Iba a empezar el post con un "Una vez más..." pero es una frase que denota monotonía, incluso tedio. Es cierto que no es el primer festival al que vamos ni será el último pero lo que sí que ha sido es único. A veces olvidamos que estas vivencias no son infinitas y que cada una cuenta. Otras puede que vengan o puede que no y eso hace que cada una de estas experiencias vitales tengan que ser vividas con pasión, con energía. El Low 2017 no ha sido una excepción.
Benidorm es una ciudad denostada por la sociedad, tiene mala prensa y ¿por qué no decirlo? de forma merecida si sólo miras la superficie. Los rascacielos a pie de playa, ese skyline terrorífico que puede verse desde el mar mientras estás en el agua rodeado de jóvenes guiris ahooliganados por un lado, jubilados nacionales e internacionales con sus cuerpos rojos quemados por el patrón de las camisetas de tirantes del Zara por el otro. Los restaurantes de comida rápida, mezclados con una tienda de bisutería al lado de una boutique de ropa cara, al lado de un showgirls para viejos, al lado de un bar de moteros con música en directo, al lado de una arrocería "güena", al lado de una heladería que vende chanclas. Todo esto puede parecer que no es un lugar agradable donde estar pero tengo que decir que a pesar de la primera impresión, todo está equilibrado hasta el punto que dices "La vida se abre paso en cualquier parte, hay que joderse". Y empiezas a darte cuenta de que tú, un joven de mediana edad, medio indie, medio pijo, medio hipster, de clase acomodada y que viste del Jack and Jones y lleva un BMW de los baratos tiene su cabida en esa extraña maraña de tópicos que viven en armonía y que acaban destilando educación y buenas formas contra todo pronóstico.
Esta maravillosa cuidad tiene uno de los mejores festivales nacionales. Para el que escribe el mejor o, sin ser tan subjetivo, el más perfecto. Tamaño justo, personal atento, amable y suficiente, barras sin colas a cualquier hora, precios razonables, un cartel muy muy potente, unos patrocinadores a la altura y en una ciudad con playa, tan maravillosa como Benidorm, que ya he descrito antes.
Con este panorama nos enfrentábamos un grupo de nueve valientes a uno de los acontecimientos de vida que nos acercaría a conocer un poquito más de cerca la felicidad. Y es que uno de los momentos más felices que alguien puede vivir es aquel en el que estás cantando una canción que te apasiona, en su punto álgido, haciendo que tu garganta saque la octava más alta que puede llegar a alcanzar, rodeado de amigos con los que has compartido mil batallas y todo ello saltando y bailando sin parar, recibiendo y dando abrazos a diestro y siniestro, con un ambiente invadido por el éxtasis emocional de miles de personas y, lo más importante, sudando como una bestia. Porque el sudor es el símbolo del darlotodismo. Cada gota de sudor que vuela en el aire es un destello de energía que regalamos al mundo. Bueno, pues todo eso, como unas diez veces al día durante tres días.
Ahora veo la ruta musical que hemos hecho y las horas invertidas que se han pasado como minutos y no puedo dejar de sorprenderme, aunque no sea la primera vez. El comienzo con Dorian, la elegancia de L.A., la grata sorpresa de Roosevelt, el buenrollismo infinito de La Casa Azul, la intención fallida de !!! (CHK CHK CHK), el guitarreo apasionado de Neuman, la esperanza indie de Viva Suecia, la profesionalidad musical de Franz Ferdinand, el divertido show de The Hives, el sentimiento y letras de Lori Meyers, la potencia sorpresiva de Mando Diao, la entrañable incombustibilidad de Fangoria, el humor de Ojete Calor y el bailable sonido aunque corto de Satellite Stories. ¿Cuál ha sido para vosotros el mejor concierto? Les preguntaba a mis amigos en la gasolinera ya de vuelta a Madrid.
Las respuestas eran múltiples y aunque muchos coincidían en algunos grupos ninguno coincidió en el que yo estaba pensando. Y es que el mejor grupo del festival, como nos ocurre siempre, fuimos nosotros, Encarni, Luisen, Juan Calos, Alex, Duhan, Arsi, Rosario, Moncho y Víctor. Y es que aunque los miembros (Marta, Manu, Alexa, Fátima, Parra, Lolo, María, Nacho, Fer, Carmen y Zapar) cambien de un festival a otro nuestro espíritu y filosofía de la amistad y el disfrute siempre perdura. Sólo puedo daros las gracias y deciros que ha sido un honor compartir tanto con vosotros. Cuando la gente nos mira como si estuviéramos locos en medio de un concierto pero sonríen y se unen a nuestros bailes es que algo estamos haciendo bien para con la comunidad y para con la humanidad.
Para los que lean esto y hayan llegado hasta aquí sólo espero que la energía que estoy tratando de poner en este post os cale, aunque sólo sea un 10%, ya que no pretendo que sintáis en profundidad la felicidad vivida en estos días, sino que cojáis ese 10% y lo utilicéis para poner pasión en todo lo que hacéis en la vida, saltad si hay que saltar, gritad si hay que gritar, corred si hay que correr y amad si hay que amar. No os dejéis nada dentro porque se perderá en el vacío.. Flipaos. Darlo todo siempre que podáis. Practicad el Darlotodismo.
Gracias a todos. Gracias LOW 2017. Gracias Benidorm.
Un besazo.








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