Todo empezó en aquella habitación oscura, casi gótica, con la escasa luz que entraba por la ventana que daba al balcón, permanentemente cubierto por ese toldo azulón tan característico de los edificios naranjas de Móstoles de los años 80.
La trenza hippie, que mi padre le había obligado a cortarse una vez hecha, pegada con un trozo de celo en la puerta de la habitación de mi hermana Eva era sencillamente un símbolo más de la revolución que había empezado hacía unos pocos años entre ella y mi padre. La lucha que abriría la brecha que todo hermano mayor debe surcar en primer lugar y en solitario para que los que vienen detrás se aprovechen de las ventajas de tener el camino, sino despejado, al menos marcado y con los filos redondeados. Ella tenía 19 años por aquel entonces y yo 11.
Mi cuarto estaba justo enfrente del suyo. Siguiendo su ejemplo rebelde mi puerta tenía colgado un folio con un "No Entrar" escrito con letras enormes e infantiles y con unas diferenciadas franjas de tinta, que pretendía ser negra pero era gris, que delataban el uso de mi primera impresora de carril. Me gustaba colarme en su habitación y tumbarme en la colcha de flores oscuras que cubría la cama simplemente para disfrutar de su presencia mientras dibujaba aquellos enormes planos Rotring, escuadra y cartabón en mano o esos árboles inacabables en distintas tonalidades de verde acuarela. La mesa de arquitecto siempre estaba iluminada a pesar de lo lúgubre de la habitación. A mi padre le encantaban las estancias luminosas así que mi hermana obviamente no iba a darle el placer de ver en su habitación la cama de princesa de cuento de hadas que lucía sin embargo mi hermana mediana, Naty.
Y allí estaban ellos, resonando en los bafles de la mini-cadena de Eva, con aquel sonido un tanto enlatado y los estribillos repetitivos que te hacían quererlos u odiarlos. Allí estaba Sting dando voz, una voz que nunca valoré lo suficiente hasta ayer, a las monótonas letras llenas sin embargo de mensaje y sentimiento.
Eso sólo fue el principio, que tuvo su continuación 11 o 12 años después en la boda de Eva, dónde pasadas ya las 3 de la mañana largas, se le pedía al DJ el "So Lonely" de The Police para delirio de los asistentes y éxtasis de los tres hermanos. Nos cogimos de los hombros haciendo una piña de tres espectaculares piñones, uno vestido de novia, otro con un palabra de honor rojo que quitaba el hipo y el más pequeño con un traje gris y un peinado engominado irresistible, y comenzamos a dar vueltas, a botar y a gritar la letra de la canción que, sin saberlo, había sido un vínculo entre nosotros todos aquellos años.
Y por fin la traca final. 8 años más tarde. The Police decide volver a los escenarios. Un sólo concierto en España. Hice lo posible por ir a Barcelona con mis hermanas pero mi sobrino Iván, embrión entonces, y vivito y coleando unos meses después, hicieron imposible nuestra asistencia. Pero el Karma es como es y me entero de que este año dan tres actuaciones. Vuelvo a mover los hilos y después de encajar las fechas finalmente Eva y Toño se plantarían en Rock In Rio Madrid dispuestos a ver pasar ante sus ojos años y años de risas, momentos especiales y experiencias vividas con el grupo inglés como banda sonora de sus existencias en aquella habitación.
Todos sentados en la hierba artificial de la espectacular ciudad del Rock de Madrid. Después de que Estopa reivindicara que su hora debería haber sido la de antes de The Police y relegar así a un mediocre Alejandro Sanz, que además me hizo hacer una estupidez, al tercer lugar del cartel. Se oye un grupito de personas que comienza una ovación. Es la señal. Nos levantamos. Las luces del escenario se iluminan presagiando el inicio del concierto. Ahora sí. La ovación es total. The Police irrumpe en el escenario y antes que nos demos cuenta ya han sonado los primeros acordes de uno de los buques insignia del grupo, "Message in a Bottle".
La trenza hippie, que mi padre le había obligado a cortarse una vez hecha, pegada con un trozo de celo en la puerta de la habitación de mi hermana Eva era sencillamente un símbolo más de la revolución que había empezado hacía unos pocos años entre ella y mi padre. La lucha que abriría la brecha que todo hermano mayor debe surcar en primer lugar y en solitario para que los que vienen detrás se aprovechen de las ventajas de tener el camino, sino despejado, al menos marcado y con los filos redondeados. Ella tenía 19 años por aquel entonces y yo 11.
