Aquel iba ser el gran día, estaba seguro, notaba que la capa que recubría su corazón era ya casi imperceptible, como esa fina película de grasa con los colores del arco iris que recorre un charco de agua en una gasolinera.
Había pasado demasiadas noches viendo impotente como aquellos diminutos seres salían de sus orejas y se disponían noche tras noche a hacer su trabajo. Le ocurría con cada nuevo amor que conocía, con cada nueva mujer a la que, a pesar de sus defectos y virtudes, les abría el corazón y, sin ellas saberlo, les tendía en las manos un cincel y un martillo con los que golpeaban, cada una a su manera, su músculo motor.
Algunas lo hacían con fuerza pero en dosis demasiado pequeñas, otras daban golpecitos pequeños y rápidos pero absolutamente infructuosos, las más ansiosas llegaban incluso a dejar el cincel y utilizar en su lugar sus propias uñas, sin darse cuenta que ese método no hacía más que empeorar las cosas y por supuesto estaban las que ni se percataban que allí había un cincel y un martillo y, claro está, ni mucho menos un corazón que conquistar.
Fuera como fuese, todos aquellos intentos siempre acababan igual, con aquellos personajes esperpénticos saliéndole del cerebro por la noche. Eran muy pequeños y de las más diversas formas, había desde angelitos regordetes con sus pequeñas e inmaculadas alas de algodón, hasta demonios rojos con tridente y típico rabo acabado en triángulo, pasando por todo tipo de disfraces menos extremos. Egipcios, vaqueros, payasos, bufones, futbolistas, policías, chinas, bailarinas, había de todo. Todo lo que tuviera que ver con experiencias vividas a lo largo de su vida.
Se organizaban rápidamente a pesar de su aparente anarquía y comenzaban su tarea. Mientras unos poco abrían su pecho por el lado izquierdo con un afilado bisturí que manejaban entre 4 ó 5 y preparaban el pequeño juego de poleas que solían utilizar para sacar el corazón, otros tantos se las apañaban para en un tanque grande, no lo era tanto pero en comparación con el tamaño de los duendecillos o lo que fueran lo parecía, ir preparando la mezcla de acero, hierro y titanio, con algo de tungsteno diría yo, la cual utilizarían para caramelizar su dichoso corazón y curarle así cada pequeño arañazo o desconchón que pudiera haber sufrido en alguna relación.
Cuando acababan el trabajo lo que quedaba era una pieza semi redondeada que palpitaba lentamnete y a duras penas con una gruesa pero increíblemente pulida y brillante capa de aleación metálica. Volvían a depositarla en la cavidad torácica y cerraban la sutura con tal precisión que al día siguiente no quedaba ni cicatriz ni puntos. Si embargo al despertar se podía notar a la perfección como el pecho pesaba un quintal, los latidos quedaban más aislados y la sangre corría fría por las venas, fracasando en su vital función de calentar y nutrir cada punta del cuerpo y ejerciendo el efecto contrario, convirtiendo a su portador en una persona fría, triste y depresiva.
Pero aquella noche era diferente. Hacía tiempo que no veía aquellos pequeños seres diminutos vestidos con los retales de sus recuerdos. Creía tener el control total de su cuerpo y de su mente. Ahora era feliz con la persona que había encontrado. Ella había utilizado con maestría su cincel y su martillo durante 6 meses para conseguir rasguño a rasguño y pedazo a pedazo eliminar aquella gélida capa de metal que recubría su corazón. Presentía que por fin alguien iba a llegar hasta el final, dejaría al descubierto todos sus sentimientos y los acariciaría delicadamente, produciéndole aquella ansiada sensación de calidez divina, aquel sonreír por que sí y llorar de alegría, aquella mezcla de sensaciones única y difícilmente repetible.
Aquella debía de ser la última noche. Pero no lo fue. De madruga, volvió a verlos. Casi imperceptiblemente habían montado el bisturí, las poleas y el tanque. Aquella vez creyó hasta oírlos reír a carcajadas mientras le miraban, nunca habían hecho eso antes. Desvió la mirada hacia el tanque y vio como sacaban de él aquella manzana perfectamente brillante y pulida, con aquella gruesa capa que le acompañaría presumiblemente durante el resto de sus días.
Su única esperanza era que alguien martilleara con tanta fuerza su pecho que atravesara un buen día la maciza coraza de la que no lograba deshacerse y con el exceso de fuerza aplicada le atravesara el corazón de lado a lado acabando así con todos aquellos duendecillos, con todo aquel frío en el estómago, con todo ese peso en el pecho y por supuesto con el último latido de aquella gran manzana acerada que un buen día, hace ya unos años fue su cálido, vivaz y enorme corazón.
Un beso para todos.
Te ha quedado precioso, la verdad. Triste, pero muy bonito.
ResponderEliminarVendrán dias en que el peso que hoy te abruma se hará liviano.
Vendrán días en que ese peso ya no será carga si no bagaje.(D. Manolo García)
Que chulo tio!! me ha encantado!!
ResponderEliminarVaya tú tranquilo que el tiempo lo cura todo...
Siempre dices que se va pasando por fases, tú ya parece que has pasado por dos, en la tercera alguien conseguirá romper esa coraza.. solo deja pasar un poco de tiempo.
Un beso!
Matalos a todos! a tus duendecillos y a los mios, y a todos aquellos miedos q no nos dejan actuar...
ResponderEliminarFdo:Gulliver :P
Un bst Toñete
No te dejes vencer. Tú eres más fuerte. No permitas que todos esos pensamientos te impidan disfrutar de momentos y personas que te regala el destino. Vive el día, el ahora. Un concierto, una caña o una película; eso es la vida.
ResponderEliminarNo pienses en nada más, no te aturulles metiéndote en una espiral, ni buscándole los dicisiete pies al gato. Relájate y disfruta.
Esto no es nuevo y la teoría la conocemos todos, el reto es llevarlo a la práctica.
No te agobies, tenemos toda una vida para lograrlo...
1besito.
:)
ResponderEliminarYa sabes: tú pon la peli, yo la compañía y cada uno que saque un cincel para ir rompiendo estas corazas, no dejemos solo al escultor con todo ese trabajo de cincelado :P
Por cierto, nunca se sabe donde aparecerá el Miguel Angel que esculpa todo este mármol que nos rodea el corazón y haga con él una hermosa escultura :)
Seguiremos buscando...
Muxus!!