma mañana y no cobraría variable ese mes por no llegar a los objetivos. El teléfono volvió a sonar con estridencia . Federico seguía allí apoyado en la puerta sonriendo con desprecio mientras la manzana era aplastada a cámara lenta entre sus dientes.

No pudo más. Gritó con tanta fuerza que Federico salió disparado por la puerta y acabó de bruces en el centro de la oficina. Todos se giraron a ver qué había pasado. Superman los miró un segundo con los ojos inyectados en sangre. Se dio la vuelta y salió volando por la ventana rompiendo el cristal como si fuera de azúcar. Comenzó a recorrer todo el perímetro del edificio atacando la pared exterior con potentes rayos rojos que salían de sus ojos. La cuarta planta del edificio se separó del resto como un pedazo de tarta y cuando hubo terminado empujó con fuerza desde una de las paredes hasta que la quinta planta cayó sobre la tercera.

Se oían gritos dentro de la ahora oficina flotante pero siguió volando, ganando metros a una velocidad vertiginosa. Oyó a Federico decir entre sollozos que había abusado de su confianza y se había aprovechado de él y suplicaba que se tranquilizara, que lo sentía. Le hizo caso omiso y aceleró aún más.

Continuó subiendo hasta sacar la oficina de la mesosfera, miró al interior y observó como las cabezas de los empleados explotaban, una tras otra, como si fuera una sangrienta traca valenciana. Le hizo gracia. Empujó un poco más hasta que pudo poner la oficina en órbita terrestre. Un pedazo más de basura espacial, pensó.

Imaginó la cara de los astronautas de la estación espacial MIR cuando vieran pasar aquel montón de material de oficina rodeado de ladrillos con el logo de la empresa serigrafiado y no pudo más que partirse de risa. Sus carcajadas se podían oír a varios miles de kilómetros de distancia. De pronto se calló. En efecto, habían abusado de su confianza y se habían aprovechado de él. Miró a La Tierra desafiante

No volvería a pasar.

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