Mi cuarto estaba justo enfrente del suyo. Siguiendo su ejemplo rebelde mi puerta tenía colgado un folio con un "No Entrar" escrito con letras enormes e infantiles y con unas diferenciadas franjas de tinta, que pretendía ser negra pero era gris, que delataban el uso de mi primera impresora de carril. Me gustaba colarme en su habitación y tumbarme en la colcha de flores oscuras que cubría la cama simplemente para disfrutar de su presencia mientras dibujaba aquellos enormes planos Rotring, escuadra y cartabón en mano o esos árboles inacabables en distintas tonalidades de verde acuarela. La mesa de arquitecto siempre estaba iluminada a pesar de lo lúgubre de la habitación. A mi padre le encantaban las estancias luminosas así que mi hermana obviamente no iba a darle el placer de ver en su habitación la cama de princesa de cuento de hadas que lucía sin embargo mi hermana mediana, Naty.
Y allí estaban ellos, resonando en los bafles de la mini-cadena de Eva, con aquel sonido un tanto enlatado y los estribillos repetitivos que te hacían quererlos u odiarlos. Allí estaba Sting dando voz, una voz que nunca valoré lo suficiente hasta ayer, a las monótonas letras llenas sin embargo de mensaje y sentimiento.
Eso sólo fue el principio, que tuvo su continuación 11 o 12 años después en la boda de Eva, dónde pasadas ya las 3 de la mañana largas, se le pedía al DJ el "So Lonely" de The Police para delirio de los asistentes y éxtasis de los tres hermanos. Nos cogimos de los hombros haciendo una piña de tres espectaculares piñones, uno vestido de novia, otro con un palabra de honor rojo que quitaba el hipo y el más pequeño con un traje gris y un peinado engominado irresistible, y comenzamos a dar vueltas, a botar y a gritar la letra de la canción que, sin saberlo, había sido un vínculo entre nosotros todos aquellos años.
Y por fin la traca final. 8 años más tarde. The Police decide volver a los escenarios. Un sólo concierto en España. Hice lo posible por ir a Barcelona con mis hermanas pero mi sobrino Iván, embrión entonces, y vivito y coleando unos meses después, hicieron imposible nuestra asistencia. Pero el Karma es como es y me entero de que este año dan tres actuaciones. Vuelvo a mover los hilos y después de encajar las fechas finalmente Eva y Toño se plantarían en Rock In Rio Madrid dispuestos a ver pasar ante sus ojos años y años de risas, momentos especiales y experiencias vividas con el grupo inglés como banda sonora de sus existencias en aquella habitación.
Todos sentados en la hierba artificial de la espectacular ciudad del Rock de Madrid. Después de que Estopa reivindicara que su hora debería haber sido la de antes de The Police y relegar así a un mediocre Alejandro Sanz, que además me hizo hacer una estupidez, al tercer lugar del cartel. Se oye un grupito de personas que comienza una ovación. Es la señal. Nos levantamos. Las luces del escenario se iluminan presagiando el inicio del concierto. Ahora sí. La ovación es total. The Police irrumpe en el escenario y antes que nos demos cuenta ya han sonado los primeros acordes de uno de los buques insignia del grupo, "Message in a Bottle".
Acostumbrado a oír ese mismo sonido leído de un reproductor digital y emitiendo la señal por un altavoz casero de escasa potencia, el vello de todo mi cuerpo, y cuando digo de todo es exactamente eso, se eriza al sentir aquella ola de potencia y musicalidad a la vez. Andy está mayor pero toca con precisión y maestría, Copeland parece el más fresco de los tres y machaca la batería a una velocidad de vértigo haciendo olvidar el sonido a lata de sus primeros discos y despertando un profundo sentimiento de admiración en cada movimiento de sus baquetas.
Pero todas las miradas están puestas en el líder de la banda. Sting aparece con una camiseta negra ajustadísima que muestra "los buenos genes que tiene", palabras textuales de mi hermana. Su bajo de cuatro cuerdas, con la insignia de la policía en la correa, está gastado y regastado de las vueltas que ha dado por el mundo. Luce una barba canosa que si bien al principio le hace parecer más viejete consigue unos minutos después darle un atractivo aún mayor si cabe. Y sus primeros planos en las pantallas gigantes del recinto dejan apreciar el espectacular color de sus ojos sólo superado por el color de su voz. Y es que si algo sorprendió a cada espectador del concierto de The Police de ayer fue sin duda la voz del cantante. Me faltan conocimientos técnicos para describirla pero sólo diré que nunca he oído a alguien cantar así. Te hace dudar que las sirenas de La Odisea de Homero no existan.
