Día 2
He encontrado esta libreta vieja y un minúsculo lápiz casi
consumido dentro de ella. Ni me acordaba que estaban aquí. No sé si servirá de
algo pero escribiré para matar el tiempo.
Llevamos dos días en esta cárcel, al menos eso indica el
reloj en lo alto de la puerta. ¿Quién
iba a decir que me encarcelarían en mi propio búnker nuclear? Pero aquí
estamos. Bluffy y yo. Bluffy es mi
perro, mi compañero inseparable. El pobre está aún más desorientado que yo pero
parece que con estar conmigo le es suficiente. Apenas ladra y no se queja mucho
comparado conmigo.
De momento tenemos agua y comida suficiente para aguantar
unos días. Aunque debería haber más. Sí Diana, ya lo sé. Parece que soy capaz
de oír tú “Te lo dije”. En fin.
Tengo esperanzas de que nos saquen de aquí. No hay que perder la fe.
El ejército ha rescatado a varias personas de situaciones similares en la zona
desde que empezó la guerra y los saqueadores ya se habrán ido. El botón está
pulsado. Esperaremos.
Día 3
Hoy es un día feliz. Había una caja con varios juegos
escondida al fondo de la estantería. Lo peor de estar bajo tierra, además de la
sensación de claustrofobia, es el aburrimiento. Los minutos pasan como horas.
La mayoría de los juegos son de varios jugadores pero hay un
ajedrez electrónico y tiene pilas. Con el perro puedo hablar sin sentirme un
gilipollas pero jugar al parchís con él ya me parece demasiado.
No recuerdo haber puesto esa caja ahí. Lo haría Diana. Nunca
he prestado atención a este refugio nuclear. Ahora me doy cuenta. Era ella la
que se preocupaba más, tanto del abastecimiento, como de cosas tan simples como
este detalle de los juegos. Era de cajón.
Ojalá ella estuviera aquí conmigo. Ojalá no la hubiera
llevado nunca a esa absurda fiesta. No habría conocido al estúpido Darrell. Me
gustaría ver a Darrell en esta situación. A ver cómo su corbatita, sus dientes
blancos y su mirada prepotente le iban ayudar aquí. Hijo de puta. Me podías
haber clavado un hacha en la espalda cuando recogíamos leña juntos. Hubiera
sido menos doloroso.
Ni siquiera sé si siguen juntos. Tres años dan para mucho.
Al menos tengo a Bluffy. No tuvo cojones a llevárselo. Hora tras hora noto su calor acurrucado como
está entre mis piernas. Trata de devolverme las caricias con su patita y me
mira sin exigirme una respuesta a las preguntas “¿Qué está pasando?" "¿Cómo vas a
sacarme de aquí?” Más bien su mirada es un “Pase lo que pase aquí me tienes”.
Me reconforta a pesar de que el reloj se ha parado. No sé ni
cuándo pero ya no se mueve.
Día I
Malditos saqueadores. Nunca pensé que me pasaría a mí. Que
llegarían hasta mi casa. Ahora me arrepiento de ser tan confiado. Soy un
desastre, Diana tenía razón. Ella era precavida incluso en la época de paz.
Recuerdo nuestras discusiones, cada vez más habituales, ella me sugería que
prestara más atención, que me cuidara un poco y que abasteciera el refugio. Y
yo contestaba que cada uno es como es y que de momento no me había ido tan mal.
Ahora parece cristalino el ver que no me había ido mal gracias a ella. Gracias
a todo lo que hacía por mí y yo no valoraba.
Bluffy, tú no me juzgas. Gracias.
Día B
Hoy se ha oído un estruendo fuera. Ha temblado hasta el
búnker. Las luces han parpadeado un segundo. Ha debido ser una minibomba.
Todavía tengo que agradecer a los saqueadores que me metieran aquí. Tengo ganas
de reír a carcajadas por ello. Creo que estoy perdiendo el juicio. Mierda de
guerra, mierda de saqueadores, mierda de Darrell, mierda de Diana y mierda de
comida y agua que se acaban. Voy a morir aquí. El ejército no vendrá.
Casi no me queda lápiz y no volveré a ver el sol.
Día L
El ajedrez ya no existe, lo he estrellado contra la pared.
Se le acabó la batería como parece que se le está acabando a las putas luces de
este sitio. He estado a oscuras unos dos minutos antes de que volvieran a
encenderse. Me ha dado un ataque de ansiedad, es como morir eternamente sin la
paz del último estertor. No podía respirar pero mi cuerpo aún tenía oxígeno.
Necesito salir de aquí.
Hace un segundo, al volver la
luz, he tirado los pocos víveres que quedan al suelo mientras gritaba
desesperado. Hasta he pateado al pobre Bluffy. Al menos el ruido de las latas
al caer ha sido algo distinto a la monotonía silenciosa que vivo segundo a
segundo.
Quiero salir de aquí. Necesito salir de esta tumba en vida.
Si es que aún estoy vivo. Tengo que estarlo.
Deja de ladrar joder.
Día P
Quiero salir. Quiero salir. Quiero Salir. Quiero Salir. Los
apagones son más frecuentes y largos.
Bluffy no para de ladrar. He conseguido acurrucarlo en mi
regazo para tranquilizarlo. Lo he abrazado con fuerza y se ha callado. Sus ojos miran al infinito.
Al menos ya no ladra. Este sitio ha consumido su alma como la del minúsculo lápiz
que tengo en la mano derecha.
Aún me gusta acariciarlo. A él le tranquiliza. Se ha quedado
quieto. Está tan tranquilo que ni jadea. Mi perrito bueno.
Puto lápiz. Putos calambres en la mano. Putas luces. Sálvame
Diana.
Día C
Hoy me he comido a Bluffy. El hambre encuentra para mí los
pocos momentos de lucidez que me quedan. Resulta que el animal llevaba muerto
ni se sabe cuánto. No era consciente. Su pelo seguía siendo suave y, a pesar de
la rigidez de su cuerpo, abrazarlo me reconfortaba.
Tenía hambre. Ya no hay latas y queda poco agua.
Lo estoy viendo ahora mismo abierto por la mitad, justo enfrente, se
ven sus vísceras y sus tendones desparramados por el suelo del búnker. Yace
sobre un charco sanguinolento. ¿Qué dominios me pasa? Hasta he visto a Diana
riñéndome mientras mordía una de sus patas traseras. "No lo hagas, es tú perro por dios". "Cállate zorra. No me des lecciones de moral." mandándola a tomar por culo con la mano llena de sangre "¿Es peor comerse a tu
mejor amigo o que se lo folle tu mujer?" Qué pensamiento más gracioso.
Voy a morir.
Día E
Oigo ruidos arriba. Están lejos pero los oigo… No! No están
lejos. Están cerca. Ya vienen. Van a sacarme ¿O ya no los oigo? Sí, son ellos. ¿Tú
los oyes Bluffy? Me gusta que hayas dejado de ladrar y me gusta sentirte aquí,
presente, tan quieto, atento a cualquier sonido. Son Diana y Darrell. Ya
vienen… aún nos quieren.
Día D
No ha venido nadie. Sólo me queda esperar mi muerte. Lo
merezco en el fondo. Sólo me queda esperar a la que las luc
Se me han puesto los pelos de punta sólo de pensar que una cosa así pueda pasar, me he metido de lleno en el tema. Muy bien escrito.
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