lunes, 8 de mayo de 2017

El Búnker

Día 2

He encontrado esta libreta vieja y un minúsculo lápiz casi consumido dentro de ella. Ni me acordaba que estaban aquí. No sé si servirá de algo pero escribiré para matar el tiempo.

Llevamos dos días en esta cárcel, al menos eso indica el reloj en lo alto de la puerta. ¿Quién iba a decir que me encarcelarían en mi propio búnker nuclear? Pero aquí estamos. Bluffy y yo.  Bluffy es mi perro, mi compañero inseparable. El pobre está aún más desorientado que yo pero parece que con estar conmigo le es suficiente. Apenas ladra y no se queja mucho comparado conmigo.

De momento tenemos agua y comida suficiente para aguantar unos días. Aunque debería haber más. Sí Diana, ya lo sé. Parece que soy capaz de oír tú “Te lo dije”. En fin.

Tengo esperanzas de que nos saquen de aquí. No hay que perder la fe. El ejército ha rescatado a varias personas de situaciones similares en la zona desde que empezó la guerra y los saqueadores ya se habrán ido. El botón está pulsado. Esperaremos.

Día 3

Hoy es un día feliz. Había una caja con varios juegos escondida al fondo de la estantería. Lo peor de estar bajo tierra, además de la sensación de claustrofobia, es el aburrimiento. Los minutos pasan como horas.

La mayoría de los juegos son de varios jugadores pero hay un ajedrez electrónico y tiene pilas. Con el perro puedo hablar sin sentirme un gilipollas pero jugar al parchís con él ya me parece demasiado.

No recuerdo haber puesto esa caja ahí. Lo haría Diana. Nunca he prestado atención a este refugio nuclear. Ahora me doy cuenta. Era ella la que se preocupaba más, tanto del abastecimiento, como de cosas tan simples como este detalle de los juegos. Era de cajón.

Ojalá ella estuviera aquí conmigo. Ojalá no la hubiera llevado nunca a esa absurda fiesta. No habría conocido al estúpido Darrell. Me gustaría ver a Darrell en esta situación. A ver cómo su corbatita, sus dientes blancos y su mirada prepotente le iban ayudar aquí. Hijo de puta. Me podías haber clavado un hacha en la espalda cuando recogíamos leña juntos. Hubiera sido menos doloroso.

Ni siquiera sé si siguen juntos. Tres años dan para mucho.

Al menos tengo a Bluffy. No tuvo cojones a llevárselo.  Hora tras hora noto su calor acurrucado como está entre mis piernas. Trata de devolverme las caricias con su patita y me mira sin exigirme una respuesta a las preguntas “¿Qué está pasando?" "¿Cómo vas a sacarme de aquí?” Más bien su mirada es un “Pase lo que pase aquí me tienes”.

Me reconforta a pesar de que el reloj se ha parado. No sé ni cuándo pero ya no se mueve.

Día I

Malditos saqueadores. Nunca pensé que me pasaría a mí. Que llegarían hasta mi casa. Ahora me arrepiento de ser tan confiado. Soy un desastre, Diana tenía razón. Ella era precavida incluso en la época de paz. Recuerdo nuestras discusiones, cada vez más habituales, ella me sugería que prestara más atención, que me cuidara un poco y que abasteciera el refugio. Y yo contestaba que cada uno es como es y que de momento no me había ido tan mal. Ahora parece cristalino el ver que no me había ido mal gracias a ella. Gracias a todo lo que hacía por mí y yo no valoraba.

Bluffy, tú no me juzgas. Gracias.

Día B

Hoy se ha oído un estruendo fuera. Ha temblado hasta el búnker. Las luces han parpadeado un segundo. Ha debido ser una minibomba. Todavía tengo que agradecer a los saqueadores que me metieran aquí. Tengo ganas de reír a carcajadas por ello. Creo que estoy perdiendo el juicio. Mierda de guerra, mierda de saqueadores, mierda de Darrell, mierda de Diana y mierda de comida y agua que se acaban. Voy a morir aquí. El ejército no vendrá.

Casi no me queda lápiz y no volveré a ver el sol.

Día L

El ajedrez ya no existe, lo he estrellado contra la pared. Se le acabó la batería como parece que se le está acabando a las putas luces de este sitio. He estado a oscuras unos dos minutos antes de que volvieran a encenderse. Me ha dado un ataque de ansiedad, es como morir eternamente sin la paz del último estertor. No podía respirar pero mi cuerpo aún tenía oxígeno. Necesito salir de aquí.

Hace un segundo, al volver la luz, he tirado los pocos víveres que quedan al suelo mientras gritaba desesperado. Hasta he pateado al pobre Bluffy. Al menos el ruido de las latas al caer ha sido algo distinto a la monotonía silenciosa que vivo segundo a segundo.

Quiero salir de aquí. Necesito salir de esta tumba en vida. Si es que aún estoy vivo. Tengo que estarlo.

Deja de ladrar joder.

Día P

Quiero salir. Quiero salir. Quiero Salir. Quiero Salir. Los apagones son más frecuentes y largos.
Bluffy no para de ladrar. He conseguido acurrucarlo en mi regazo para tranquilizarlo. Lo he abrazado con fuerza  y se ha callado. Sus ojos miran al infinito. Al menos ya no ladra. Este sitio ha consumido su alma como la del minúsculo lápiz que tengo en la mano derecha.

Aún me gusta acariciarlo. A él le tranquiliza. Se ha quedado quieto. Está tan tranquilo que ni jadea. Mi perrito bueno.

Puto lápiz. Putos calambres en la mano. Putas luces. Sálvame Diana.

Día C

Hoy me he comido a Bluffy. El hambre encuentra para mí los pocos momentos de lucidez que me quedan. Resulta que el animal llevaba muerto ni se sabe cuánto. No era consciente. Su pelo seguía siendo suave y, a pesar de la rigidez de su cuerpo, abrazarlo me reconfortaba.

Tenía hambre. Ya no hay latas y queda poco agua.

Lo estoy viendo ahora mismo abierto por la mitad, justo enfrente, se ven sus vísceras y sus tendones desparramados por el suelo del búnker. Yace sobre un charco sanguinolento. ¿Qué dominios me pasa? Hasta he visto a Diana riñéndome mientras mordía una de sus patas traseras. "No lo hagas, es tú perro por dios". "Cállate zorra. No me des lecciones de moral." mandándola a tomar por culo con la mano llena de sangre "¿Es peor comerse a tu mejor amigo o que se lo folle tu mujer?" Qué pensamiento más gracioso.

Voy a morir.

Día E

Oigo ruidos arriba. Están lejos pero los oigo… No! No están lejos. Están cerca. Ya vienen. Van a sacarme ¿O ya no los oigo? Sí, son ellos. ¿Tú los oyes Bluffy? Me gusta que hayas dejado de ladrar y me gusta sentirte aquí, presente, tan quieto, atento a cualquier sonido. Son Diana y Darrell. Ya vienen… aún nos quieren.

Día D


No ha venido nadie. Sólo me queda esperar mi muerte. Lo merezco en el fondo. Sólo me queda esperar a la que las luc

1 comentario:

  1. Se me han puesto los pelos de punta sólo de pensar que una cosa así pueda pasar, me he metido de lleno en el tema. Muy bien escrito.

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