Las miradas que le echaba a mi hermana durante el concierto valen su peso en oro. Como una colegiala gritaba las letras, saltaba y bailaba sin parar y su cara reflejaba felicidad plena. Hubo un segundo en que cerré los ojos y volví a tumbarme por un momento en su cama oscura y la vi dibujando sin parar en su enorme mesa de arquitecto mientras me hablaba sin levantar la vista de sus planos, descubriéndome con sus palabras las vicisitudes de la vida que me tocaría vivir.
Después de dos bises, el concierto se acabó y con ello vino esa sensación de "Ya está", después de que se acaba algo que llevas esperando tanto tiempo, que seguro todos conocéis.
Ayer por la noche me fui a dormir con una enorme sonrisa en mi rostro, tarareando aún el "Next To You" con el que cerraron el concierto y con una sensación de que habíamos avanzado un pasito más en la completitud de nuestras vidas, habíamos asistido juntos al último concierto de The Police. Había, en cierta medida, saldado una deuda con mi hermana mayor. Le había devuelto lo que ella me dio al descubrirme este grupo y permitir a La Policía esposar nuestras vidas.
Pero todas las miradas están puestas en el líder de la banda. Sting aparece con una camiseta negra ajustadísima que muestra "los buenos genes que tiene", palabras textuales de mi hermana. Su bajo de cuatro cuerdas, con la insignia de la policía en la correa, está gastado y regastado de las vueltas que ha dado por el mundo. Luce una barba canosa que si bien al principio le hace parecer más viejete consigue unos minutos después darle un atractivo aún mayor si cabe. Y sus primeros planos en las pantallas gigantes del recinto dejan apreciar el espectacular color de sus ojos sólo superado por el color de su voz. Y es que si algo sorprendió a cada espectador del concierto de The Police de ayer fue sin duda la voz del cantante. Me faltan conocimientos técnicos para describirla pero sólo diré que nunca he oído a alguien cantar así. Te hace dudar que las sirenas de La Odisea de Homero no existan.
Las miradas que le echaba a mi hermana durante el concierto valen su peso en oro. Como una colegiala gritaba las letras, saltaba y bailaba sin parar y su cara reflejaba felicidad plena. Hubo un segundo en que cerré los ojos y volví a tumbarme por un momento en su cama oscura y la vi dibujando sin parar en su enorme mesa de arquitecto mientras me hablaba sin levantar la vista de sus planos, descubriéndome con sus palabras las vicisitudes de la vida que me tocaría vivir.
Después de dos bises, el concierto se acabó y con ello vino esa sensación de "Ya está", después de que se acaba algo que llevas esperando tanto tiempo, que seguro todos conocéis.
Ayer por la noche me fui a dormir con una enorme sonrisa en mi rostro, tarareando aún el "Next To You" con el que cerraron el concierto y con una sensación de que habíamos avanzado un pasito más en la completitud de nuestras vidas, habíamos asistido juntos al último concierto de The Police. Había, en cierta medida, saldado una deuda con mi hermana mayor. Le había devuelto lo que ella me dio al descubrirme este grupo y permitir a La Policía esposar nuestras vidas.
Un beso para todos.
Que guay!! La verdad es que cuando llevas tiempo sin vivir con tus hermanos mayores, valoras mucho más esos momentos... sobre todo si es algo que ha significado mucho para los dos!!
ResponderEliminarEs cuando unos vinitos juntos por la C/Laurel se convierten en una noche especial..
Me alegro mucho de que lo disfrutaseis tanto.
1Besito
¡Qué bonito! Tu hermana tiene mucha suerte de tener un hermano peke como tú... Un besote
ResponderEliminarQue envídia!! me hubiera encantado asistir pero por distintas causas fue imposible. Al leer tu relato he podido sentir parte de lo que debio ser.
ResponderEliminarSigue disfrutando de tú familia, que son los que siempre estarán ahí.
Well someone told me yesterday
ResponderEliminarThat when you throw your love away
You act as if you don't care
You look as if you're going somewhere
But I just can't convince myself
I couldn't live with no one else
And I can only play that part
And sit and nurse my broken heart
I've been thinking of you since the concert, but untill now, I haven't read your blog, sorry.....Ivan , Claudia, you know.
It's sure there Will be others police' moments together, I promise, I love you.
Eva